jueves, 5 de septiembre de 2013

El Fìn de los Unicornios





Todo hombre es un heroe y un oráculo para otro.
                                                                                   Sófocles.
 
 
 
 
El Fín de los Unicornios
 
 
 
Una luz, un huerto, eso es todo, el ópalo
de una aguja en mis dedos y la noche abrazada
como un animal al desierto. Recuerdo, vasto era
decir un retazo, amainar en los ojos un brillo, sepultados ya
en mi memoria, como un dios amado, ése, que hoy descubro
nunca supo esperarnos. Rondas todavía el enhebro,
mareas de rojo, latitudes y veleros, quién responde junto a la tarde,
quién lleva la imaginación por las colinas y despide heroes
en cada descifrar, legendarios estigmas bajo una alambrada
o el ruido del sol cuando cae a la arena y el mar lo recoge.
Una piedra, una ciudad de verde recibiendo un corazón,
la tierra es un marco aún, una almena de pájaros sedientos
un duende que mira su destino y lo entrega a un hombre
sólo porque el brillo de sus ojos le recordaba dioses,
seres que planeaban sin alas por el cielo,
sacerdotes de sal, alados, sobre cada celaje, en cada tremante,
desesperados en su propia belleza. Sin un mensaje
para los que no pudieron ahogar sus ansias en sí mismos
y aguardan aún que otra soledad los tome.
Pero no hay soledad que resista más que el peso de
sus propios ojos, soledad que no quiera sino llevar
a aquel que su casta ha elegido, cruza la noche un alma
y la del universo, atraviesa el espíritu hemisferios y con él
el del eter, cubriendo desde el devenir terciopelos de ceniza y de polvo,
dibujando figuras de islas y cronopios, guardando sedas
en husares y luciernagas, en bronces empalados por la espuma
y ungidos sólo por la cresta. Allí he clavado mi vida, mis manos enseñan
en la noche sus heridas a los astros y sus orbitas conducen esta cruz
hacia la nada. Ese es el fín, llegarán cada noche los unicornios
pondrán sobre mi mesa candelabros y aspas, pero en la penumbra
diré que sólo son molinos, estelas conduciendome a amaneceres
de cera. Y de nuevo todo habrá empezado.
 
 
 
Guillermo Paredes Mattos
 
 

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