Empezemos.
La barbarie tenìa color y aunque borraba su espìritu
cada noche entre laberintos
aprendìa y aprendìa
como quien sube murallas
o se detiene a contemplar sexualmente
a los vidrios.
Señores de abecedarios y universales lirismos
desprendìan motines y larvas neoliberales.
Yo sòlo buscaba un sentido.
Un universo lleno de recuerdos pero en el futuro.
Mi hoy pertenecìa al presente, es cierto, pero
ese presente era vil y pretencioso
y mi corazòn buscaba la belleza
del misterio
en minotauros atroces.
Ya he escrito de ello. Padezco de imaginaciòn
esta noche, la pureza de mis dados lo sabe.
Los he arrojado al agua mas de una vez y sucede
que al evocar un hilo hay màs de un descenlace,
estoy improvisando para ver que sucede,
el mar es rojo, celeste la locura del sol,
la demencia del brillo pierde lentamente su estatura
y de centigrado a centigrado, jamàs
he de medirla.
Jamàs...
Guillermo Isaac Paredes Mattos.
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