En los pétalos del mar viajan los barcos
en la superficies azotadas por los astros
en las praderas de ese insomnio de espuma
que no espera,
junto a rojas latitudes de pañuelos e invisibles campanas
donde la cresta eleva un halconero y la noche se separa
enviando plagas de nieve hacia el norte.
Amaneceres de sudestadas con el iris
el viento proclama entre la ráfaga que esta pertenece
a su reino,
que estirpe es de su dinastía
y la corriente quiebra un desvelo
una matinal inclinación a los jardines
a galerías donde la soledad posa una serbatana,
ruidos de sonidos y peciolos, vastedades
que condenan a los ojos cada ardiente despertar
cercano al fuego,
al mendrugo de mi herencia calcinada de nuevo entre las olas
en esa rendición de orillas donde muere un artillero
humedeciendo bríos con el sol
en los desesperados truenos de las uvas.
En los pétalos del mar, azul el barco
el hierro de la inmensidad, una brújula de suburbios
como mis cometas,
como el ave de esa boca inundada por la ceniza
desvaneciendo en una estocada
la clepsidra de una voz partiendo de los muelles,
indicando la estela en el horizonte a los bancales
al río de un anaquel,
la mancha rota de ese indomable presidio
acariciado por rojas
vastedades.
Guillermo Paredes Mattos
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