jueves, 25 de abril de 2013

Elegìa de las Aguas




Elegía de las Aguas 



Respirar debajo de las aguas para que vean los peces 
un rastro de nuestras narices. 
Predicar en árboles de arcanas fortunas conducidos por 
el sueño muy lejos de los bosques. 
Desplegar un tiempo en las brújulas que el viento 
dejó olvidadas en una cabellera de arena. 
Imitar la sombra de una palabra cuando el espíritu 
da un grito llamando lo lejano. 
Ser el iris y ser la tiniebla de un conocimiento que la nada 
abandonó para los amaneceres. 
Coincidir entre perros hambrientos y disecados por un sol 
que cobijo la realidad de día. 
Inclinarse hasta luminosos ríos donde el agua es el personaje 
de una leyenda. 
Arrasando promontorios de ardientes ministerios de luces 
bordando un halo de ojos. 
Continuar como un viento de la noche ya en su luz pero sin tener 
una razón para ello. 
Sino el manantial de un estro que insinua candelabros que uno 
no aprende a construir con el barro. 
Elegirme para una mirada que lleve el sino de la contemplación 
en el lugar donde agoniza el horizonte. 
Tratarme como a sal de desiertos para que mi sed se haga 
semejante a la que llevo. 
Y no porque me quiera para dinastías de su nombre, yo apenas 
vivire una vida. 
La quiero para esa ventana donde a veces una araña me enseña 
a destruir ciudades. 
Donde la hormiga separa el pubis de una luciernaga y lo entrena 
en diques de campanas y boxeadores. 
Amo amor, pero es más la idolatría donde ese amor está preso 
y consuma latitudes de enjambres. 
Tripulante de lagunas con especies de insondables géneros 
todos barriendo lumenes. 
Que importa si algo se consume en espejo de los ciclos, siempre 
queda una esfera. 
Algo tan literario como un planeta, sin poder jamás formarse 
entre las constelaciones. 
Algo con literatura de media y ruinas de huesos que hurgan 
una sintaxis de mar en sus ojeras. 
Soy todavía de vidrio, para que la trasnparencia, mire allí 
y caiga como la inocencia en mi trampa. 
Encantador de serpientes y gusanos, que importa que sólo 
tengan para mi el veneno. 
Como verás nunca reboto entre sujeto y objeto, cuando me arrojo 
es para que mis venas se hagan elásticas. 
Dios que lo sabe está mirando siempre caminos azules 
donde el granizo despierta en mì la lluvia. 



Guillermo Paredes Mattos

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