Hay un hilo de solsticio en cada cadena como un barco
una renuncia humedeciendo calles sumergidas
heridas con la soledad cuando sólo la arena es tan nuestra
y pertenecemos a un yelmo divisando escayolas
de sabios colores derramandose en sus sueños.
Hay un jardín colocando su espuma dorada
dentro de un suplicio que también es de seda
y todos los jirones voltean con lo urbano
un día desde el sol inventando raices
columpios como el mar, caes como un candelabro
sólo que tu corazón ilumina luciernagas
caballos de agua dentro de los aires
maquinas enfebrecidas en todas las piras.
Hay un angel que no es de amor y apasiona ciudades
murallas como el eter rompiendo eslabones
musicas de crestas sin ninguna corona
escolleras de aguilas para ir a cualquier lado.
Es de astro y se corrompe en cada madreselva
sigue solo su camino que a veces es del verbo
dice intuiciones de duna quitando un velo
a todo palpitar corrigiendo maderas
recuerdos de polillas en cada secreto,
todo roe el silencio cuando nada es del viento
y todo queda en los labios como un poco de saliva
deteniendo en su orilla la postrera palabra.
Aquella con la cual ya no regresa la vida.
Guillermo Paredes Mattos
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