jueves, 26 de septiembre de 2013

El Naipe Rojo





El Naipe Rojo                                                                                        
                                                                                     Sólo el pensamiento vuelve más profunda la noche.
En este universo donde aprendí
del agua y del sueño.
Cuando empezaba a en la luz a derramar
una gota de vidrio.
En el instante de la jabalina y de la antorcha.
Tan antiguo como un hermeneuta que cuenta ciudades
a través de su boca.
Yo soy este mástil, mi navío cruza los cielos
e igual que el cielo
para ver mi reflejo tengo que mirarme en el mar.
Elegí, lo mismo que el viento el lugar del hemisferio
para azotar la ráfaga
y entregarla una y otra vez a los cefiros
domada, hecha inocencia
porque la inocencia
es uno de los exhalos de la inspiración.
Soy tan profundo que tengo miedo de rozar superficies
por eso sólo me leo a mí mismo
y si quiero hablar de la creación
miro a mis entrañas.
Mi ironía es lúcida
como una tormenta arrastrando existencias
o intensidades de árboles
en el rito del murcielago.
Soy un nombre
pero más que un nombre soy una experiencia
un fenómeno que desciende de los celajes
para agitarme junto al cuello
de la providencia.
Nunca he sido invitado a mi mundo.
Yo mismo me lo he negado
hay un lugar de mi soledad que no lo merece.
Hay en esa pretensión una mortal sutileza.
De mi ignorancia conozco tanto el mar
como el suplicio
y como la ola o el relámpago
me bato solo contra las piedras
o lo alto.
Por ello a mi lado
hay un icaro que cae a cada instante muere
sin haber tocado el cielo.
Guillermo Paredes Mattos.


Titulo de las Escarapelas




Ciudad Roja
                                                                                      A ti destino, una y otra vez a ti.
 
 
Aunque haya una calle para la caida del mar, quedará un sepulcro para morder ese momento con los dedos.
 
Y de cada estigma volveré a beber, con la ironía de un más en el discurso inasible, el que no puede tocarse. Y es que sin ser alados los cometas caen por el universo sin ningún destino y yo convoco a los ojos antes de que ello suceda.
 
Temo al mar, tengo miedo de esta luz ahora que no puede iluminarme, lo diré con la diestra para que lo sepa mi zurda, mis entrañas se iluminan en el eter.
 
Y el eter conjura malabarismos de barro, su diálogo es azul como el horizonte de una mano esculpiendo en la araña, porque ella no sólo teje telas. Ay, esos vándalos que apenas pueden rozar la nieve, pero jamás involucrarse en ella. Esos pájaros que tienen miedo del aire porque en él maestría de otra dimensión es sostenerse.
 
Aunque hayan colores que escriban del metal mi diálogo será siempre una fortuna, el mito de horóscopos en el médano y la escollera del hilo disparando carceles, lunas de metal, un elixir de fuego en mi lecho, ese que puede concebirme sin que la inspiración lo sepa.
 
Y de cada reliquia tomaré el invierno de la copla, el aceite del viento sobre la cascara del petróleo y ese sonido inconexo en los parpados de un río, donde aún me miran los espejos del sueño.
 
Por más que un tridente lleve el temple de los bosques y en mi cuello no haga sino la única palabra para la garganta esa que rebota eternamente entre paredes de carne, la verdadera, aquella que no puede decir jamás mi nombre ni el de nadie.
 
Aunque resista, estaré quieto en el agua para que el devenir sea un roce, mi calabozo es de cera, sólo mi sangre puede derretirlo.
 
Pasión tu que urdes pasajes como las tinieblas, dime como hace la sombra para conquistar este albur, para tomar mis zapatos y creer que son suyas mis caminatas, hasta ese adagio sin más ni espuma, donde el sol es el candelabro de todas mis historias.
 
Pero duermo en el árbol de una presencia derramandose entre los árboles, mis noches son en realidad mis días y mis oidos son templos donde leales vigilantes no dejar pasar otros sonidos.
 
Ambar de montes que se arrastran de la noche a la marea, si hay un equinoccio está hecho en este instante de papeles y el mundo puede terminarse, tomar el signo de la extinción para empezar turbado, en la conmoción de un tren cuando ve llegar un hilo, insomne porque huyo de la linea.
 
Pero para ti y para mi eso no tiene importancia.
 
Yo te seguiré voluntad, a cualquier destino.


Guillermo paredes mattos

El Angel y la Luna






El Angel y la luna
 
 
No sé si el mar sea un pájaro.
No sé si una astronomía esconde barrotes
de idolatrías.
A veces derivo salvas que van de los ojos
a mis interiores.
A veces escribo de hojas porque sólo el verdor
recorrió en ellas.
Quién seré después del mar o esta magia
disuelta por el pergamino de una edad sumergida
en una máscara.
Quién seré que el oceano es un ciclo de olas
que llegan desde lo sereno
a conquistar la arena.
A desembarcar soledades de otro universo.
No has contemplado ese corazón con su palabra
de célula.
No has visto marcar el derrotero a esa caracola
que cuelga instrumentos en el
sino de otros parpados.
Nó sé si el mar sea un halo.
Después de mí, este sujeto que llevo
encontrará un angel.
Y el me guairá hacia el cielo.
Para volver a construir este momento
de otra forma.
 
Guillermo Paredes Mattos

Los Habitantes del Agua






Los Habitantes del Agua
                                                                     La realidad es sólo el camino
                                                                               hacia un sueño.
 
 
La idea está buscándose en la lluvia.
Dice nosotros, ahora que dejamos atras la efigie del cadaver.
Hay una oración, se pliega dorada como un himno
que no puede tocarse
y la percepción deslumbra junto a una ventana
herida por la niebla.
 
Semejamos cristales aún, humedos como los dedos
en un circo de maderas iluminándose en el agua
aquella de la cual bebe una marea, un astro
la resurrección de un parpado nombrándose pupila
nieve de altamar, el oleaje sigue siendo una turba líquida
un dios que rodea superficies buscando brillos en el cuello
el cadalzo de cada dormitar, la residencia de una tregua alada
con un río, con una educación de figuras
o el hilo de un habitante que en los brazos de seca.
 
La idea esta buscándose en el sueño.
Ha aprendido a respirar aunque no sabe ahogarse.
Está caminando desesperada en todo lo que una araña toca
es monólogo de ardientes demonios en las yemas.
 
Su nombre se resigna, igual que el lenguaje en la forma
de una silaba.
Lleva luces de arrepentimiendo, la sed de un vertigo en el horror
de una mañana bordanda el tormento
del manantial y su impresión de escarcha.
Allí la hoja, luego la savia que conduce este soplo mientras
la frente es amarilla y se desliza un crotalo
la fuente de su color maligno asolando copulas,
tierras de una edad tomada por el hierro
por este signo liberando su svastica en la boca
para volver a encontrarse
con las sienes.
 
 
 
Guillermo Paredes Mattos
 

La Casa de los Muertos





La Casa de los Muertos
 
 
Llamo inspiración porque una noche destroza el hilo de una aguja con su desierto.
Llamo inspiración ahora que puedo derramarme en la visión de los truenos.
Llamo inspiración en la orilla donde el pensamiento se detiene.
Ya ves espíritu vuelves a caminar como un oráculo.
Llamo, la nieve es una maravilla de piedras que un día dijeron mi nombre.
Mi desierto es la sed de estas sienes, donde vulevo a predicar
para aquellos que no pueden detenerse.
Contempla existencia, como rebotan en las paredes
como se encierran en sus parpados.
Aman la realidad como si fuera el único cometa
y nosotros sabemos que en realidad es el postrero.
Te llamo inspiración en este desierto y su extravismo de fuego
donde la llama camina con zapatos de atomo
y una camisa desciende en el aire con el bolido de una ráfaga.
Te llamo, en mi maestría de cielos y de infiernos
allí donde sólo mi soberbia podría encontrarte.
Tú, alada y mortal en todas mis intuiciones.
Te llamo, llevo el látigo para otros seres
creo y lapido dimensiones.
Cruzo candelabros como sólo sólo pueden hacerlo mis brújulas
Tejo una mariposa en la imaginación porque jamás has de encontrarla.
No intentes tomarla, tu estetica y la mía hn sido ya condenadas
yo por supuesto vibro junto al eter.
Yo tengo lavas de barro cada noche, la estrella y la constelación me esperan.
El sonido de un gato cortando su cabeza.
El tiempo que se abre cuando uno tensa percepciones.
Yo he ido más allá corazón de ti y de mi.
Tu espíritu me ha hablando y en madrugadas de vidrio
ascendimos hasta la corola de un purgatorio.
Que me escuches o no siempre será algo lejano.
Llamo inspiación, quiebro los cristales para que el reflejo se borre.
Asumo que los astros con una calle de maderas.
Concibo aureas mandibulas porque en ellas la imaginación
abre otras puertas.
Y yo he cruzado todas.
 
 
Guillermo Paredes Mattos
 

El Puñal del Rocìo





El Puñal del Rocío
 
 
En cada veste como en un reloj de lúdicos,
una mantis reproduce su desvelo y es sabia la representación
de una orilla insistiendo en el instante de su lira.
 
Mágica mi memoria deja ver heridas que no se columpiaron
entre la sangre,
ni se desbordaron en la noche desde ellas
a través de otras pupilas conquistaron el universo
a través de otra tregua derritieron amaneceres,
aquellos que no son de azul y sí de cera.
 
Camino como un vàstago que aprendió en la albùfera
de viejas raices,
soy aún un fantasma, un dios que acumula murcielagos,
me recogo entre tempestades y demasiada propaganda divina
me lleva cada creciente hasta un vicio
de espirales que rozan un cuerpo,
una criatura enfilada por el ambar dentro de la hoja,
en una nave donde el deseo junta mirmidones y cae apolo
desde una nieve artemisa,
rotando en el marino seductor de mis cadencias
todas impulsadas por terrenos de nieblas
por aviaciones de sueño.
 
Soy, guardo plegarias lejos del miedo
comparto mi violencia con murallas de agua
elaboro formulas en cada desvío, recogo extravismos
de musa.
Acasa piensas que la mirada de la inspiración es siempre derecha.
No, ella tiene lenguas que salen de la boca,
tiene puñales de agua en sus faroles
va hacia la realidad como un jorobado
su boca es deforme y sólo apoyàndose en nosotros
dice formas. Filatropías enteras como el sol
o este amor que sólo te oprimirá entre precipicios,
entre distracciones altas como una mañana
colgando de la maldición de un ave.
 
Nardo en todos los alcoholes, bebo del oxigeno.
Mis manos son de mercurio y mis ojos
se descuelgan en el helecho,
otra vez un angel, un hermano de espuma
en los dientes,
un vehículo de llamas disparando
sobre radas,
lumen de serpentinas sobre un batiscafo,
extasìa, daremos este día una habitación
a aquellos que no pudieron morir entre la noche,
retaremos entre sus cenizas ahora que el amanecer
los ha posado en el día
y miran todo aquello que camina bajo la claridad
como si fuera verdadero.
 

Guillermo Paredes Mattos

La Religiòn Gamada




La Religiòn Gamada
 
 
 
Decir de algo en uno y otro dìa.
Imponer cosas perpetuas en este ser de horizontes.
 
Estructurar malèvolas presencias con el acto
en esos horas que la estètica es ebria
entre laminas de alcohol y dientes.
 
Escribir.
Tanto asi que derramarse sea parte del limbo
y suponer un silencio donde el sonido fue una y otra vez derrotado.
 
Hasta el pètalo confunde al agua
cuando lleva àl lìquido a travès de su savia
y el elixir es parte de misticas religiones
con tez de àrbol
y subjetividad gamada.
 
Es ese el viento
que llega para destruirnos.
 
La persecuciòn de la ràfaga que nunca se involucra.
Es ese el partido que toma de este momento la nada
y la nada aparece
como un niño que devela
interpretaciones de alfil en el sueño
y en las partes del ala.
 
Y alli el remordimento camina
escupiendo de noche su inocencia.
 

Guillermo Paredes Mattos

viernes, 13 de septiembre de 2013

Posibilidad de la Intuiciòn entre dos Ciencias




Tantas estrellas en el cielo,
pero ninguna se toca.

Tantos astros formado en la
inmensidad por ellas, sin encontrar
la mirada para conocerce...

Y para llegar a esa intuiciòn...

O eres astrològico o 
quimerico.



Guillermo Paredes Mattos

jueves, 12 de septiembre de 2013

Los Jardines del Insomnio






Los Jardines del Insomnio
 
 
Uno es el vertigo de cualquier estridencia
mientras huye hacia la noche el ala
indiferente y rodeada de naves vacías.

Uno es el número que no puede decirse
la esperanza en una luz frente a la arena
cuando los dioses del mal llegan para liberarnos.

Yo temo amor mientras los pájaros liban
y el univesro ha sido contemplado por un mundo
que sólo el espíritu toca en sueños.

Mi metafora es ruín porque de sí desciende
y catapulta venenos en una noche de sangre
caminando en el trapecio de hilos amarillos.

Cercena este labio el brocal indeciso
de un manantial envuelto por los astros
mientras el sonido nos vence como un ala disecada.

Tierras de insondables horizontes nos guían
el universo en la fé de una noche de abismos
donde es fiero el metal y amaga entre eslabones.

Voces de un viento que un día nos descifraron
mastiles de nieve para que no se pierda el invierno
horizontes donde pueda intuir maquinaciones de halos.

Toma mi soplo ahora porque estan contados bajo la tierra
y el corazón  de donde brotan es el pétalo de un suspiro
de una tormenta de barro en medio de una caida.

Esa de la cual supuestamente baja el hombre
pero vemos que tambien sus labios y sus dientes
se agitan en la condena para todo lo creado.


Guillermo Paredes Mattos
 

El Tìtulo de los Sueños





El Barco de los Sueños
 
                                                                                                    A Holderlin y a Chase, una y otra vez.
 
 
Quizá en el tiempo de los aureos, vuelva a criar una estela
una cadencia donde enmudece un pasajero y tiritando la alhambra
de falsos símbolos arrastra superficies a sus ojos.

Dentro de mi corazón tendré un pétalo, pero allá la rosa
seguirá el camino de la nieve y las cruxificciones, de la era
donde bate el sol cualquier pantomina de reflejos.

Y en cada paso huirán estirpes humedecidas de sal
intuyendo de ciencias que juegan entre divisiones
y una alforja de sabios, quebrando todas las galaxias.

Y entonces descenderé hasta mi voz por chimeneas
abriré escaleras igual que las rameras, surtiré enjambres
con la esperanza de que sean otra vez bandadas.

Peregrinas razas de un adios entre mis ojos, la cima
de un harem de piedra mordida en mi boca por la lengua
y desplegando ese aire conocido de yelmo y acuario.

Ten asi, ardientes veletas que sirgan entre pájaros
el centauro adormecido que clama en sus juegos
niños de papiro olvidados por la adolescencia.

Ten asi, un labrador de soledades en el mar, un ser
domador de cometas, un halo en sus sienes como el ala
de un pensamiento aprendiendo a dirigir la sangre.

Un jardín que olvida follajes de cementos y emana
surtidores de brocales inhalando en tu sueño
los lechos que deja en el amanecer la memoria.

Una ventana sin brazos, iluminando cobardes
tiempos de albumina para raudos equinoccios
esos que jamás se formaron en el hemisferio.

Es posible allí un tambor y una hojarasca
también una pantera y un lecho de vacío, hasta
una fosforececente batalla de mortales rostros.

Quizá en el vestigio será una mano quien aliente
a la oración desprendiendo alguna flota, un frenesí
el espíritu de esta noche en las siluetas, allí
donde un heraldo va hacia la nieve sin sus brazos
y crepita la honda sumisión de los rebeldes
en el arco mas desesperado formando esta fábula.
 
 

Guillermo Paredes Mattos
 

Poesìa de la Luna





Poesía de Lunas
 
 
El que poetiza lleva ruedas entre
entre sus pensamientos
y ciclos de aureos conocimientos de perros
ensortijando delicias de fuego
con la marea.

Alado en metafísicas de barro nos ama
desde sus cenizas
y comprende que sólo una voz como la suya
puede detener el pincipio
y a veces el final.

Cualquier principio, sea este de agua
o medicinas de lunas
savias de un día en el clima angustioso
de crear probetas dentro de la arena.

Pero yo me rió de todos mis versos
y los arrojo a mis pies para que se arrastren
como sombra en mis huellas
una sombra que no he de ver.

Nunca miro atrás si eso quieres saber entraña
ni siquiera miro, no por miedo a convertirme en estatua
de sal, mi ironía es de piedra.

Fermento halos que más puedo hacer
y lo hago al lado de un escrutinio
claro como la tempestad desatada por un insecto
en cada sombra.

Soy en mi ignorancia la diestra de mi mano
con proa ciega.

La estela de un fugaz desencanto
navegando en gemelos de presumen de heridas
cuando no de sueños.

No fuí convencido por ninguna armonía
más creo en equilibrios
en inspiraciones que cabalgan sobre
espinosos trechos
y llegan a la noche
como selvas burguesas
y desvaídos ecos.

Tan góticas como mi iridiscencia
apenas reclaman para sí una centella
y el bolido los mira y emsombrece
como este labio ahora.



Guillermo Paredes mattos