Elegía
Elegí la vida, antes que el mar,
antes que la estrellas y el infinito,
mi voluntad tomó del universo un corazón
y descendió a la tierra.
Era de un sueño hasta ese día,
una dimensión donde palacios y reinos
se sostenían en una rafaga,
aquella que sobre la estela,
corrompe su existencia hasta una llamarada,
una voz que se alza como desde el agua
al recorrer la hierba,
al buscar extinguirse como la creación,
es decir por toda la eternidad.
Elegí el rocío de un invierno,
el sol de una mañana sobre mi cuerpo
y la espuma como una deliciosa herida,
viniendo a dejar su agonía
y tuve que tomarla,
la tome como ese ruego que la soledad
pliega al hombre para que el hombre no se vaya,
como ese destierro,
donde el destierro nos llama
y hace brotar desde lo más profundo lo que conocemos,
la citara del hombre condenando
a todo el universo con su música,
en ese despertar que arrastra lo que hemos perdido,
lo que desde el vacío anuncía
el celeste sepulcro de nieves y auroras,
de tuneles y mástiles emprendiendo por nuestro corazón el retorno.
Elegí la vida, antes que el infierno o el cielo,
porque en ella hay una llama que no ha sido apagada
que huyo del demiurgo y de su vida,
que se burla esta noche de los dioses
yo la contemplo ahora,
que lo hace de mi alma.
Guillermo Paredes Mattos
Elegí la vida, antes que el mar,
antes que la estrellas y el infinito,
mi voluntad tomó del universo un corazón
y descendió a la tierra.
Era de un sueño hasta ese día,
una dimensión donde palacios y reinos
se sostenían en una rafaga,
aquella que sobre la estela,
corrompe su existencia hasta una llamarada,
una voz que se alza como desde el agua
al recorrer la hierba,
al buscar extinguirse como la creación,
es decir por toda la eternidad.
Elegí el rocío de un invierno,
el sol de una mañana sobre mi cuerpo
y la espuma como una deliciosa herida,
viniendo a dejar su agonía
y tuve que tomarla,
la tome como ese ruego que la soledad
pliega al hombre para que el hombre no se vaya,
como ese destierro,
donde el destierro nos llama
y hace brotar desde lo más profundo lo que conocemos,
la citara del hombre condenando
a todo el universo con su música,
en ese despertar que arrastra lo que hemos perdido,
lo que desde el vacío anuncía
el celeste sepulcro de nieves y auroras,
de tuneles y mástiles emprendiendo por nuestro corazón el retorno.
Elegí la vida, antes que el infierno o el cielo,
porque en ella hay una llama que no ha sido apagada
que huyo del demiurgo y de su vida,
que se burla esta noche de los dioses
yo la contemplo ahora,
que lo hace de mi alma.
Guillermo Paredes Mattos
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