Yo puedo predicarme. Ir de la noche a la aurora
como si fuera nada y después dormirme
en un parpado de espuma
como la vigilia.
Y puedo presentarme al idilio que busca la treta
del desmayo, en un pubis como el arco
donde sin estilos los equinoccios
juntan mis labios.
Yo puedo presentirme, encontrame con la magia
mientras una región es fugaz como la idea
como un paso atras en el insonio
ese que a la realidad
nos devuelve.
Sé que cada imaginación se intriga como un eco
cuando maquina instrucciones para regresar
al sonido, a ese pacto de liras
y venenos con el trueno.
Yo puedo encontrarme, rodear de suicidas calles de lunas
donde caen en el aire profugos de pétalos y ríos
asaltando hemisferios que miran eternidades
amenazadas por equilibrios.
Y puedo ignorar los carbones donde viaja la mentira y el pecado
en que lecho de espinas el pensamiento las vigila
en que lugar de barro como el amor despliega
puentes de atomo y sigilo.
Yo puedo seducirme, hasta un invierno de granizo parecido
a la lava, mantener un adios con leyenda de cuarzo
involucrar reliquias en batallas sin ningun sentido
y luego deletrear un hilo de mis naves.
Yo puedo recordarme, emprender movimientos de ojeras
libar escrutinios que huyen desde mi cabeza
y que en la tentación de liberarme
enfrentan locos murcielagos.
Hasta que una noche construyen en el hollin mis labios
la proeza igualada sólo por barros y salivas
maldiciendo el platino de una edad
poseida por historias de sueño.
Guillermo Paredes Mattos
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