viernes, 28 de junio de 2013

La Siembra del Molino






Esta siembra, destila en mis oidos sólo artificios
y quiere el deseo, más aún en él, su devenir es un rito a la verdad,
no basta entregarse como una juaría hacia ello.

Dejemos de ser un animal rosado, un animal
entre pubis y conocimientos de piel.

El hastío de esta edad se cubre de artidores 
plateados prestidigitadoes que repiten una forma
que no pueden vivir si no es entre artificios.


Contemplo entonces lo ruin de una noche,
asolada mediante distancias que un huracan,
que ha recogido musas de la propia inspiración
que ha secado su sangre y en sus ojos ha visto como nace aquella
que no fluye por la venas ni por las entrañas,
un pensamiento como emanación de brújulas
de evngelios tocando mis ojos
te quiero sí, pero lejos de ese canto
lejos de esta edad,
que mueran esos hombres con sus versos,
mi espíriti ya antes de este cuerpo
ha atravesado la eternidad.
 


Guillermo Paredes Mattos

Poesìa






 
Llevo lejos a mi corazón y de mí por un instante aparto al latido
respira entonces la piel a través de las hojas
y entre naipes se inspira una caravana de persas
de ruidos entre los astros, muriendo por el amor de una estrella.
He puesto lejos de mi mirada los ojos
y mi conciencia predice en vez de nombrar lo que toca,
no quiero más realidad que aquella recogiendo el estambre
diciendo que esta luz es sólo tu cuerpo,
la savia que trasnforma en linfa su aliento
para que beban los árboles. He puesto fábricas en cada rama
para que trabajen los pájaros y quiebren su nido de metales,
igual que entre los guantes el silencio. He visto maltratar el aliento
cada aire de rocío, un muerto de papel que nace en la brisa
que te separa como la noche de una palabra,
de un canto perdido en la hierba o en la soledad de una hormiga.
Llevo lejos de mí a quien era, mi peso es sólo un instante
mi vida es sólo este aliento, los fuertes donde empieza mi batalla
la cita de un halito con la corriente, la espera de un sueño
recitando en la imaginación cada voz
conviertiendo en día y noche todas las ventanas.
Oh amor te veré agitar las colinas como alguna vez un velero
te veré romper los caminos y a mi lado irás
como una fuente donde vivirás herido, tocado por ese dolor
que en mi espíritu es celeste, milenario como los unicornios
o las clepsidras que para vivir hunden su corazón en la arena.


 

Guillermo Paredes Mattos

El Naipe Azul





 
 
Hay un hilo de solsticio en cada cadena como un barco
una renuncia humedeciendo calles sumergidas
heridas con la soledad cuando sólo la arena es tan nuestra
y pertenecemos a un yelmo divisando escayolas
de sabios colores derramandose en sus sueños.
Hay un jardín colocando su espuma dorada
dentro de un suplicio que también es de seda
y todos los jirones voltean con lo urbano
un día desde el sol inventando raices
columpios como el mar, caes como un candelabro
sólo que tu corazón ilumina luciernagas
caballos de agua dentro de los aires
maquinas enfebrecidas en todas las piras.
Hay un angel que no es de amor y apasiona ciudades
murallas como el eter rompiendo eslabones
musicas de crestas sin ninguna corona
escolleras de aguilas para ir a cualquier lado.
Es de astro y se corrompe en cada madreselva
sigue solo su camino que a veces es del verbo
dice intuiciones de duna quitando un velo
a todo palpitar corrigiendo maderas
recuerdos de polillas en cada secreto,
todo roe el silencio cuando nada es del viento
y todo queda en los labios como un poco de saliva
deteniendo en su orilla la postrera palabra.
Aquella con la cual ya no regresa la vida.
 

Guillermo Paredes Mattos

jueves, 27 de junio de 2013

Naturaleza del Dòn





Naturaleza del Dòn
                                                                                                                                   
  
  En dònde la naturaleza, el grito de la imaginaciòn en la boca,
  la superficie sin serpentinas, espirales de cirugìas y cadaveres
  ocultos en la lengua.
  
  En dònde el indicio, la sepia atroz del camino, el misterio
  sin pronunciaciòn del agua, la leyenda del manuscrito en la sed,
  ese que llenè de agujas antes que embriagara la aurora.
  
  Y en què lugar el parpado, la otra mejilla, la aventura de dios
  por la arena, ese dios de lexicos desgraciados, pues no existe idioma
  que diga un sòlo neologismo de las cosas, en el universo se canta de ellas
  millones de veces.
  
  Y estoy aqui, miràndolo a travès de las cenizas, oyèndolo
  en los laberintos, citandolo en las galerias de mi posiciòn,
  trascendental y oscura como la mirra en el halo.
  
  Aqui, como un sueño inasible, absoluto como la fe de
  los àrboles, en la civilizaciòn del repliegue,
  nocturno y ojeroso dentro del crimen.
  
  De esa romàntica iniciaciòn de serpiente,
  de ese sepulcral conocimiento de vacìos,
  desnudo en el  rocìo o el paradero del sol
  ese que sueña su pubis cuando cae la lluvia
  y algo en la creaciòn arrastra hermafrodito
  imagenes de nihilismo, criaturas de helio.
  
  Aqui, donde camino y mis pasos me escriben
  y al hacerlo entonan que aun he escrito nada,
  que los sonidos conjugan horrores y el mal
  los interroga sin una pregunta, en el arsenico
  del exodo y el diluvio.
  
  En dònde, desde cùal reflexiòn,
  anhelando el pendulo de una trompeta
  elgrito gamado de algun miocardio
  la rotaciòn exacta de la saliva en boca
  lo unico que finalmente es mìo
  y desciende a mi garganta.
  
  Semejante a la naturaleza del don
  destruyendo pacientemente
  campanas.



Guillermo Paredes Mattos

viernes, 21 de junio de 2013

Hojas de Hierro




Hojas de Hierro
 
 
A nosotros nos deberìan comparar con movimientos.
Con proyectiles y cansancios marinos.
Con fetichismos y ciertas neurosis.
Porque escribir es sòlo un fetichismo.
Ahora, la filologìa dirà que existe evoluciòn en la palabra
y de cultura en cultura,
se desarrollan extrañas auroras y crepùsculos en ella.
Un filòsofo podrìa prevenirnos ante ello.
Dirìa que aquella todo lo envuelve en la palabra
y la palabra es màs lejana que cercana a lo divino.
Es como ahora, es como este momento.
Iba a escribir de hojas de hierro.
Pero todo acaba.
Todo.
Ahora que aparece lo divino.
 


Guilloermo Paredes Mattos

Encuentro entre el Mar y la Palabra





Mi yo recuerda el mar y èste no tenìa para ser nombrado a la palabra.
  No existìan neologismos, no habìa experiencia.
  Era sòlo una parte de algo que ante mis ojos habitaba
  distantes yugos que el cielo habìa limitado por temor a la muerte.
   
  Y mi vida tambièn lo recuerda. Al evocarlo
  hablo que la memoria tiene imagenes en estado de reminiscencia
  buscando su propio idilio, el de los hombres sòlo es necesario.
   
  Y hemos puesto a la necesidad como reino de todas las cosas.
  Como si esta necesitara de reinos.
  Por ello cuando vuelvo a la arena vuelvo a tensar dinastìas de 
  primeros momentos,
  cuando era màs culpable que todo el universo para dirigirme a las cosas
  pues no habìa nada en mì ante los hechos.
   
  No mar, no eras una palabra, tampoco el espìritu podìa nombrarte
  tampoco eras una maldiciòn, un drama, mucho menos una tragedia
  pero yo temìa en ti las cosas profundas que me ataban a los medanos
  y entre resaca y resaca fuì creciendo para oir tus ruidos.
   
  Cuan lejos vivimos de la creaciòn y la palabra.
  De todo aquello que esa creaciòn empujaba hacia tradiciones y velos.
   
  Y tus olas eran verbo
  el estado verbal de la providencia y las cosas
  de la continuidad y los àrboles
  cuando veìa en tus superficies sòlo hallaba bosques de crestas
  y en todas, pude perderme.
   
  En ese tiempo, al igual que ahora era dogmatico
  totalmente absoluto para abandonar la silaba y sus espacios.
   
  Y todavìa bajo la noche ambos volvemos a repetirlo.
   
  La palabra es sòlo el ocaso de los dioses y los hombres.


   
   
  Guillermo Paredes Mattos

Terciopelo Subterraneo





 
 
En el ùltimo momento de las cosas
cuando los candelabros imaginan la polvora
de los precipicios y la vacilaciòn del agua es serena
como un instinto en el sueño.
 
En ese paraje de consumaciones, donde la extinciòn
presagia la vida de sus monumentos
y extrañas insinuaciones de bosques
tejen sus alas con cenizas de carne.
 
En esos instantes que el duelo
inspira la apoplejìa instruyendola en mentales rocìos
sin granizos ni memorias de inviernos
representadas por un huerfano de sol
en los vidrios.
 
Cuando se es derepente para continuar
en las hojas como una danza de clorofila,
para caminar por cadaveres
semejantes al pigmento azul de la muerte,
mientras el tallo preña
su forma de dramaticos holocaustos.
 
En ese sòlo asi con los muelles
en una aurora sin barcos ni claraboyas de nieve
sin el destino de un cascabel en la serpiente,
ni tramontas de luciernagas
que discursan espinas de necias
cormogonìas de horror hemisferico.
 
En el final de un horizonte en la aguja
ese que inclina su cuerpo en la piel
de ironicas criaturas,
llenando sus ojos de liquenes y animales
de escrupulos dentro de perpendiculares
abusos en la superficie y la niebla.
 
Emparentados tan sòlo entre gemelos
y clarividencias, sin mas yelmos
que el rostro de un aire
sosegado por un latido, el màs electrico
el que huyò de cordones y cables
para dar soplo sòlo un segundo a la ràfaga.
 
En el ùltimo amor y el ultimo preso
separando naipes del agua, conservando màquinas
de horror para los homicidios,
torturas de maravillas y espiritus poseidos
por equilibrios de pustulas y sortilegios
destruyendo ventanas
condenando cada uno de sus hechos
buscando reir casi igual al infinito.
 




















miércoles, 19 de junio de 2013

Terciopelo Subterraneo






Intento apolineos de mascaras rojas
mientras el brillo entretiene a las hojas
en esa pretensiòn de mecionar en sus halos
metabolismos de savia.
Pero esa decisiòn llega de una nave
tan naufraga como cualquier movimiento
y el movimiento es un ser que camina a la deriva
sin encontrar jamàs un espacio.
Pero esta noche hablo con las cosas.
Ese es mi mundo, mi creaciòn de ciudades enfermas
donde seguramente me extinguirè como un pàjaro,
asumamoslo crisoles
en las murallas no hay lugar para nosotros
sòlo hay dientes y mamiferos de agua,
fuì un sepulcro que tuvo iridiscencias en los angeles del alba
y todo angel tuvo una caida,
me pregunto cuando se darà la nuestra.
Maleficios de agua me acompañan
me guìan estertores de amor semejantes al ideal
de un solsticio
ignorado por cetrinos adjetivos
aquellos que caen en esta estulticia
donde soy el calendario de un ojo
ciego como la espuma
y la orilla.
Esa orilla tan idolatra al recibir a las olas
en cada ola hay una pasiòn pagana
dios lo sabe e invento religiones
para salvar a los hombres
el detalle es que la religiòn creò su propio universo.
Por ello estoy aqui
sin ningun sentido para oir a las cosas
memorial como cualquier sortilegio,
no tan eterno semejante a una vida
que busca trapecios
para confesar un hambre,
lo màs terrible es que llega del verbo.
Quisiera vivir como yo, quisiera responder como ellos
pero soy un suicida en forma de nieve
sin niunguna escencia que pueda sostenerme,
el asunto es que construì mis pèndulos
tan propios sobre esta distancia
que ironica
presenta ante mì el destello de un niño
cruxificado sin amor por la belleza.
Oh, dios,  estamos a la par, caminamos desnudos
como tù, solo vivo entre auroras y amaneceres
entre ellos hay un pajaro que es esgrima en su vuelo,
sòlo quisiera una herida de su espada.
Y mientras los puñales adiestran
particulas de itinerarios semejantes al mercurio,
escribo iridiscente de celulas con el instinto
de inscripciones en el  sexo de la piedra
a mi no me importa desdecir todo lo que he vivido,
finalmente ese es el destino
de alquien que ama el suicidio
y cada noche entre relampagos
lo besa.


Guillermo Isaac paredes mattos

martes, 18 de junio de 2013

Capìtulo de las Hogueras







 
 
                                                  El suicidio es un poema que sólo se escribe una vez
 
 
Nunca sé lo que voy a decir.
No sé del camino que guía el decir a la escritura.
Eso podría ser algún acontecer profano.
Pero su inmensidad termina ahora que lo toco.
 
Pájaros de miedo en el cielo.
Civilizaciones de un dios que trae mareas.
La cresta allí, la superficie donde la apariencia
juega con mis ojos,
con esa enfermedad de la imagen.
 
Debo suponer su cierta paranoía. Siempre
está mirando lo mismo.
 
Por ello la arena me hizo ontológico
y voy solitario en las calles de un árbol
observando, obsesivo, casi fetichista
preguntando a la madera por la cosa,
por el cristal del ente.
 
E imagino existencias a todos los seres.
Incluso a aquellos que nunca separan inteligencia
de sentimiento.
Que no ven en la expresión más que una ramera.
Y en el poema su ciudad.
 
Nunca sé, esa es la extraña escatología
de mi conversión
la transgresión extraña en una hoja,
el mundo fue creado para ser destruido
y no puedo concebir mas iluminación,
esa es visión que mi intimidad
deja en sus alas
que mi subjetividad posa
en sus trenes.
 
Y en esos trenes
donde suena el silbato y también
donde se apaga.
miro el craneo de un niño.
 
 




Guillermo Paredes Mattos 

Poesìa






 
 
Abre calumnia tu pecho
que la muerte vuela cerca como un pájaro
y tiene una sola avenida.
 
Deja a los laberintos venir
cual ocasión en conocimientos de sable
propios como la percepción
o el golpe.
 
Describe el diluvio y el exodo
diseminado en el dedo mas profundo
dictador de regiones
mientras el mar pierde su objeto
lentamente.
 
Pero en esa  intimidad llamada a
traicionar colores
trasciende la brújula
encadenando la verdad a mis sienes
y soy la imaginación de una forma
de un disparo como el ala
en el beso
cuando un cuerpo dialoga
entre partes y vertigos
y el placer como la sensualidad es mensaje
de cartones y viejas recetas
para magos perdidos.
 
Por ello la soledad es encantamiento
de muerte que nunca alcanza
la vida
pero secretamente la aguarda
vestida de nieve
y a veces de holocausto.
 
Y entre ambas algo que nunca miraré
se borra.


Guillermo Paredes Mattos