No busco un angel dentro de mis ojos
tampoco la miseria que ha dejado el dolor,
esas cenizas que vuelven convertidas en pájaros.

No quiero una noche a tu lado, después del cuerpo
no quedaría nada. Mi estética es simple
como un desierto, como un manantial
como un universo dorado en  las entrañas
diciendo adios al pensamiento,
cuando a la inspiración se une.

No quiero mendrugos que levantan planetas
los astros engañàndonos una noche,
no quiero que la mentira viaje también hasta otros ojos.

Suficiente que lo haga en una vida.

Pienso ya no como antes y mañana olvidaré
este día, mañana será lejano lo que siento,
y mi intuición alcanzará al rocío, camino al invierno.

No quiero un ala, no busco burdeles
donde muere el sol, ni levanto cifras de muertos
en las palabras.

Mi corazón ya no me recuerda y lo colgué
hace tiempo en los árboles
para que de su sangre beba la noche.

Mi corazón es un milenario dios
me ha creado bajo el infinito,
me ha dado el hado con que engaño al universo
y en vez de conducirlo hacia la creación
lo encamino a mi cuerpo.

Sabe él que sòlo en el amor
- el que lleva en si cada hombre-
hallará la muerte.
 
Guillermo Paredes Mattos