jueves, 10 de octubre de 2013

Leyenda de Violines





Leyenda de Violines
 
 
El halo de culquier confín nos pregunta...esta mañana un río corre como un purgatorio dentro de una palabra y el que agita presiente que no es allí donde se abre el universo, en realidad se cierra.
 
Es que hay cosas que dejo para un conocimiento que es plaga de avenidas y esperas, en realidad es esto lo único que el mundo puede ofrecernos...la realidad.
 
Pero en cada esquina, la muerte de un caballo arroja sus labios a mis sentidos y entre sepulturas de nardos, sé que voy a respirar entre manuscritos de cielos.
 
Que en cada catalina hay una bicicleta de arcanas biologías con el oxido, que el hierro se separo de la vida para ver en sus átomos lo que no ha de moverse.
 
Y todo empieza a deslizarse, como una ignominia, apresurando las fuentes de una cadena, atesorando ese brillo de puas donde está paralizada  la espina.
 
Esa es la presencia de un homicida que roba palacios, que no puede victimar ni ser victimado, esa es la inutil herencia junto a la albumina, en las pertigas del sueño, en los aires del petróleo.
 
Canta allí donde no hay sino ese barranco, ludico en esclavos de arena, aquellos cuya condena no nos inspira jamás a que podamos liberarlos.
 
Todo lo contrario, son como musas que caminan en nuestras mejillas como una galaxia de gatos, son reflexiones del miedo antes de caer asesinado por eso que la voluntad concibe como el arrojo.
 
Bastardo de prudencia, me rio de ese pudor que sirve para conquistar orgullos, como buen animal de soledades leo el tufo de aquel que ha pecado aún en una palabra, en tu tufo todavía te traiciona una sílaba.
 
Ese es el  verdadero pudor, aquel que donde la conciencia va hacia una nave amarilla para ver en cualquier naturaleza el fondo de feudos y de manantiales.
 
No estoy de linfa porque a cada momento la ética de cualquier significado puede perderse y aquellos que parten, saben que tarde o temprano o más temprano que tarde iré tras ellos.
 
Que esto empieza como una revolución y termina como un cartilago es algo que esboze para días como este, donde una generación es malévola como una mitología, como un equino fermentandose en el aire, como este estado, mitad presencia, mitad camino de los barcos.
 
El halo de cualquier confín nos pregunta y en cada lejanía las manos vibran entre árboles varados por el viento, entre equinoccios derramando mujeres, entre efebos de cirios que representan continentes de proas y extinciones.
 
Y del viejo solsticio de mis dromedarios, sé que responder es un nudo de imaginaciones, quizá la idea rompa uno de ellos, quizá,  pero suceda o no, frente a este fuego lo único que aún me mantiene maniobrando en el sueño son leyendas de violines.
 
Guillermo Paredes Mattos

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