Sobre una calle ciega y una superficie de teatro doblada
por las piedras.
En sus ángulos camina como un pedernal la crisalida
exhalando marionetas en la profundidad
de cualquier ojo.
Percibiendo en cada razón la estela arrancada
al fuego del vacío
aún de aquel abandonado por el sueño.
Miro el precio de un cometa en mi boca
construido por arpegios
la noche liberada de un pedestal con olor de barro.
Y sé que si alguien quiere morir no sólo tiene la muerte.
También está la vida.
Voces de deseo que unen la voluntad de las cítara
cuando deforma bocas
el terciopelo es sólo la cabeza subterranea
de una larva de ceniza.
Mi versión de él es sólo un jardín
sumergido por los barcos.
Guillermo Paredes Mattos
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