viernes, 7 de septiembre de 2012

En un Principio era el Verbo








He conservado el fuego del infierno
porque si no no quedaría

nada para mí.


Goethe



 


Siempre has quitado este velo y he acompañado tu soplo.

Distante como el pájaro me diste de beber con tu vuelo.

Sereno como la distancia aprendí en ti que contemplarte

es sólo el principio. Extraña confusión en esta aurora

de alhambras, pero he de saber que cada punto está

trazado sobre el infinito y asi como llego también me voy.

Lumisoso caes sobre mis entrañas y en cada paso de seda

hay un naipe que leeré dos veces, ese es mi destino.

No creo en esta civilización, ni en sus murallas, ni en sus

juegos de cemento, no voy a condenar mi alma.

Hay algo para ella y no está en la deriva y si lo está

es en aquella que estaba esperando como un estro.

Subo a mis ojos, columpio mi voz en el eter, como ayer

nada he descifrado, como ayer me encuentro con mis dioses

soy un niño loco, un ser desesperado tocando todas las ventanas

un hilo que desangra nieves, yo conozco sus venas.

Soy mi fantasma, mi propio artificio, el camino hacia la estrella

alguna vez fue mío, pero prefiero olvidarlo, amo este instante

penetro la voz de la rosa cifrada en el viento, sé de un pubis

que celestial camina con calles de inocencia y vive lejos.

Mi vida es el momento más serio de mi soplo. Mi corazón

es el brillo que cuida de naves y de terciopelos. Las conozco todos,

los sé todos y es mi pretensión el hilo que me defiende de otra.

Camino entre unicornios de hecho todos estos días me hablan

me cito con angeles, también con demonios, respiro aires de árboles

también de epopeyas, camino como un derrotado y río de todas

mis preguntas. Soy tan ruín como mi mas celeste estética vibrando

a cada instante y cuando algo me provoca también me ilumino.

En vez de sangre en mis venas corre el sol.



Guillermo Paredes Mattos

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