Ha segregado la pulpa de un coral de barro
y he oido el equilibrio,
besando iracundo la armonía de un cielo,
al velar virgenes repartidas en los trenes.
Desnudo ha visto alzarse de su vejez un rostro
y entre calumnias dejando la postrera
aquella que vió el crear, el domino envuelto
por una maravilla, las torres descendiendo de
espigas,
el balcón agitado de un yelmo de trigo.
Trashumante el arca de niveles vacíos
espera el fracaso en un mirador lleno de filos,
un brocal de sueño para espantar lo desasido.
Tempestades de invencibles clorofilas
demostrando al follaje que siempre cede ante
el veneno,
ante el juicio del agua y de la mariposa.
Explosiones de lazos amarrando orillas,
repasa el jenízaro sus muertos y huyen bandadas
que se asomaron al frío.
Luces de un pensamiento
colgándose de trizas y pudores,
mi halito vuelve a ser la emanación
de una energía recogiendo selvas,
panteras de un clamor desconocido
revolcando su calibre de espiral primero.
Rubricas de seres insinuandose en la vehemencia
horizontes llenos de cartilagos,
habitantes de sustancias plegándose en un capullo,
en las sabanas de esa soledad destronada
desplomándose en fuegos de rocíos.
Guillermo Paredes Mattos
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