jueves, 26 de septiembre de 2013

El Puñal del Rocìo





El Puñal del Rocío
 
 
En cada veste como en un reloj de lúdicos,
una mantis reproduce su desvelo y es sabia la representación
de una orilla insistiendo en el instante de su lira.
 
Mágica mi memoria deja ver heridas que no se columpiaron
entre la sangre,
ni se desbordaron en la noche desde ellas
a través de otras pupilas conquistaron el universo
a través de otra tregua derritieron amaneceres,
aquellos que no son de azul y sí de cera.
 
Camino como un vàstago que aprendió en la albùfera
de viejas raices,
soy aún un fantasma, un dios que acumula murcielagos,
me recogo entre tempestades y demasiada propaganda divina
me lleva cada creciente hasta un vicio
de espirales que rozan un cuerpo,
una criatura enfilada por el ambar dentro de la hoja,
en una nave donde el deseo junta mirmidones y cae apolo
desde una nieve artemisa,
rotando en el marino seductor de mis cadencias
todas impulsadas por terrenos de nieblas
por aviaciones de sueño.
 
Soy, guardo plegarias lejos del miedo
comparto mi violencia con murallas de agua
elaboro formulas en cada desvío, recogo extravismos
de musa.
Acasa piensas que la mirada de la inspiración es siempre derecha.
No, ella tiene lenguas que salen de la boca,
tiene puñales de agua en sus faroles
va hacia la realidad como un jorobado
su boca es deforme y sólo apoyàndose en nosotros
dice formas. Filatropías enteras como el sol
o este amor que sólo te oprimirá entre precipicios,
entre distracciones altas como una mañana
colgando de la maldición de un ave.
 
Nardo en todos los alcoholes, bebo del oxigeno.
Mis manos son de mercurio y mis ojos
se descuelgan en el helecho,
otra vez un angel, un hermano de espuma
en los dientes,
un vehículo de llamas disparando
sobre radas,
lumen de serpentinas sobre un batiscafo,
extasìa, daremos este día una habitación
a aquellos que no pudieron morir entre la noche,
retaremos entre sus cenizas ahora que el amanecer
los ha posado en el día
y miran todo aquello que camina bajo la claridad
como si fuera verdadero.
 

Guillermo Paredes Mattos

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