sábado, 3 de noviembre de 2012

Las Atalayas del Dragòn







    
 
                                       Para esa luz que en cada uno es como el sentido del precipicio,
                                                              nos conduce a la caìda a cada instante
                                                                                         
                                            
 
He contemplado la esfera, viciosa en el hilo de una expresión
llevada por marejadas invisibles como ese momento
desprendiendo ardientes topacios de sueño.
De repente en su brillo, también en su credo, en aquella visión
descendiendo como una manada del deseo, corrigiendo el ala
del trapecio, el hilo de ese péndulo que toca el mar y nos adentra
entre sigilozos guardianes que lo han visto todo y huyen
entre planetas de agua, esos que se extinguen como la cresta
en la espuma. No tengo conocimientos en ellos, mis pergaminos
duran apenas una noche, no vuelvo a la nave que vió mis pupilas,
que escuchó mi oración, no reclamo, no escribo de ciencias
mi estética es posible mientras dura lo ardiente,
como una mística de alas y pájaros de carbón,
vórtices de piedras y caminos de azufre
dejando su plegaria
en la pira del viento, donde la ráfaga
tumba el monólogo de un filo con la certidumbre
y la noche calla, el amanecer se extiende y nada es profundo
mientras los cielos se dividen dentro de nosotros.
Renaceres de espíritus que tejen los ósculos
de ellos un punto de alza para tocar una linea
y esta se une a otra hasta vibrar en un horizonte,
serpentinas de un hondo pañuelo, las calles despliegan
la imaginación de un río,
el manantial que lo ha despedido mientras
dura el cometa,
hay aquellos que corren en el cielo
y partieron de nosotros, esta vida es
sólo si vuelve a tomarlo, esta vida es
sólo siguiendo su estela
y dejo al rocío su tarea deinvierno
la de mojar y perecer entre hierbas,
ese no es mi sueño, no lo conozco
todo es posible sólo si desde lejos lo invento
y corro entre galerias de grutas y de truenos
de estaciones como un estuario de sal
donde aprende un centinela a derramar en la orilla
como este vida, sus ojos.
 


Guillermo Paredes Mattos

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