Llevo lejos a mi corazón y de mí por un instante aparto al latido
respira entonces la piel a través de las hojas
y entre naipes se inspira una caravana de persas
de ruidos entre los astros, muriendo por el amor de una estrella.
He puesto lejos de mi mirada los ojos
y mi conciencia predice en vez de nombrar lo que toca,
no quiero más realidad que aquella recogiendo el estambre
diciendo que esta luz es sólo tu cuerpo,
la savia que trasnforma en linfa su aliento
para que beban los árboles. He puesto fábricas en cada rama
para que trabajen los pájaros y quiebren su nido de metales,
igual que entre los guantes el silencio. He visto maltratar el aliento
cada aire de rocío, un muerto de papel que nace en la brisa
que te separa como la noche de una palabra,
de un canto perdido en la hierba o en la soledad de una hormiga.
Llevo lejos de mí a quien era, mi peso es sólo un instante
mi vida es sólo este aliento, los fuertes donde empieza mi batalla
la cita de un halito con la corriente, la espera de un sueño
recitando en la imaginación cada voz
conviertiendo en día y noche todas las ventanas.
Oh amor te veré agitar las colinas como alguna vez un velero
te veré romper los caminos y a mi lado irás
como una fuente donde vivirás herido, tocado por ese dolor
que en mi espíritu es celeste, milenario como los unicornios
o las clepsidras que para vivir hunden su corazón en la arena.
Guillermo Paredes Mattos
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