lunes, 17 de junio de 2013
La Ira y el Fuego
La Ira y el Fuego
El pensamiento es sòlo la reflexiòn de una figura.
En el inicio los àrboles caminaban muy lejos de nosotros.
Y eramos dos àrboles.
Los objetos aprendìan a sostenernos
pues esa es su naturaleza.
Los objetos, raramente asimilan cualquier desencanto,
todo inutil espejo.
Y la realidad es uno de los nuestros.
Pero antes de pensar, el pensamiento
logra herirse a si mismo, ardiente y luminoso
como el fondo de una piedra
como el encaje de una estaciòn o el bacìn
encaramado en anaqueles de husares
asilandose en el miedo.
En el inicio, era la ira y era mi fuego, la ceniza
se recogìa como una esperanza lejana
y vana, todo un remordimiento.
Una venganza inluida por el mar en los papeles.
A veces en ese mi momento màs personal todo
es reliquia y debiera dejar de escribir
para ser màs poeta,
para embriagarme como la marea y los tridentes,
para ser colonial y llenar
de mercenarios la cima donde bebe mi contusiòn
un invisible cuerpo.
Y ya que alguna noche pronunciè vellocino, lo hice
por experiencia y casi fenòmeno.
Lo hice como un hecho, el màs subjetivo de mi vida.
Y sòlo soy una inteligencia a base de vacìos.
Algo màs, migro e higienico resisto en los baños
menguantes de espermas
condiciones muy largas al buscar su pecho, esa cara
que miro de noche atravesar la luna
es sòlo un seno.
El resto de algùn pubis, la pus del torno,
el ensimismamiento dado que los giros
e inflexiones llegan de violencias
y sòlo violencias,
una, la màs superficial
escupe su nombre esta madrugada.
Y entonces los cuervos se pierden
en la filosofìa.
Guillermo Isaac Paredes Mattos.
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