viernes, 23 de noviembre de 2012

Nostalgia de lo Eterno







 
Llega un instante en que el alba es el enhebro
y el rito suspira como un cielo que se ilumina aún
al borrarse los astros.
Nace la rosa, pero en lo alto ese precio lo paga
una estrella y muere.
Se impregna de eter este sueño y la trompeta
toca el anhelo del aguila en el aire.
Retumba el tambor de cada camino,
todos conducen a su destino la aurora
y en ellos el espíritu vuelve a la evocación y al silencio.
Se retiran entre invisibles arpegios las ciudades
sus entrañas ahora son errantes siluetas
que vuelven a formarse en nuestra sangre,
sólo que ahora respiran el canto de algo luminoso
de lo que se detiene ante la palabra,
y no entregará su amor jamás a ella.
La vida vuelve a recodar su viaje entro lo lejos
ese viaje del cual sólo guardó su sombra,
contra las piedras vuelve a arrinconarla
contra filos de entrañas le pregunta,
pero como cada mañana esconde el enigma su respuesta
a salvo está del hombre hasta que olvide.
Música de nieves remotas, hasta aquí he llegado
con el verano,
me guiaron aquellas constelaciones que escondidas
en el celaje
recogen frutos de otra realidad,
desiertos donde se alza otra sed
sean ustedes manantiales de este sortilegio.
Y para ti que dentro de mi corazón empiezas a recordar
todo lo que antes de la existencia has recorrido,
quiero decir que esta es mi aurora
la que pertenece a mis iris
la que se despertó junto con mis pupilas,
la que cegó la mirada de mis ojos.
Su nostalgia es de lo eterno y ninguna otra ha de arrancarla.


Guillermo Paredes Mattos
 

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