martes, 8 de noviembre de 2011

Jardìn de Fuego

Creo en los ruidos sobre una espada de agua
respirando los elementos de un insomne pétalo
el que aún recorre la trama de mis dedos.

Respiro en esa ventana sin vidrios ni reflejos
asustado entre fanáticas leyendas
ascendiendo por el barro
con su música de aceite.

Estoy en las paredes de una luna
asumiendo candelabros muy cerca del carbón
pero alejado del diamante.

Me persigno en cada botella
aún sin superficies y recito margenes de aros
donde el péndulo trama la intuición del sueño
colorado como un día de luciernagas
en una boca ciega.

Enumero la ceniza de mis uñas
el papel sagrado de mis naipes
este contiguo inhalar mientras mis ojos
de la mirada se separan.

Recorro en mis pasos y aunque debiera caminar
los recorro,
y es paralelo, la estela vuelve a su pasado
el grito va enmudeciendo las campanas
el planeta de un átomo vencido y disecado
en una máscara de lluvia
en un atrio de ciudades entregadas por un hilo
que un oso navega en cicutas de albumina.

Creo en este momento como un verbo muy
lejos de sí mismo
ausente en el respiro de mi mano
o el latido seco de una osamenta
preguntando epiteleos
en la sabiduría del murcielago.

Por ello cuadrados y confines
son mis tremantes.

Vórtices sobre temerarias esperas
dentro de la arena
noticias de que hoy el mundo empieza.

Destruyendo este jardín
de fuego.




Guillermo Isaac Paredes Mattos

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