viernes, 23 de noviembre de 2012

El Evangelio del Mar








 
 
Está el mar sobre una superficie de alas
que liban su naturaleza.
Arrastra la fortuna de un eco en su viaje final
hacia el silencio.
Vibra en la armonía de una campana tomando
de la marea su reflejo.
Compone una música trágica cuya invención
es un huerto.
Un jardín de heridas donde desnuda el verbo
su amanecer de retinas.
El plural que se pierde al intentar tomar
el universo.
La forma de un palacio construÍdo en los dedos
por la nieve.
O el candelabro que inspira municiones ahora
que he escuchado.
Torrente que descubre en un puñal la memoria
de su inocencia.
Nosotros la llevamos para que como ayer el dolor
vuelva a traicionarnos.
Y sea canción de metal que brilla en el acero
de las caravanas.
De este crepitar tomando los espejos de
una montaña.
Ese extraño reflejo donde el brillo se confunde
en una imagen.
Está el mar como un soberano que vuelve a
destruir planetas.
Un borracho de sal que esgrime disputas en la
casa del desierto.
Un elixir en el conjugar del agua con un espía
de voces submarinas.
Un tremante donde la ironía presenta su postrero
encuentro con la lluvia.
Camina repitiendo el halo que sus mágicas
penumbras conocieron.
El extravío de una melodía que en su lira
abandona al plañido.
Y éste enfrenta esa distancia que esta enferma
entre amarillos horrores.
Ciencia del que brama en su epístola de navíos
con las uñas.
He sido liberado sólo por lagunas que perdían
su piso en el sueño.
Fuí seducido por cacofonías, bebo antologías
que no son de agua.
Dejo a la belleza porque es demasiada perfección
para mi sueño.
Concibo la derrota como un cuaderno que divisa
la noche y su itinerario.
Está el mar y mi espíritu camina sobre las aguas
pero sin ningun evangelio.
 
 
Guillermo Paredes Mattos
 

El Pèndulo y la Supersticiòn







 
 
Durante la hoja arriamos expediciones, viejas
como un frío, un corredor de errantes evocaciones
que dieron su palabra al mar como a un árbol.
Allí es una plaga el desvelo, iniciando el camino
a través de los ojos y apagase el surtidor
de aquel encantamiento que sólo el viento predice
y que el corazón desplaza en sus ruidos.
Aires de pupilas para oprimir svasticas
metales de hondas cavidades azules y colores
de un río separandose del agua. Como el astro
invitamos a la noche para encontrar nuestro brillo
sólo que indicios de lluvias y espectros de algas
como máquinas de vidrio nos miran.
Durante la hoja es seguro un retrato del aire
un sendero sin navíos ni puertos, un piélago
incendiando enemigos de seda, un arduo confín
en que se rompe el prodigio como filtraciones de lunas
aquellas que emprendieron un eco sin saber de nosotros.
Y es seguro que nadie se templará entre su duda
y caminaré diciendo la sílaba de lo que no te toca
de lo que pertenece como una mano derecha,
o una serpentina cayendo en sus alas
como un mago dormido y huyendo de su treta.
Entonces divido el instante hasta cualidades de agua
hasta propiedades de arañas juntandose en la niebla
y veo jaurías levantadas por un soplo
y la aurora trae enjambres de aquella cadencia
que acampó en mi amor como un barco
sólo que mi espíritu tuvo que encontrar su oceano.
Durante la hoja escribimos de albas y cetrinas edades
temblorosas orillas de carbón donde la ceniza se une
otra vez en un sueño y canta palabras de lobo desierto
mordiendo la savia del arbol como el reflejo hambriento
de un astro. Yo he dicho mi boca, he atravesado el número
que pervierte de ecuaciones el iris, que lo aleja dentro
del espacio hacia un vertedero
y entonces vagamos, entonces inundamos de madrugadas
las piedras y los filos nos dicen
que llevamos en el rostro el fulgor de un rito
donde nuestros pesebres y nuestras coincidencias
caminan entre realidades que sólo huelen a noches
y auroras.
 


Guillermo Paredes Mattos

Entre la Imaginaciòn de las Hojas






 

                                            
 
He contemplado la esfera, viciosa en el hilo de una expresión
llevada por marejadas invisibles como ese momento
desprendiendo ardientes topacios de sueño.
De repente en su brillo, también en su credo, en aquella visión
descendiendo como una manada del deseo, corrigiendo el ala
del trapecio, el hilo de ese péndulo que toca el mar y nos adentra
entre sigilozos guardianes que lo han visto todo y huyen
entre planetas de agua, esos que se extinguen como la cresta
en la espuma. No tengo conocimientos en ellos, mis pergaminos
duran apenas una noche, no vuelvo a la nave que vió mis pupilas,
que escuchó mi oración, no reclamo, no escribo de ciencias
mi estética es posible mientras dura lo ardiente,
como una mística de alas y pájaros de carbón,
vórtices de piedras y caminos de azufre
dejando su plegaria
en la pira del viento, donde la ráfaga
tumba el monólogo de un filo con la certidumbre
y la noche calla, el amanecer se extiende y nada es profundo
mientras los cielos se dividen dentro de nosotros.
Renaceres de espíritus que tejen los ósculos
de ellos un punto de alza para tocar una linea
y esta se une a otra hasta vibrar en un horizonte,
serpentinas de un hondo pañuelo, las calles despliegan
la imaginación de un río,
el manantial que lo ha despedido mientras
dura el cometa,
hay aquellos que corren en el cielo
y partieron de nosotros, esta vida es
sólo si vuelve a tomarlo, esta vida es
sólo siguiendo su estela
y dejo al rocío su tarea deinvierno
la de mojar y perecer entre hierbas,
ese no es mi sueño, no lo conozco
todo es posible sólo si desde lejos lo invento
y corro entre galerias de grutas y de truenos
de estaciones como un estuario de sal
donde aprende un centinela a derramar en la orilla
como este vida, sus ojos.
 
 


Guillermo Paredes Mattos
 
 
 

Nostalgia de lo Eterno







 
Llega un instante en que el alba es el enhebro
y el rito suspira como un cielo que se ilumina aún
al borrarse los astros.
Nace la rosa, pero en lo alto ese precio lo paga
una estrella y muere.
Se impregna de eter este sueño y la trompeta
toca el anhelo del aguila en el aire.
Retumba el tambor de cada camino,
todos conducen a su destino la aurora
y en ellos el espíritu vuelve a la evocación y al silencio.
Se retiran entre invisibles arpegios las ciudades
sus entrañas ahora son errantes siluetas
que vuelven a formarse en nuestra sangre,
sólo que ahora respiran el canto de algo luminoso
de lo que se detiene ante la palabra,
y no entregará su amor jamás a ella.
La vida vuelve a recodar su viaje entro lo lejos
ese viaje del cual sólo guardó su sombra,
contra las piedras vuelve a arrinconarla
contra filos de entrañas le pregunta,
pero como cada mañana esconde el enigma su respuesta
a salvo está del hombre hasta que olvide.
Música de nieves remotas, hasta aquí he llegado
con el verano,
me guiaron aquellas constelaciones que escondidas
en el celaje
recogen frutos de otra realidad,
desiertos donde se alza otra sed
sean ustedes manantiales de este sortilegio.
Y para ti que dentro de mi corazón empiezas a recordar
todo lo que antes de la existencia has recorrido,
quiero decir que esta es mi aurora
la que pertenece a mis iris
la que se despertó junto con mis pupilas,
la que cegó la mirada de mis ojos.
Su nostalgia es de lo eterno y ninguna otra ha de arrancarla.


Guillermo Paredes Mattos
 

Cuando Silba un Bosque




 
En el elixir de las tradiciones y los planetas
cuando las ciudades respiran voces de metales
y los caminos arden como un periplo de imaginaciones,
muelles que abren yambos de quietud cuando todo se agita.
Pero guardo de cada instante lo que nunca ha de pertenecerme
y recojo de todos los huertos la hoja,
mi alma está ebria de hojarascas y reparto en todos los caminos
una gota de un mundo que de este corazón no ha sido liberado.
Quiero la noche y quiero ese dolor que se acerca sigilozo
para formar sus constelaciones
ya las amé algun día,
más siento que volveré a amarlas,
que la nieve no perdona desiertos
y la flauta de una nave rosada,
es mas atroz en el agua que cuando yerra en los labios.
Mis sentidos son ahora mis mendrugos
mi luz en el altar riendo entre las piedras,
el aureo sesto de la soledad
inventando otra noche, otro corazón
encontrando de todas las quimeras aquella
que lo guiará entre los fuegos de la madrugada.
Madre de lamparas y cenizas
muestrame el arlequín de tus dedos,
la infancia urdida por fugaces campanas,
aquellas que oprimen el postrero soplo de lo sagrado
y lo apagan entre bordas de ángulos y linfas,
goletas de petroleo enseñando a un lecho mi deseo
esta historia sobre siluetas y efigies,
construyendo en el día el corcel que desnude toda claridad
y hunda esta ofrenda en la noche.
 


Guillermo Paredes Mattos

El Beso de los Muertos II






Oh Dorada luz del amor, es que brillas tú también
                                                                             entre los muertos.
 
                                                                         Friedrich Holderlin



 
Ayer como hoy repara un astro en cada tempestad
y refina una centella el eslsbón de un viejo huracan
complice de sirenas y soledades. Llevo entonces
coronas de ángeles para mis muertos y embiste la brisa
esa ráfaga dorada de cada corazón que me toco arder,
conducir hasta lo hialino donde a veces renace un sueño.
Ubico entonces mares de engaños, lugares donde
sólo el pensamiento vuelve más profunda la noche,
y toco la unción equivocada, las centurias incendiando mis ojos
en la penumbra, me pregunto quién habrá contemplado ese brillo.
Quién me habrá encontrado cuando estaba lejos,
cuando la distancia mira con sospecha al verbo y al espíritu en él,
cuando los árboles se acercan para cumplir una promesa
una hado de verde y ciudad de máscara y prohibido.
Quién me habrá visto llorar con mis muertos.
Ayer como mañana junto a una luciernaga
en la clepsidra donde la resaca recuerda con pasión a
sus malechores y el devenir se raspa entre la realidad
como el tañido dentro de una campana. Y dice el hado
que en los brazos del mal también hay una ojera
una batalla de guerreros heridos por la noche,
resacas de furia donde aún despiertan titanes de agonía
suaves espirales como la marca de un dios, resuelto
a una batalla en medio de crisoles, asesinando en su sangre demiurgos.
Sí, este el beso de mis muertos, cada madrugada me uno
a un guerrero para recoger de ellos sólo altares, estampando
entre pétalos sus cadaveres y cada madrugada
a ellos y a nosotros por ello logra recogernos la rosa.



Guillermo Paredes Mattos

jueves, 22 de noviembre de 2012

Los Hechos Pristinos







Porqué he puesto la hoja dentro de tus ojos
si tu mirada se pierde cada noche,
incrustada por el mar en las estrellas.
Porqué miro agujas y cristales
si en ellos sólo tu dinastía empieza el camino
y giramos azul como un cefiro que queda lejos,
navío de corazones alados que descifran mensajes
junto a la arena
y ya no desde los labios.
Porqué esta noche canta y respira la inmensidad
igual que tu cuerpo,
como esa ventana donde la mirada cree
penetrar el universo,
pero es su destino quien nos toma.
Hasta qué unicornio guardaré tu nombre
y agitaremos al lado de la piel
aquello que riela entre la orilla,
como un dios hecho de nieve que vuelve
del desierto,
para morir entre los hombres
y al lado del amor.
Cúal es el enigma hecho de ese soplo
el mástil donde la inspiración,
también es hija de la veleidad
y respiro como un cefiro en la corriente
al ver el crepúsculo,
tomar en la tarde el camino
de lo que jamás será nuestro.
En que noche despertarás finalmente
en medio de mi sueño,
cruzando lo que de mi desconozco
la lluvia dada por las esferas,
el rio de aluminio de mis religiones
de esa metafísica que quiebrase
en tu mirada,
para volver desde el mar
con su inasible evangelio.



Guillermo Paredes Mattos

Màntica Para un Unicornio







Màntica para un Unicornio
                                                                                                                                                              Aunque jamàs lo sepa.
 
 
Si tuviera sòlo el papel de la soledad me reirìa de una ciencia
de rocìos.
Pero protagonista de un abismo en las alas de lo temerario
queda esculpido un bòlido.
Es un hecho que sòlo nadie representa un motìn lejos del aire
eso es para los pàjaros.
Es un hecho que mis evidencias caminan sin yemas y no porque
asciendan a la sangre.
En una paradoja hay claves de mal prodigando maleficios
que son candelabros.
Arboles de agua midiendo el tiempo de una avenida cruzada
por las olas.
Por esa estètica que vuelve a llamarnos desde el fondo del sueño
y es corcel de devenir.
Por ello y porque la espuma està llena de caballos puedo llevar
mi sed por la aurora.
Y prodigio es el aura de un camino centrìfugo como la magia
insinuandose en el barro.
Hay un olor para cada perfume como una idea para cada manantial
y hay una memoria.
El fluir de una piedra mientras un delta revienta como lo hace el hombro
de mis sedimentos.
Juglar de mano diestra, consejero sòlo de aquello que oprime el sol
en el fuego.
Cuando es un circulo diminuto, abrazando las mareas que abandona
en el amor un hombre.
Si tuviera sòlo el papel de la soledad podrìa no dejar de preguntar
a mi espera.
Pero un brillo se separa de un astro y uno concibe que algun milagro
esta ubicando su retòrica.
Y entonces despliega el trapecio un unicornio y vuelvo a las pupilas
de una màntica.
Una màntica no es definiciòn de lugares, corazones o las larvas
de un huerto.
En realidad es muñeca de un idilio rastreando en un punto
abecedarios.
Un unicornio es mi boca tensando un capìtulo de dramas con
lo que se piensa existencia.
Macabro malabarista del furor, a veces màgico como el granizo
pero generalmente destino.
Propicio a periplos de naves que convierten su espìritu en verdugos
de iridiscencia.
Tensado en el fulgor de una moneda de lava, traficando su miedo
en los volcanes.
Una màntica seguirà su camino aun cuando en los àtomos
no pueda bordarse.
Y yo volarè por los cefiros, convertido en unicornio.
 
 
Guillermo Paredes Mattos