lunes, 17 de septiembre de 2012

Estètica Personal de mi Derrota







El universo, como un pájaro que lleva en sus alas alguna belleza.
Estética de lo que nada sabe pero gira por el cielo
como espirales de pétalos concediendo mares a la nada.

Hay en cada orilla una verdad que espera la muerte
para ser creada.

Hay en cada ventana un ojo que despierta en medio
de los sueños.

En todas las calles una brújula se pierde en el imperio
de los hombres
y el amor, ese niño descalzo tiene un botín que fragua
en las tinieblas
la máscara de la pasión con el sueño.

El universo es un pájaro, sí, ya lo he dicho
me repito hasta la saciedad para quedar en mi último monólogo
aquel que en esta aurora
me llevará por la inspiración vanamente.

Ante mì lo ùnico que queda es 
la aurora.


Guillermo Paredes Mattos



 

Aguja de Mar




Mar
lecho de inmensidad,
aguja de nieves derretidas
oraciòn del invierno
en su màgico devenir,
quièn es el sueño
què realidad dibujas en tus noches
rodeado de fardos
y mudos espectros,
de espacios que reclinan
una cìtara,
de medanos que abren
un palacio,
te verè rodar en toda arena
te verè llegar a todo cuerpo
que sea tu romance maldiciòn
de un sueño
y que libe mi alma
en lo divino
el veneno de este làtigo
formandose eternamente
en una aguja.



Guillermo Paredes Mattos

Los Reinos Amarillos






Impregna el hilo su cadencia de nave, el velo
sobre una fascinaciòn de luminosas hormigas
extasiada el ala de un papel sumergido.
Y veo las huellas de una estela, precipitando
hacia la arena, su pièlago invisible, su deseo
al definir que sòlo muerde un mèdano.
Un cansancio de pàpiro en la duna, un cerco
de astrales, donde posò un pergamino y el sitio
de una edad entre plagas de aluminio.
Vertices para maniobras dentro de mis ojos
màs cerca de este amanecer no caminan los astros
y el pàjaro es un canto que huye con otra melodìa.
Un cerco de sonidos incendiando inspiraciònes
un vaciò de relojes que conquistan un reino
de sublimes romances entre el eter y tu cuerpo.
Criatura que caes entre lo extraño de un dìa
corazòn de ardides para los horizontes, no dejes
no entregues tu lluvia que te amo asi, llena de vacìo.
Citara màs desnuda de todos los planetas,
caminas en la sombra de una plaga temblorosa
y todo teme a tu pupila, nada se queda en tus iris.
Tripulante de espinas y reinos amarillos, cedamos
en la noche un trueno, pero que vibre desde el alma
una estaciòn de vastagos acariciando el fuego.
Rindamos hoy un culto en el rito de ensueños
que more la sirena su avatar de linces, su hora
de mito constelando la espuma de una rada.
Que las aguas hundan sus iris en mi voz subterranea
que oiga los palacios de un tripulante dormido
ensayando sobre su cabeza el camino hacia los astros.
 
 

Guillermo Paredes Mattos

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Nous del Centinela








He contemplado la esfera, viciosa en el hilo de una expresión
llevada por marejadas invisibles como este momento
desprendiendo ardientes topacios de sueño.

De repente en su brillo, también en su credo, en aquella visión
descendiendo como una manada del deseo, corrigiendo el ala
del trapecio, el hilo de ese péndulo que toca el mar y nos adentra
entre sigilozos guardianes que lo han visto todo y huyen
entre planetas de agua, esos que se extinguen como la cresta
en la espuma. No tengo conocimientos en ellos, mis pergaminos
duran apenas una noche, no vuelvo a la nave que vió mis pupilas,
que escuchó mi oración, no reclamo, no escribo de ciencias
mi estética es posible mientras dura lo ardiente,
como una mística de alas y pájaros de carbón,
vórtices de piedras y caminos de azufre
dejando su plegaria
en la pira del viento, donde la ráfaga
tumba el monólogo de un filo con la certidumbre
y la noche calla, el amanecer se extiende y nada es profundo
mientras los cielos se dividen dentro de nosotros.

Renaceres de espíritus que tejen los ósculos
de ellos un punto de alza para tocar una linea
y esta se une a otra hasta vibrar en un horizonte,
serpentinas de un hondo pañuelo, las calles despliegan
la imaginación de un río,
el manantial que lo ha despedido mientras
dura el cometa
hay aquellos que corren en el cielo
y partieron de nosotros, èsta vida es
sólo al lograr ser tomada, èsta vida es
sólo siguiendo su estela
y dejo al rocío esa tarea de locura
la de mojar y perecer entre hierbas,
ese no es mi sueño, lo desconozco
todo es posible si desde lejos lo invento
y corro entre galerias de grutas y de truenos
de estaciones como un estuario de sal
donde aprende un centinela a derramar en la orilla
como la vida, sus ojos.
 


Guillermo Paredes Mattos

Las Rojas Vastedades








 
En los pétalos del mar viajan los barcos
en la superficies azotadas por los astros
en las praderas de ese insomnio de espuma
que no espera,
junto a rojas latitudes de pañuelos e invisibles campanas
donde la cresta eleva un halconero y la noche se separa
enviando plagas de nieve hacia el norte.

Amaneceres de sudestadas con el iris
el viento proclama entre la ráfaga que esta pertenece
a su reino,
que estirpe es de su dinastía
y la corriente quiebra un desvelo
una matinal inclinación a los jardines
a galerías donde la soledad posa una serbatana,
ruidos de sonidos y peciolos, vastedades
que condenan a los ojos cada ardiente despertar
cercano al fuego,
al mendrugo de mi herencia calcinada de nuevo entre las olas
en esa rendición de orillas donde muere un artillero
humedeciendo bríos con el sol
en los desesperados truenos de las uvas.
En los pétalos del mar, azul el barco
el hierro de la inmensidad, una brújula de suburbios
como mis cometas,
como el ave de esa boca inundada por la ceniza
desvaneciendo en una estocada
la clepsidra de una voz partiendo de los muelles,
indicando la estela en el horizonte a los bancales
al río de un anaquel,
la mancha rota de ese indomable presidio
acariciado por rojas
vastedades.


Guillermo Paredes Mattos





Los Navios Invisibles





Es una tierra desnuda el rocìo
un pergamino donde avanza la vida
como el devenir sobre las aguas.

A quièn traigo conmigo esta aurora,
la musa no lo sabe y posa sus labios muy lejos
para que aprenda nuevamente ir a ella,
sutiles desde otra imaginaciòn son sus labios.

Armado de aguas viaja el viento,
los pètalos de su soledad vuelven a ser bridas
cabalgando en otra eternidad,
confundiendo plegarias de celestes siluetas
imagenes de aquello que tambièn se pierde entre
lo amado. Tempestades que en el deseo de viejas espinas
devuelven manantiales, palacios que alados descienden
en este soplo robandole su enigma a los àrboles,
al gorjeo inundando lo que aùn desconozco
y resiste en la verdad como un horizonte,
donde sòlo del eter es el sacrificio.

Navios que invisibles parten hacia lo lejos,
aquì en mis entrañas tambièn llevo aquellos
cuto destino es unirse a lo lejos
y frente al espìritu del mar,
me uno nuevamente a ese sueño.
 


Guillermo Paredes Mattos


Las Venas de una Escollera





Dónde mirará el mar, que ha perdido sus ojos
o acaso en las crestas convertidas en cenizas,
sus pupilas son ciudades errantes elevando iris ciegos.
Quién dijera aguas, que todo lo que quise no es verdad
y tendría que recorrer nuevamente todas las mentiras
deteniendome en cada fulgor para anhelar mi ignorancia
lo único que finalmente puedo llamar como mío
y esculpiendo una oración en ella para que no parta.
Y recorro alguna hoja porque ninguna me espera
y hacia el ansia como un navegante derramo reos,
como alguna vez esquirlas, indicios de penetrantes auras,
todas conduciendome a una soledad llena de espadas.
Cómo huir entre murallas que no me responden
yo que alguna vez tuve todas las respuestas
y amé artes y estéticas de bolidos, ciencias de herejías,
inhalando vertices donde se inundan las sombras
de una svastica posible como una mañana
o el pifano que a cambio de la vida despierta.
Dame un huerto amor y que encalle la rosa
que ahogue como el hombre un amanecer de muecines
de espíritus que labran aún con su silencio aquello,
que calma la sed de todo que se empina ante un horizonte
ante esa altura que has perdido ya de tus entrañas
y lejos, muy lejos en el cielo te espera.
Dame una campana amor, se el ave que recoge las distancias
y confundiendolas en sus alas, las entrega a mis ojos.
Déjame morir nuevamente en esa visión,
en ese hilo de desesperadas campanas
arrojando su soplo a lo invisible.
Y tú divinidad, que mi piel siga soñando en sus aspas
y deja a mi corazón ser un río.
 

Guillermo Isaac Paredes Mattos



viernes, 7 de septiembre de 2012

Emparentado a las Agujas







Como un beso arrastrado por la piel hasta los labios,

como dos cuerpos conducidos por el deseo hasta el amanecer

como el vértigo marcando el hilo de la inspiración y dejándolo

entre el renacer o la nada. La silueta de eternos amaneceres

entregando el corazón al caos milenario, a los pájaros

que regresan de tu cuerpo, a ese epílogo de nupcias

entre mortales horizontes y los nuestros, los que preñan

de inviernos y agujas la sangre.
 

Como un anuncio de aguilas que miran el abismo
 
 reconocen en cada instante una estela donde marcar

su vuelo y delinquen nuevamente entre rosarios de sangre

envueltos por el cielo, por la luz de un suicida esculpiendo oraciones

en las piedras de sus ojos, cuando las figuras son superficies

llevadas por ruedas de horizontes, invisibles espinas

jurando fidelidad en nieves de botellas,

en catálogos mar, en mares como el piélago

el que no sabe de ritos y borrase entre azules callejeros

voces donde nos miran los veleros ,

y cada uno recibe una pregunta

un aire como el sol o la luna de una carabela,

de un amplio surtidor de fábulas

de otoños ardientes como un barco turbador

o ese ángulo que quiebra la voluptuosidad

de un minotauro, de una lluvia en un lecho de granizo.

Como un mar que roba luces a los sueños

para mirar en nuestra oscuridad,

como un jardín de amados plenilunios

todos recogiendo retiradas de naipes y hambrientas

soledades que preguntan por nosotros,

y entonces ofrecemos un labio

el recuerdo de una saliva

emparentada sólo con la distancia

y con los desiertos.
 
 
 
Guillermo Paredes Mattos

La vejez del aro





 




Ha segregado la pulpa de un coral de barro

y he oido el equilibrio,

besando iracundo la armonía de un cielo,

al velar virgenes repartidas en los trenes.

Desnudo ha visto alzarse de su vejez un rostro

y entre calumnias dejando la postrera

aquella que vió el crear, el domino envuelto

por una maravilla, las torres descendiendo de espigas,

el balcón agitado de un yelmo de trigo.

Trashumante el arca de niveles vacíos

espera el fracaso en un mirador lleno de filos,

un brocal de sueño para espantar lo desasido.

Tempestades de invencibles clorofilas

demostrando al follaje que siempre cede ante

el veneno,

ante el juicio del agua y de la mariposa.

Explosiones de lazos amarrando orillas,

repasa el jenízaro sus muertos y huyen bandadas

que se asomaron al frío.

Luces de un pensamiento

colgándose de trizas y pudores,

mi halito vuelve a ser la emanación

de una energía recogiendo selvas,

panteras de un clamor desconocido

revolcando su calibre de espiral primero.

Rubricas de seres insinuandose en la vehemencia

horizontes llenos de cartilagos,

habitantes de sustancias plegándose en un capullo,

en las sabanas de esa soledad destronada

desplomándose en fuegos de rocíos.




Guillermo Paredes Mattos

El Agua de las Hojas





 


La noche me presiente en mares de civiles

en pasiones de ambar bebiendo soledad de todas las ventanas,

urbes de plomo soplando el aire.

Era quien decía debajo, entre las hojas

el que no podía repetirse a si mismo,

el vencido en su propio trecho, inclinando cenizas

en cualquier farol, en el seno de todas las esquinas.

Era la unción renaciendo en los partos

mientras un sol de mercurio

gastaba inocencias frente al árbol

herencias de sepia,

mortecino verbo huyendo de los míos

de ese cardo invisible lejos de las naves,

donde el tiempo es celeste como una reliquia

y las nubes se separan para encontrar sus huellas.

Era el frenesí de un pacto que no creía en treguas

la fiesta de un día solitario, abandonado en su muerte

indicando astros dentro de la tierra,

en el hilo subterraneo de un dios dormido

arrojado por un mago hacia lo más profundo

allí donde sólo el espíritu lo puede regresar.

Era bardos de emoción donde el mar camina

brújulas indescifrables de una herida

ardientes espinas de una hoja

lastimando el canto que sepultaba arneses

gotas de impresiones azulando el viento

el martirio de un clavel rotando baltico

el cefiro de un rostro invadido por la la arena

en una orilla de tardes mordiendo resacas,

virgenes de alas inclinandose a lo remoto.

Ojos que aún resisten igual que una proa

surge en ellos el simbolo de un condenado,

divisa el perfume el rito de su celaje más secreto

y en el agua de las hojas, su corazón respira.

 
 
 
Guillermo Paredes Mattos 

En un Principio era el Verbo








He conservado el fuego del infierno
porque si no no quedaría

nada para mí.


Goethe



 


Siempre has quitado este velo y he acompañado tu soplo.

Distante como el pájaro me diste de beber con tu vuelo.

Sereno como la distancia aprendí en ti que contemplarte

es sólo el principio. Extraña confusión en esta aurora

de alhambras, pero he de saber que cada punto está

trazado sobre el infinito y asi como llego también me voy.

Lumisoso caes sobre mis entrañas y en cada paso de seda

hay un naipe que leeré dos veces, ese es mi destino.

No creo en esta civilización, ni en sus murallas, ni en sus

juegos de cemento, no voy a condenar mi alma.

Hay algo para ella y no está en la deriva y si lo está

es en aquella que estaba esperando como un estro.

Subo a mis ojos, columpio mi voz en el eter, como ayer

nada he descifrado, como ayer me encuentro con mis dioses

soy un niño loco, un ser desesperado tocando todas las ventanas

un hilo que desangra nieves, yo conozco sus venas.

Soy mi fantasma, mi propio artificio, el camino hacia la estrella

alguna vez fue mío, pero prefiero olvidarlo, amo este instante

penetro la voz de la rosa cifrada en el viento, sé de un pubis

que celestial camina con calles de inocencia y vive lejos.

Mi vida es el momento más serio de mi soplo. Mi corazón

es el brillo que cuida de naves y de terciopelos. Las conozco todos,

los sé todos y es mi pretensión el hilo que me defiende de otra.

Camino entre unicornios de hecho todos estos días me hablan

me cito con angeles, también con demonios, respiro aires de árboles

también de epopeyas, camino como un derrotado y río de todas

mis preguntas. Soy tan ruín como mi mas celeste estética vibrando

a cada instante y cuando algo me provoca también me ilumino.

En vez de sangre en mis venas corre el sol.



Guillermo Paredes Mattos

Alegoria de la Luz





Soy alegórico para representar mis barcos

por todas las mareas.

Me esquino en cada centrifugo miedo

y evoco la llaga del plagio

en el verano.

Creador de cavidades con el eco

de cualquier mentira

digo la verdad a los caballos.

Mi escena del sol es como el mar y dedica

prados de abejas a la memoria.

Era como el jardín de una peste conjurada

por la hoja

el satiro del agua estropeando las raices

de ese barco sin ojos

entre su ciudad de superficies.

Caigo entre laminas de marismas

recordando huellas de

lo inasible

el cansancio de un yerno de piedra

en las ojeras

imaginando la destrucción de un codigo

en las nieblas.

Soy alegórico como un ritmo de uniformes

que leen entre sus traversas.

El artifice del viento sobre la rada

de un edificio

sobornando reliquias de emergencias.

Moviles y habitos caminos de falanges

el iris dedica bastardos cuando mira

y el labio espanta concentraciones

de espuma con la boca.

Dime ahora si has puesto una ventana

para que huya el humo

si tiene un espejo la mirada

para que contemple

como roe en ella la polilla.

Dime, qué latido sombrerá el follaje

donde mi vida tiende su cuerpo

bramante de un desierto

que derriba madrugadas.



Guillermo Paredes Mattos

lunes, 3 de septiembre de 2012

Diàlogo con las Quimeras







 
 
Invocado dentro del agua por una peripecia.
Quizá la ráfaga y luego el viento de aquellos azotes
en el lugubre cigarro de la hoja. De quella hemorragia
los colores eran interiores cual nodriza
y el alarido del árbol era un claro de esculapios.
Fuentes de espejos que nos amaron,
vientos que incendiaban en el agua sus razones
somos irracionales en el redentor de las venas
inolvidables en un fondo de argamasa
fundando cimientos de larvas en la boca.
Y entonces la piedra se convierte en locura
y nosotros que firmabamos cadencias
rompemos un eco en espumas de alevines.
En la rosa de ciudades holandesas, despedidas
por un barco, en este metal de nacares malignos
y lluvias que desarman el halo de un conocimiento
muy cerca de la vida y digo cerca
antes que mi vanidad de surcos me lleve
a delatar inocencias
como una verdad que corre sin latidos.
Tenme presente lluvia, antes que el amor
sea el festival sin pupilas, antes que el destino
sepa que sólo es simbolo que huye
ante la presencia de otro grillete
antes que la tradiciòn encienda
esa fonètica propia del insomnio
de èste convencido de armas y cabezas
cuando sabemos que es mas un demonio.
Y toda poesìa es demonio en espiral
Rìo de unicornios
mientras la serpiente de un cristal acelera
una ventana de escrutinios azules
ignorando el pregon de
una casta
rodeando entre quimeras.
 
 
 
 
Guillermo Paredes Mattos

Metrica Astral del Rocìo





Recuerdo los colores de un mar en los caballos,
la mecànica del cielo sobre naves dormidas.
Vuelvo a ser la pupila quemando algun lugar
anciana como todos los planes de mi vida.
La existencia es un pez de mercurio visitando
las tretas ventosas de una calle
donde extasiaba el plenilunio
un pensamiento rozado por psicologismos
de  auras en bengalas de huesos.
Pero sigo siendo el recuerdo que no tiene memorias
la pericia del mal sobre los invasores y el lecho
de un carcelero que escribe soliloquios
sobre nauticas espadas.
Recuerdo los colores ya que soy un pigmento
la epistola de un relato sucediendo en la llaga
la mistica de una veleta inclinando el jardín
de mi exanime metrica
esa que oprime sus venas sin desangrarse.
Hace tanto tiempo me vencí en los caminos
pero cada noche una carta dentro de mí me invita
a la saliva
a los parpados,testigos, cicatricez.
No quisiera pero dialogo con enigmas
nací debajo y en las farsas, de cirios vertiginosos
donde ningun ademán recrea
nada mas aquello adioses veleidades.
Ay, no tengo casas ni botellas para celebrarlo
pero es continuo predecir entre gotas risueñas
riendo ente el furor de una calle.
Y es continuo escribir de gatos
recoger un mago que nace entre goletas
como un caliz redentor de vicios y catedrales.
Que jueguen los centauros en tus ojos
es sólo una pupila,
invernar en los brazos de una pantera
es invadir dinastias,
donde una melodía de mar me sumerge en ritos
con el desvarío
sólo porque la lucidez es alma también de poseso.
Y mi corazón y yo reimos frente al mar
porque no es el rocìo.




Guillermo Paredes Mattos
Nuevo Correo Yahoo!

Parafrasis de Gènero







Entonces la historia era un camino y no me
prometía sus alas.
Vì el vestigio colonial, las calles de madera
recordando presencias del mar y tigres.
Allí seguí un curso que la espuma conocía
como herencia
ofrecì calumnias de acuario entre las hojas
resistieron como lo hace el astro a lo lejos
sin mover sus labios.
Entonces diluí las tretas de otros animales
para convocar estrategias muy lejos
tan lejos que el confín tenía miedo de quedarse.
La aurora recibía el hechizo de extraños talismanes
los que vuelven de lo profundo para recordar
que todo se agita lleno de superficies.
Los que no tienen posada y entienden que sus páginas
son cometas parecidos a una poesía,
al canto de un lobo, en la orilla que es poseido
y luego arrojado.
Dí con el manantial de mi paladar amarillo
esquivo a las sienes en un hilo de tormenta
en denuncias calibradas por cabelleras de lana
aquellas que posaron en mi corazón amaneceres
ninguno como la aguja de este momento.
Doy sólo con paredes, me desnudo en las murallas
asciendo entre codigos para ver si los míos
aun tienen el tensar de ese nosotros
y hasta insomne soy cuando comulgo
en los aullidos de piélagos sedientos.
No me conoces aura, te borras en cualquier alarido
y está mi alma presta al cetro de una llamarada,
mis centellas han guardado un país para
lo que es posible
y otro para que nunca tenga una morada.
Y para respirar prefiero el corazón de una manada
porque su corazón está lleno de lobos.
 
 
 
Guillermo Paredes Mattos