miércoles, 10 de abril de 2013

Oràculo de una Elegìa








Una mañana mis pasos condujeron  mi mirada
a la arena,
y descubrí el mar.

En sus olas no se había marchitado el oraculo,
el mismo, que fue para otros hombres un día,
era este amanecer para mi.

Las olas decían, ante mi toda vida se detiene,
en  mis profundidades se inspiraron los dioses,
sobre mi superficie buscaron su destino los barcos,
el ciclo que hoy  crees se ha iniciado en tu espíritu
es en realidad
el final de un camino que otros empezaron.

Mañana serán otras  pupilas de un hombre las
que me pertenezcan
y tus entrañas buscaran gorjeos y  rocios,
con la  misma luz con que hoy me has encontrado.

Nada dentro de mi corazón está seguro,
por ello huí del hombre, huí de aquel
que se entregaba a la soledad y sus pensamientos,
que tuvo que atravesarlos,
para después aprender a amarme.

No es al final de la vida acaso
cuando unimos recuerdos, imagenes de auroras
consagradas en el follaje,
cantos de un mago invocando el cielo
desde un alto mundo conjurado por torres,
no es al final acaso cuando dios nos espera
con una oración en sus labios,
diciendo que todo no ha terminado.

-Esa es  la clarinada de la primera contradicciòn
para vivir-

Asi también al final y al principio te aguardé.
Tomé la soledad que de ti no pudo tomar la creación
para saber si poseìas la voluntad de sostenerla
como se sostiene un cuchillo
en las manos,
para saber si eras capaz de retenerme
de tomarme en tu corazón,
y en los altares de tu pasión,
como hoy yo te tomo.






Guillermo Isaac paredes mattos

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