Temo a los ángeles porque su promesa de ser hombre
se perdió en la silaba,
miro su ciudad de mil puertas y un solo sonido,
penetro en esas alas digeridas por una expedición
y el hilo humedecido de una rendición
en las entrañas.
Oigo de sus voces las iras de jardines
como sibilas de aire,
que repiten el oráculo ante una ventana
donde juega el cristal con el continente de un sueño.
Maldiciones que buscando mis labios
irisan la espada que corta el vilo,
de una espera de tarda infantería
respaldada por milicias de cera,
por vibraciones que alhojan el salto de un péndulo
en los huesos de orillas ensartando en sus agujas
de espuma
hilos de acuarios y peces.
Temo a los angeles porque han dado el siseo
a una eternidad plagada de narices,
porque rien como una svastica al lado de mi anarquía
porque me despiertan entre enigmas
de espejismos
y la noche se convierta en una brújula sin veletas
donde todo se despedaza
hasta un
sueño.
Guillermo Paredes Mattos
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