lunes, 5 de noviembre de 2012

Memoria de las Entrañas







Una memoria del arte en el olvido.
 
Ese renacer donde el barro es poseido por
inteligencias.
 
La visiòn de mis sienes, sus clorofilas
que sueñan pergaminos.
 
Me sostienen circunstancias y mecenazgos, algo dramàtico
como acariciar esta nausea.
 
El vomito donde observar
una figura y en ella
la aristòcratica religiòn del forcejeo y el brillo
del remordimiento.
 
Mariposas de venganza, cubren el dìa
parecen soldados arrodillados ante el aire,
me recuerdan arcangeles, no obstante
se hospedan en un cementerio invisible,
llamado hemisferio.
 
Antiguos regentes del vaso
La municiòn de mi estela, donde un dragòn consolida
su apuesta a los dados.
 
No quisiera, pero algun dìa este poema quedarà muy atràs
-quizà esta noche-
Algun dìa se convertira en estereotipo.
 
Mi lirica convicciòn del arpa.
Esa distancia que jamàs sintetiza.
La imitaciòn de un estadio.
 
Mi rigor y aunque
los dìas se unan entre ellos
para formar estaciones, el amor que poseemos
dicta separarlos.
 
Y acontece con violencia.
 
Viaja identificàndose sin ninguna naturaleza.
 
Esta es mi proporciòn,
al escribir lo hago hoy como un nicho
-digo hoy-
lo hago tambièn como un techo.
 
Viejas posiciones de progreso
confiesan en su agonìa un solo amanecer
donde la praxis se recuerda rigurosa,
como un tribunal de espinas.
 
Una yesca.
 
La materia donde la criatura repite
a un animal.
 
Esa provocaciòn del estilo a dejarse morir cada dìa,
lleno de protuberancias.
 
Y seguidamente el escarnio.
 
La perfecciòn de toda sepia dormida
en un trauma.
 
Y nosotros soñamos ante ella, sonàmbulos,
casi sonàmbulos,
intentando despertarla.
 
 
 
 
 
 
 
Guillermo Isaac paredes mattos.
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario