viernes, 21 de junio de 2013

Encuentro entre el Mar y la Palabra





Mi yo recuerda el mar y èste no tenìa para ser nombrado a la palabra.
  No existìan neologismos, no habìa experiencia.
  Era sòlo una parte de algo que ante mis ojos habitaba
  distantes yugos que el cielo habìa limitado por temor a la muerte.
   
  Y mi vida tambièn lo recuerda. Al evocarlo
  hablo que la memoria tiene imagenes en estado de reminiscencia
  buscando su propio idilio, el de los hombres sòlo es necesario.
   
  Y hemos puesto a la necesidad como reino de todas las cosas.
  Como si esta necesitara de reinos.
  Por ello cuando vuelvo a la arena vuelvo a tensar dinastìas de 
  primeros momentos,
  cuando era màs culpable que todo el universo para dirigirme a las cosas
  pues no habìa nada en mì ante los hechos.
   
  No mar, no eras una palabra, tampoco el espìritu podìa nombrarte
  tampoco eras una maldiciòn, un drama, mucho menos una tragedia
  pero yo temìa en ti las cosas profundas que me ataban a los medanos
  y entre resaca y resaca fuì creciendo para oir tus ruidos.
   
  Cuan lejos vivimos de la creaciòn y la palabra.
  De todo aquello que esa creaciòn empujaba hacia tradiciones y velos.
   
  Y tus olas eran verbo
  el estado verbal de la providencia y las cosas
  de la continuidad y los àrboles
  cuando veìa en tus superficies sòlo hallaba bosques de crestas
  y en todas, pude perderme.
   
  En ese tiempo, al igual que ahora era dogmatico
  totalmente absoluto para abandonar la silaba y sus espacios.
   
  Y todavìa bajo la noche ambos volvemos a repetirlo.
   
  La palabra es sòlo el ocaso de los dioses y los hombres.


   
   
  Guillermo Paredes Mattos

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