Elegía
Fue la noche quien te tomó antes que un cuerpo,
no viste acaso elevarse a las estrellas dentro de tu vida,
no contemplaste desde tus entrañas la huida de los astros,
no has sentido como tu espíritu se pierde en la inmensidad
en el instante que reclama aquella eternidad,
de la que fuiste separado.
Fue la ráfaga que hurga milenaria la que posó en ti su beso,
los labios de un hombre sólo llegaron para recoger
lo que ella había bordado,
el fruto ungido por la savia del amor,
en aquellos amaneceres donde la luz invade la penumbra
de deseo,
y cenizas de fuego se levantan
para iluminar dos vidas que buscan la deriva,
el canto de la sensualidad convirtiendose en himno,
en el arpegio que muerde el destino,
hasta esa orbita habitada sólo por los planetas.
Fué el mar quien te llamó antes que el alma
el sueño desde el cual los dioses amaron contigo,
ese instante donde lo divino y un corazón
inspiran lo eterno.
No has oido el clamor de una visión en cada madrugada,
cuando el cefiro te entrega a un rito
y los bosques despiertan alados en tu mirada
en esa conjunción que habla de terciopelos
abriendo sus venas,
empujando la magia hasta la nada,
allí donde fuiste escogido, conducido al temblor
y el extravío,
al pergamino devorado por andanadas que giran
como en este momento,
deteniendo la creación en su soplo.
Guillermo Paredes Mattos
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