lunes, 17 de septiembre de 2012

Los Reinos Amarillos






Impregna el hilo su cadencia de nave, el velo
sobre una fascinaciòn de luminosas hormigas
extasiada el ala de un papel sumergido.
Y veo las huellas de una estela, precipitando
hacia la arena, su pièlago invisible, su deseo
al definir que sòlo muerde un mèdano.
Un cansancio de pàpiro en la duna, un cerco
de astrales, donde posò un pergamino y el sitio
de una edad entre plagas de aluminio.
Vertices para maniobras dentro de mis ojos
màs cerca de este amanecer no caminan los astros
y el pàjaro es un canto que huye con otra melodìa.
Un cerco de sonidos incendiando inspiraciònes
un vaciò de relojes que conquistan un reino
de sublimes romances entre el eter y tu cuerpo.
Criatura que caes entre lo extraño de un dìa
corazòn de ardides para los horizontes, no dejes
no entregues tu lluvia que te amo asi, llena de vacìo.
Citara màs desnuda de todos los planetas,
caminas en la sombra de una plaga temblorosa
y todo teme a tu pupila, nada se queda en tus iris.
Tripulante de espinas y reinos amarillos, cedamos
en la noche un trueno, pero que vibre desde el alma
una estaciòn de vastagos acariciando el fuego.
Rindamos hoy un culto en el rito de ensueños
que more la sirena su avatar de linces, su hora
de mito constelando la espuma de una rada.
Que las aguas hundan sus iris en mi voz subterranea
que oiga los palacios de un tripulante dormido
ensayando sobre su cabeza el camino hacia los astros.
 
 

Guillermo Paredes Mattos

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