viernes, 7 de septiembre de 2012

El Agua de las Hojas





 


La noche me presiente en mares de civiles

en pasiones de ambar bebiendo soledad de todas las ventanas,

urbes de plomo soplando el aire.

Era quien decía debajo, entre las hojas

el que no podía repetirse a si mismo,

el vencido en su propio trecho, inclinando cenizas

en cualquier farol, en el seno de todas las esquinas.

Era la unción renaciendo en los partos

mientras un sol de mercurio

gastaba inocencias frente al árbol

herencias de sepia,

mortecino verbo huyendo de los míos

de ese cardo invisible lejos de las naves,

donde el tiempo es celeste como una reliquia

y las nubes se separan para encontrar sus huellas.

Era el frenesí de un pacto que no creía en treguas

la fiesta de un día solitario, abandonado en su muerte

indicando astros dentro de la tierra,

en el hilo subterraneo de un dios dormido

arrojado por un mago hacia lo más profundo

allí donde sólo el espíritu lo puede regresar.

Era bardos de emoción donde el mar camina

brújulas indescifrables de una herida

ardientes espinas de una hoja

lastimando el canto que sepultaba arneses

gotas de impresiones azulando el viento

el martirio de un clavel rotando baltico

el cefiro de un rostro invadido por la la arena

en una orilla de tardes mordiendo resacas,

virgenes de alas inclinandose a lo remoto.

Ojos que aún resisten igual que una proa

surge en ellos el simbolo de un condenado,

divisa el perfume el rito de su celaje más secreto

y en el agua de las hojas, su corazón respira.

 
 
 
Guillermo Paredes Mattos 

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