El Don de los Mástiles
Como hay un suplicio, la bendición de este dón
vuelvese acero.
Como una ironía, clarividente de poeta, deja en
el hombro y la naríz su verso.
He visto, mi garganta se une a otra para formar
una manada.
Un cerco de celos, de aquellos que no dejan vivir
unido a este cetro.
Este báculo es para operar, para destinar raices
que no pueden cortarse.
Y mi espíritu, ese sabio sin cabeza ni pies, sabe que
absoluto es el viento y la arena.
Quisiera, pero mi ideología es de nube y mi cansancio
sigue siendo esta cópula.
Cuando quiero caminar la voluntad es veleta en
extravismos de cisnes.
Soy demasiado peso para mí, quiero y no quiero nada,
decir verdad es errar sin perdones.
Este mensaje es para los dirigibles, si deseo soy,
cortado por la impresión y el celo.
Y de celaje en nimbo, sólo me asustan los cardumenes
y la aurora.
Ay pasión, enseñame tu crepúsculo, enseñame como
agonizaste en tu aurora.
Enseñame las cenizas de tu muerte y entonces te daré
una forma de terciopelo.
Una medalla de barro, algo subterraneo como una
suplica, un aneurisma.
Una estación de polvo es mi escarapela, un titan
que en sus ojos acaricia el polvo.
Decir poesía amor, es decir que el universo ya está cerrado
y sólo se abre ante nosotros.
Decir poesía es corazón de átomo, ese naufrago que mira
sin mirar en lo más profundo de la carne.
Por ello ante dios y el diablo, canto las últimas mitades
de todos mis sentidos.
Mi destino es una importancia de cera, una condición
de naipes o esquinas.
Y bebo, con la furiosa tempestad, de aquello que no es saciado
por el agua.
Soy todavía una pústula y todas las ventanas me
llaman gemelo.
Mirada de azufre dentro del rocío, hoy me toca descender
como un mortal, algo divino.
No creo en realidades ni providencias, por eso juego
entre ellas.
Y ante la virtud de un desencanto, habla la experiencia
con curso de distancia.
Tocar esa lírica no es improvisar, no es llamar intuición
que borda en los mástiles.
Pero aquí cedo a mis ciudades, aquí corto lo más umbilical,
antes que me transforme en un ente.
Guillermo Paredes Mattos
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