Invocado dentro del agua por una peripecia.
Quizá la ráfaga y luego el viento de aquellos azotes
en el lugubre cigarro de la hoja. De quella hemorragia
los colores eran interiores cual nodriza
y el alarido del árbol era un claro de esculapios.
Fuentes de espejos que nos amaron,
vientos que incendiaban en el agua sus razones
somos irracionales en el redentor de las venas
inolvidables en un fondo de argamasa
fundando cimientos de larvas en la boca.
Y entonces la piedra se convierte en locura
y nosotros que firmabamos cadencias
rompemos un eco en espumas de alevines.
En la rosa de ciudades holandesas, despedidas
por un barco, en este metal de nacares malignos
y lluvias que desarman el halo de un conocimiento
muy cerca de la vida y digo cerca
antes que mi vanidad de surcos me lleve
a delatar inocencias
como una verdad que corre sin latidos.
Tenme presente lluvia, antes que el amor
sea el festival sin pupilas, antes que el destino
sepa que sólo es simbolo que huye
ante la presencia de otro grillete
antes que la tradiciòn encienda
esa fonètica propia del insomnio
de èste convencido de armas y cabezas
cuando sabemos que es mas un demonio.
Y toda poesìa es demonio en espiral
Rìo de unicornios
mientras la serpiente de un cristal acelera
una ventana de escrutinios azules
ignorando el pregon de
una casta
rodeando entre quimeras.
Guillermo Paredes Mattos
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