Con ayuda o no de las constelaciones.
Apesar de que en cada pètalo un vivo regresa a la emociòn
de esa sensibilidad con nombre lunar
o apogeo.
A pesar, muy a pesar ya que en la tierra
el polvo es invitado por la ceniza
a un encuentro con la voz y una piedra amarilla.
Con un relato de histeria, con
una armònica en ma roja marejada de mis ojos,
ello es una presunciòn alèrgica
al portento, al granizo
y la estructura sexual del instinto y fuera
que hay ventanas que abren para destruir el universo.
Hay otras que son abiertas para crearlo.
No soy un druida, tampoco un viento que desliza su
propia paliza entre mamiferos vestidos de
correa y movedizos como un angel
ese que recoge la inspiraciòn de esa lìnea
llamada devastaciòn.
Una belleza del poema, tiene nombre de devastaciòn.
Inocencia de muerte presentando la agonìa
entre siniestros leprosarios.
Allà en el infinito, es donde abre su corazòn una morgue
y lo hace acariciando cadaveres que la providencia
convierte en verbal conocimiento.
Y en todo conocimiento, secretamente una profecìa
destruye su esperma
como lo hace la lengua cuando encima
fàbricas de cera.
Hay hombres que nunca veràn ese mundo.
Que insinuaràn lumenes ciertamente
como el crisol del arpegio.
O esa poetica, deslicida y errante
dado que el insomnio
deja en ella su grito cada noche
para que su vida
jamàs sea iluminada por una palabra y
un misterioso estado en ella.
Su nombre es lucidez.
Guillermo paredes mattos
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