sábado, 19 de noviembre de 2011

La Belleza del Mal

La Belleza del Mal



Se potente como la brùjula del rocío.

Inunda y presagia sin que el amor lo sienta.
Envuelve cada expresión sin que la sensualidad
sea armonía, equilibrio de elementos
que descienden cada noche
como un parapeto donde son izadas carnivoras
exploraciones de vinilo.

Da voluntad a cada muerte de la tierra.
Que el universo sea barrido por sí mismo
y la naturaleza, capaz en triturarse en tu espìritu
y tú en el de ella.

Grita y despierta al monólogo que hay en la locura
es el unico que por irracional dirá la verdad
de una noche.

Yo que solo puedo vivir la tempestad puedo decirlo
esa es mi verdad, una pequeña muerte
sumergida por la aurora
masticada por los ríos
ensortijada por papeles y aguas
mientras la creación presiona algo lejano
una plaga distante
una mafia
entre la vida y la muerte.

Escucha al mundo hablar de ello, pero al hacerlo alejate.

Pon distancia entre tù y todas las cosas que oyes
o percibes.

Y finalmente
Se màs artista aùn para que esa distancia no deje
de involucrate en su realidad, es decir
esa belleza - una de tantas- que el mal
ha dejado en nosotros.

Llamemosle esta noche por antonomasia
existencia.



Guillermo Isaac Mattos.



Lima Octu8bbre del 2008.


Azul Venereo


Por lo ofrecido soy sòlo
un craneo.

Una mezcla de agua en el lenguaje, el silencioso
redentor de
un idioma basado en mondadientes y
estrofas.

En esta noche de francotiradores.
En este azul cancelando antiguas argucias
de mi vida
me pregunto què serà de mi equipaje,
de todas las cosas que sugerì a la soledad,
para que arrastrara al lado de una llama
su tribunal, su paso erguido, ese
lampo al levantarse,
acompañado de efemerides
y crònicas de agua y sol
remedadas sin contratiempos
en lecciones de violìn y lluvia,
en celebraciones de granizo.

Tambièn un espacio,
Un poco del titan, quizà del siglo,
de mi època y apareadores
acercàndose sin motivos hacia ese palco
donde un teatro de ansia
muerde mi papel de infamia,
inmigrante en angeles de papel
despedazados por el verbo.

Y a veces -como ahora-
por el hombre.



II



No soy este que aquì vuelve a una ceremonia.
Tampoco soy el otro, ese anciano niño del lenguaje,
nadie fue ese tambièn que sin ropas
se deslumbrò en las esferas
del aura.

Cuando el universo estaba hecho de hados.

Yo creo que el mito, nos reconoce
cuando olvidamos el nombre y la partida,
la conscupicencia o la silueta, esa sustancia
con forma de rampla
donde fuselajes y dirigibles
cierran los ojos entre automoviles.


Y creeme, yo soy postmoderno,
un decadente vanguardista del mar,
un nihilismo conduciendo su anarquìa de
cera sin palabras
o sìlabas, yo soy ese bàculo
para subir a la azotea del redil
y caminar en làpidas insignificantes.

Todo en este mundo llena el mar de cementerios
y sepulcros, todo se defiende nocturno
en evangelios y trigos,
si el polen me dijera de que pàìs
llega su sonido, de què regiòn su acustica
dormirìa en mis manos ya sin parsimonia,
y sin duda acontecer serìa podredumbre
fuerza y làtigo de fenòmeno
practica de ortografìas
y estrenos.

No camino ni deletreo seres y calles,
mis epigonos buscan màstiles
como un espolon,
con excusas de ayer y tropos
literalmente exordios.

Tampoco falto a ladinos cumpleaños.
Decir ser es un aniversario, alguna ilustraciòn
con bordes de cintura y civilizaciòn,
un seno donde el aguila
ha visto que es una mujer quien amamanta
a los hombres, digo hombres.

Y no este azul
venereo.





Guillermo Isaac Paredes Mattos

No hay comentarios:

Publicar un comentario