No hay una página en mundos de soledad, hay un lenguaje allí,
escribo encima de palabras invisibles.
La soledad es privilegio de un ser que duerme, late y se levanta
semejante a un perro o un caballo.
Esta tragedia no debiera esperarme, no tanto como la espera
mi corazón a ella.
Diré que su cuadratura es tres libros páganos y un pétalo sordo
dispuesto a toda efervescencia.
No hay diccionario vencido por el neologismo, en realidad está
cayendo en un hemisferio de agua.
Mira, el agua es un ser como el verbo, un hereje que labra porque
el extravío es pájaro de arenas cojas.
Vive incluso antes de lo desconocido,el misterio en sus ojos es
tan poca cosa.
A veces su verguenza encuentra a un hombre y le enseña el río
de la desesperanza.
Su drama es insomne y calibra, observatorio de naves que corren
con su enfermedad muy alegres.
No hay una página que no sea exodo, un minúsculo sopor de calles
parecidas a un amanecer de pasos.
A esta mano que no le pregunten, la respuesta es un niño que despierta
después de una travesía imposible.
Lumen que has visto el pájaro invadir los ardientes festines del gusano,
cúantas ojivas durmen en tu pelo.
Cúal es el oxigeno que llega de un pubis renaciendo en ese aire de soldados,
donde no hay ciencia ni árboles.
No busco el fín, no quiero el principio, sin embargo las rutas respiran, como
una criatura de posibles comienzos y finales.
Mi vida es lecho donde la soledad es incienzo y calíz, liturgia y rostro, mis
espejos son cualquier figura.
Estoy unido al mar, tan cerca del barro,que represento goletas sumergiendo
el agua debajo de una impronta.
Y es la idea la noche más inteligente, en la flota de los espacios y todas
las comparaciones.
Ella podría viajar, detenerse en cometas sin destino, invadir presidencias,
acceder a puertas sin necesidades.
Pero al posar esquinas de cortezas en mis ojos, siento que la sepia acaba en
los sentidos y el hidrògeno toca.
Guillermo Paredes Mattos
sábado, 26 de noviembre de 2011
jueves, 24 de noviembre de 2011
El Sueño del Mercurio
El Sueño del Mercurio
Vivo en una polea y siempre giro a
su desastre.
Alguien dirà que la sombra de este verso
nunca caminarà sola. Obviamente por ello
ha sido escrita.
Mentarla es una cita con alambres y tramites
donde un epistolario
repite el nacimiento de su idilio
con una piràmide.
Mi corazòn no puede evitar despertar y oprimir
las letras que allì -al parecer- buscan ser iluminadas.
Y lo hago hasta que todas son desangradas,
luego se levanta otra vida
cierta redenciòn trazando del miedo a la ilusiòn
un mortero,
un equilibrio a veces, un desprendimiento
totalmente egoista.
Sus frases son anècdoticas
una parafrasis donde contundentes vacìos
mutan una y otra vez
en su abismo.
No sè de ciudades, me humillaron
nubes y ciertas caravanas de agosto,
practicaban extraños oficios de arena,
casi un estruendo,
una orfandad humedecida por prologos,
una cabeza sin aire,
el temperamento abriendose al engaño.
Y asi mirar deslumbrado, soberanamente
en la mentira.
Guillermo Isaac Paredes Mattos.
Vivo en una polea y siempre giro a
su desastre.
Alguien dirà que la sombra de este verso
nunca caminarà sola. Obviamente por ello
ha sido escrita.
Mentarla es una cita con alambres y tramites
donde un epistolario
repite el nacimiento de su idilio
con una piràmide.
Mi corazòn no puede evitar despertar y oprimir
las letras que allì -al parecer- buscan ser iluminadas.
Y lo hago hasta que todas son desangradas,
luego se levanta otra vida
cierta redenciòn trazando del miedo a la ilusiòn
un mortero,
un equilibrio a veces, un desprendimiento
totalmente egoista.
Sus frases son anècdoticas
una parafrasis donde contundentes vacìos
mutan una y otra vez
en su abismo.
No sè de ciudades, me humillaron
nubes y ciertas caravanas de agosto,
practicaban extraños oficios de arena,
casi un estruendo,
una orfandad humedecida por prologos,
una cabeza sin aire,
el temperamento abriendose al engaño.
Y asi mirar deslumbrado, soberanamente
en la mentira.
Guillermo Isaac Paredes Mattos.
Pàjaro Andrògino
Ya que soy de metal, hablaré de hierros.
Si es que el acero me acompaña.
Como sé, un escrito es la aproximación a una palabra,
claro está, más no al verbo.
De hecho, hace mucho hablo entre conjugaciones
y como eso es inevitablemente mi vida, sospechar para mí
no significa nada.
Otra cosa es el significado.
Pero ya que llego a él, a pesar de mí y de los míos
puedo ilustrarme en ello, ya que jamás seré parte de
su exhalo.
Tampoco seré parte de mí y mucho menos de mí.
Pero, como quisiera no haber dejado el acento, es esa m
unida a una i.
Nunca pude doblar una acento,
tampoco improvisé para alguien que esperaba
en la luna, simplemente porque la espera
es un significado -uno más- que no conozco
y debo confesarlo, jamás he de conocerlo.
Siento desprecio por mi espíritu, o por aquella
aquella parte de él, que busca cada noche un poema,
siento desprecio porque si lo hubiera encontrado
no tendría necesidad de escribirlo.
Por ello el significado es parte de días andróginos.
Quisiera la muerte para su alma, pero ello llevarìa
a la conclusiòn siguiente...nunca aprendí a vivir uno solo de mis días.
Quisiera la vida para él, pero ello es otro significado,
el cual me dice que jamás aprendí a vivir uno sólo de mis días.
En cada uno nos espera la muerte.
Estoy aquí, por nadie, ni por nada,
soy el pretexto que cada noche se arrastra en sus venas
sin miedos, ni pánicos, posiblemente el arte
se haya hecho cómplice de mis pómulos,
pero el arte no sabe que antes que sea convencido por su vida,
mi carne, será visionaría de otra cosa.
Ese es mi destino, muy a mi pesar.
Demasiado a mi pesar.
Y sobre todo al pesar de esa metafísica de himen
que en este instante
en el mercurio despliega.
Guillermo I. Paredes Mattos.
Si es que el acero me acompaña.
Como sé, un escrito es la aproximación a una palabra,
claro está, más no al verbo.
De hecho, hace mucho hablo entre conjugaciones
y como eso es inevitablemente mi vida, sospechar para mí
no significa nada.
Otra cosa es el significado.
Pero ya que llego a él, a pesar de mí y de los míos
puedo ilustrarme en ello, ya que jamás seré parte de
su exhalo.
Tampoco seré parte de mí y mucho menos de mí.
Pero, como quisiera no haber dejado el acento, es esa m
unida a una i.
Nunca pude doblar una acento,
tampoco improvisé para alguien que esperaba
en la luna, simplemente porque la espera
es un significado -uno más- que no conozco
y debo confesarlo, jamás he de conocerlo.
Siento desprecio por mi espíritu, o por aquella
aquella parte de él, que busca cada noche un poema,
siento desprecio porque si lo hubiera encontrado
no tendría necesidad de escribirlo.
Por ello el significado es parte de días andróginos.
Quisiera la muerte para su alma, pero ello llevarìa
a la conclusiòn siguiente...nunca aprendí a vivir uno solo de mis días.
Quisiera la vida para él, pero ello es otro significado,
el cual me dice que jamás aprendí a vivir uno sólo de mis días.
En cada uno nos espera la muerte.
Estoy aquí, por nadie, ni por nada,
soy el pretexto que cada noche se arrastra en sus venas
sin miedos, ni pánicos, posiblemente el arte
se haya hecho cómplice de mis pómulos,
pero el arte no sabe que antes que sea convencido por su vida,
mi carne, será visionaría de otra cosa.
Ese es mi destino, muy a mi pesar.
Demasiado a mi pesar.
Y sobre todo al pesar de esa metafísica de himen
que en este instante
en el mercurio despliega.
Guillermo I. Paredes Mattos.
sábado, 19 de noviembre de 2011
El Arbol
Se dice de un árbol como de una leyenda.
Se dice de su olor como una medalla
en una aurora donde las escarapelas
suceden entre nieves perpetuas
entre inmortales
que aprenden
el juramento de la vida en
otros altares.
Se dice y respiran los barcos
al lado de mi penumbra,
el desierto con que escucho las sombras
o el angulo de un ala dionisiaca
fermentando frutos de aquella piedad
cegada por una serpiente
una noche de males.
Somos historias uniendo lo perverso
pero perdiendose finalmente en lo divino
porque el amor no es juego de la luna
ni la tarde
es fuego de esa voluntad aprendiendo
a caminar entre los cisnes
y muriendo cada noche
en una rosa.
Guillermo Paredes Mattos
Se dice de su olor como una medalla
en una aurora donde las escarapelas
suceden entre nieves perpetuas
entre inmortales
que aprenden
el juramento de la vida en
otros altares.
Se dice y respiran los barcos
al lado de mi penumbra,
el desierto con que escucho las sombras
o el angulo de un ala dionisiaca
fermentando frutos de aquella piedad
cegada por una serpiente
una noche de males.
Somos historias uniendo lo perverso
pero perdiendose finalmente en lo divino
porque el amor no es juego de la luna
ni la tarde
es fuego de esa voluntad aprendiendo
a caminar entre los cisnes
y muriendo cada noche
en una rosa.
Guillermo Paredes Mattos
Gladiador y Poeta
Puedes dedicarte como gladiador o poeta
a recitar como lo hace el acero dentro
de un pàjaro.
Ser iluminado por escuadras de hierro
o tensar circunferencias que ansiaban
ese rito
abandonado por un tambor
en las piedras.
Doblegar alguna nota
por demas pùbica
elevando un lugar hacia el sueño
pues era mitomano igual al cuadrado
con experiencia de golpe
y posiciòn de cumbre
sin legado.
Deberìas escudriñar una vez
en aquello simulado por actos y situaciones
de niebla y ya que andaba cruzando relojes
y perversidades
el universo guardo
la geometrìa
de todas, absolutamente todas
mis pisadas.
Deberìa evocar que el universo empieza en
el violìn de mis labios y que llevo una boca para llamarlo
cuando la noche entre sus colores lo arrastra
soy un color porque no me queda otra cosa
un denuesto amado por el conflicto
y lo indòmito.
Que cante una rosa pero que su canto
sea imparable.
Palacios de persecuciòn nuevamente, ingravidos
como la soledad de una ciudad
comparandose con extraños elementos
viaje en ellos como poeta
quise ser el pobre artista que llevaba
una ansiedad de madera.
Un cartel de mafias.
Y por mas que quise la noche me hizo
misterioso gladiador
alimentandose del corazòn
de un poeta.
Guillermo Isaac paredes mattos
4 Feb
a recitar como lo hace el acero dentro
de un pàjaro.
Ser iluminado por escuadras de hierro
o tensar circunferencias que ansiaban
ese rito
abandonado por un tambor
en las piedras.
Doblegar alguna nota
por demas pùbica
elevando un lugar hacia el sueño
pues era mitomano igual al cuadrado
con experiencia de golpe
y posiciòn de cumbre
sin legado.
Deberìas escudriñar una vez
en aquello simulado por actos y situaciones
de niebla y ya que andaba cruzando relojes
y perversidades
el universo guardo
la geometrìa
de todas, absolutamente todas
mis pisadas.
Deberìa evocar que el universo empieza en
el violìn de mis labios y que llevo una boca para llamarlo
cuando la noche entre sus colores lo arrastra
soy un color porque no me queda otra cosa
un denuesto amado por el conflicto
y lo indòmito.
Que cante una rosa pero que su canto
sea imparable.
Palacios de persecuciòn nuevamente, ingravidos
como la soledad de una ciudad
comparandose con extraños elementos
viaje en ellos como poeta
quise ser el pobre artista que llevaba
una ansiedad de madera.
Un cartel de mafias.
Y por mas que quise la noche me hizo
misterioso gladiador
alimentandose del corazòn
de un poeta.
Guillermo Isaac paredes mattos
4 Feb
La Belleza del Mal
La Belleza del Mal
Se potente como la brùjula del rocío.
Inunda y presagia sin que el amor lo sienta.
Envuelve cada expresión sin que la sensualidad
sea armonía, equilibrio de elementos
que descienden cada noche
como un parapeto donde son izadas carnivoras
exploraciones de vinilo.
Da voluntad a cada muerte de la tierra.
Que el universo sea barrido por sí mismo
y la naturaleza, capaz en triturarse en tu espìritu
y tú en el de ella.
Grita y despierta al monólogo que hay en la locura
es el unico que por irracional dirá la verdad
de una noche.
Yo que solo puedo vivir la tempestad puedo decirlo
esa es mi verdad, una pequeña muerte
sumergida por la aurora
masticada por los ríos
ensortijada por papeles y aguas
mientras la creación presiona algo lejano
una plaga distante
una mafia
entre la vida y la muerte.
Escucha al mundo hablar de ello, pero al hacerlo alejate.
Pon distancia entre tù y todas las cosas que oyes
o percibes.
Y finalmente
Se màs artista aùn para que esa distancia no deje
de involucrate en su realidad, es decir
esa belleza - una de tantas- que el mal
ha dejado en nosotros.
Llamemosle esta noche por antonomasia
existencia.
Guillermo Isaac Mattos.
Lima Octu8bbre del 2008.
Azul Venereo
Por lo ofrecido soy sòlo
un craneo.
Una mezcla de agua en el lenguaje, el silencioso
redentor de
un idioma basado en mondadientes y
estrofas.
En esta noche de francotiradores.
En este azul cancelando antiguas argucias
de mi vida
me pregunto què serà de mi equipaje,
de todas las cosas que sugerì a la soledad,
para que arrastrara al lado de una llama
su tribunal, su paso erguido, ese
lampo al levantarse,
acompañado de efemerides
y crònicas de agua y sol
remedadas sin contratiempos
en lecciones de violìn y lluvia,
en celebraciones de granizo.
Tambièn un espacio,
Un poco del titan, quizà del siglo,
de mi època y apareadores
acercàndose sin motivos hacia ese palco
donde un teatro de ansia
muerde mi papel de infamia,
inmigrante en angeles de papel
despedazados por el verbo.
Y a veces -como ahora-
por el hombre.
II
No soy este que aquì vuelve a una ceremonia.
Tampoco soy el otro, ese anciano niño del lenguaje,
nadie fue ese tambièn que sin ropas
se deslumbrò en las esferas
del aura.
Cuando el universo estaba hecho de hados.
Yo creo que el mito, nos reconoce
cuando olvidamos el nombre y la partida,
la conscupicencia o la silueta, esa sustancia
con forma de rampla
donde fuselajes y dirigibles
cierran los ojos entre automoviles.
Y creeme, yo soy postmoderno,
un decadente vanguardista del mar,
un nihilismo conduciendo su anarquìa de
cera sin palabras
o sìlabas, yo soy ese bàculo
para subir a la azotea del redil
y caminar en làpidas insignificantes.
Todo en este mundo llena el mar de cementerios
y sepulcros, todo se defiende nocturno
en evangelios y trigos,
si el polen me dijera de que pàìs
llega su sonido, de què regiòn su acustica
dormirìa en mis manos ya sin parsimonia,
y sin duda acontecer serìa podredumbre
fuerza y làtigo de fenòmeno
practica de ortografìas
y estrenos.
No camino ni deletreo seres y calles,
mis epigonos buscan màstiles
como un espolon,
con excusas de ayer y tropos
literalmente exordios.
Tampoco falto a ladinos cumpleaños.
Decir ser es un aniversario, alguna ilustraciòn
con bordes de cintura y civilizaciòn,
un seno donde el aguila
ha visto que es una mujer quien amamanta
a los hombres, digo hombres.
Y no este azul
venereo.
Guillermo Isaac Paredes Mattos
Se potente como la brùjula del rocío.
Inunda y presagia sin que el amor lo sienta.
Envuelve cada expresión sin que la sensualidad
sea armonía, equilibrio de elementos
que descienden cada noche
como un parapeto donde son izadas carnivoras
exploraciones de vinilo.
Da voluntad a cada muerte de la tierra.
Que el universo sea barrido por sí mismo
y la naturaleza, capaz en triturarse en tu espìritu
y tú en el de ella.
Grita y despierta al monólogo que hay en la locura
es el unico que por irracional dirá la verdad
de una noche.
Yo que solo puedo vivir la tempestad puedo decirlo
esa es mi verdad, una pequeña muerte
sumergida por la aurora
masticada por los ríos
ensortijada por papeles y aguas
mientras la creación presiona algo lejano
una plaga distante
una mafia
entre la vida y la muerte.
Escucha al mundo hablar de ello, pero al hacerlo alejate.
Pon distancia entre tù y todas las cosas que oyes
o percibes.
Y finalmente
Se màs artista aùn para que esa distancia no deje
de involucrate en su realidad, es decir
esa belleza - una de tantas- que el mal
ha dejado en nosotros.
Llamemosle esta noche por antonomasia
existencia.
Guillermo Isaac Mattos.
Lima Octu8bbre del 2008.
Azul Venereo
Por lo ofrecido soy sòlo
un craneo.
Una mezcla de agua en el lenguaje, el silencioso
redentor de
un idioma basado en mondadientes y
estrofas.
En esta noche de francotiradores.
En este azul cancelando antiguas argucias
de mi vida
me pregunto què serà de mi equipaje,
de todas las cosas que sugerì a la soledad,
para que arrastrara al lado de una llama
su tribunal, su paso erguido, ese
lampo al levantarse,
acompañado de efemerides
y crònicas de agua y sol
remedadas sin contratiempos
en lecciones de violìn y lluvia,
en celebraciones de granizo.
Tambièn un espacio,
Un poco del titan, quizà del siglo,
de mi època y apareadores
acercàndose sin motivos hacia ese palco
donde un teatro de ansia
muerde mi papel de infamia,
inmigrante en angeles de papel
despedazados por el verbo.
Y a veces -como ahora-
por el hombre.
II
No soy este que aquì vuelve a una ceremonia.
Tampoco soy el otro, ese anciano niño del lenguaje,
nadie fue ese tambièn que sin ropas
se deslumbrò en las esferas
del aura.
Cuando el universo estaba hecho de hados.
Yo creo que el mito, nos reconoce
cuando olvidamos el nombre y la partida,
la conscupicencia o la silueta, esa sustancia
con forma de rampla
donde fuselajes y dirigibles
cierran los ojos entre automoviles.
Y creeme, yo soy postmoderno,
un decadente vanguardista del mar,
un nihilismo conduciendo su anarquìa de
cera sin palabras
o sìlabas, yo soy ese bàculo
para subir a la azotea del redil
y caminar en làpidas insignificantes.
Todo en este mundo llena el mar de cementerios
y sepulcros, todo se defiende nocturno
en evangelios y trigos,
si el polen me dijera de que pàìs
llega su sonido, de què regiòn su acustica
dormirìa en mis manos ya sin parsimonia,
y sin duda acontecer serìa podredumbre
fuerza y làtigo de fenòmeno
practica de ortografìas
y estrenos.
No camino ni deletreo seres y calles,
mis epigonos buscan màstiles
como un espolon,
con excusas de ayer y tropos
literalmente exordios.
Tampoco falto a ladinos cumpleaños.
Decir ser es un aniversario, alguna ilustraciòn
con bordes de cintura y civilizaciòn,
un seno donde el aguila
ha visto que es una mujer quien amamanta
a los hombres, digo hombres.
Y no este azul
venereo.
Guillermo Isaac Paredes Mattos
miércoles, 16 de noviembre de 2011
Poema
Poesía
Me incliné en la orilla,
pues legendaria contaba la arena
que alguna noche el mar había convertido en cenizas
tu cuerpo,
y de las olas
mi boca tomaba la espuma para volver a amarlo.
Yo te busqué,
pero en mis labios sólo había una aurora
y en ella resistía una estrella,
su brillo ahora es el signo que pervierte
cada noche,
y doblega el sacrificio
hasta aquella alada soledad,
donde nuestros ojos cifran su locura entre los mástiles
y nace la sensualidad en medio de las aguas,
en ese roce divisado por el eter
y en él condenado.
Pero te avisto aún, donde la escollera
ha descifrado mis entrañas,
y el muérdago es la savia donde tiempla
la creación como un abismo este instante.
Los dioses dentro de mi danzan hasta la muerte en él.
Guillermo Isaac Paredes Mattos
Me incliné en la orilla,
pues legendaria contaba la arena
que alguna noche el mar había convertido en cenizas
tu cuerpo,
y de las olas
mi boca tomaba la espuma para volver a amarlo.
Yo te busqué,
pero en mis labios sólo había una aurora
y en ella resistía una estrella,
su brillo ahora es el signo que pervierte
cada noche,
y doblega el sacrificio
hasta aquella alada soledad,
donde nuestros ojos cifran su locura entre los mástiles
y nace la sensualidad en medio de las aguas,
en ese roce divisado por el eter
y en él condenado.
Pero te avisto aún, donde la escollera
ha descifrado mis entrañas,
y el muérdago es la savia donde tiempla
la creación como un abismo este instante.
Los dioses dentro de mi danzan hasta la muerte en él.
Guillermo Isaac Paredes Mattos
sábado, 12 de noviembre de 2011
Epìlogo de un Sueño
Epílogo del Sueño
Tendré por respuesta una ventana.
La llave que llevo en cada paso mientras
voy por la arena
y algo escribe redentores debajo de las piedras
en el huir de una resaca
donde el misterio no quiere presentar su temple
y no comparo a nadie por temor a la humedad
a ese destinatario que sabe de lluvias
que dramatiza en la hoja
tanto que el arte termina
ni siquiera en el insomnio.
También pretenderé a la justicia
mientras fabulan los ojos
quimericos parajes para los osos
para emergencias en medio de una hoja
donde vas a representar el miedo
de enfrentar conocimientos sin finales ni principios
en tu mundo
donde tu garganta y la mía son un paladar.
Como tú caeré pues la creación no es de barro
ni su escencia,
camina con el idilio de una sensibilidad
mordiendo en las estelas,
crepitando sin voz
en una treta.
Diré de dios cuando quiera y este capricho
será mi plastilina,
lo debo a soberbias con rostro de carne
presenciando cortejos de galaxias
pretendiendo en mis ojeras
la posesión mas exacta,
esa que está llena de físicas
cuando todos sabemos que el amor es un mono
y aún se descuelga en las ramas.
Diré de dios porque juntos reimos
y nada ni nadie cae iluminado.
Basta una cascara para resbalarme.
Basta èsta arena donde camino, para
recordar algùn dìa todo lo que las
olas escribìan en la orilla.
Guillermo Isaac paredes mattos
Guillermo.
Tendré por respuesta una ventana.
La llave que llevo en cada paso mientras
voy por la arena
y algo escribe redentores debajo de las piedras
en el huir de una resaca
donde el misterio no quiere presentar su temple
y no comparo a nadie por temor a la humedad
a ese destinatario que sabe de lluvias
que dramatiza en la hoja
tanto que el arte termina
ni siquiera en el insomnio.
También pretenderé a la justicia
mientras fabulan los ojos
quimericos parajes para los osos
para emergencias en medio de una hoja
donde vas a representar el miedo
de enfrentar conocimientos sin finales ni principios
en tu mundo
donde tu garganta y la mía son un paladar.
Como tú caeré pues la creación no es de barro
ni su escencia,
camina con el idilio de una sensibilidad
mordiendo en las estelas,
crepitando sin voz
en una treta.
Diré de dios cuando quiera y este capricho
será mi plastilina,
lo debo a soberbias con rostro de carne
presenciando cortejos de galaxias
pretendiendo en mis ojeras
la posesión mas exacta,
esa que está llena de físicas
cuando todos sabemos que el amor es un mono
y aún se descuelga en las ramas.
Diré de dios porque juntos reimos
y nada ni nadie cae iluminado.
Basta una cascara para resbalarme.
Basta èsta arena donde camino, para
recordar algùn dìa todo lo que las
olas escribìan en la orilla.
Guillermo Isaac paredes mattos
Guillermo.
Las Brùjulas
La Noche de las Brùjulas
Es sòlo una brùjula y ellas no se pueden extinguir
en la soledad.
Es sòlo el pajaro porque un dìa habitarà ciudades
que no seràn celestes.
Y sumergido descubrirà que la cìtara de un hombre nunca
toca en vano.
Es este àrbol, su tradiciòn llega de espìritus que acariciaron la nieve
que caminaron por roces donde empieza el mar
y usurparon a los cisnes religiones.
Es sòlo una brùjula, por ello sòlo quiero un pedazo
de arena
donde mis alevines sean distancias mas distancias
que mis oraciones
y esta suplica sepa que nada dentro de ella podrìa conmoverla
màs que un pielago
que crece entre nodrizas, que aleja polares
estrategias donde sòlo la adolescencia es vencida,
por martires,
por trozos que llegan de la espuma
por este supuesto que no es forma de sal,
pero es herencia de un dolor que heredè de otros hombres
de aquellos idolatras que algo de heroes sostenìan
camino de la aurora y de los halos.
Pero el conocimiento cree cerrar sus oidos,
no oir entre cicatrices, no encontrar sus siluetas
entre los funerales
en ese albedrìo liturgiaco
tan grande como el gorjeo o el record
de lo que no es pecado,
para èl mis cruces y mis sudarios.
Es sòlo una brùjula.
Miràndola sè que un dìa se convertirà en màstil.
Y mi espìritu estarà en ella.
Guillermo Isaac paredes mattos
Es sòlo una brùjula y ellas no se pueden extinguir
en la soledad.
Es sòlo el pajaro porque un dìa habitarà ciudades
que no seràn celestes.
Y sumergido descubrirà que la cìtara de un hombre nunca
toca en vano.
Es este àrbol, su tradiciòn llega de espìritus que acariciaron la nieve
que caminaron por roces donde empieza el mar
y usurparon a los cisnes religiones.
Es sòlo una brùjula, por ello sòlo quiero un pedazo
de arena
donde mis alevines sean distancias mas distancias
que mis oraciones
y esta suplica sepa que nada dentro de ella podrìa conmoverla
màs que un pielago
que crece entre nodrizas, que aleja polares
estrategias donde sòlo la adolescencia es vencida,
por martires,
por trozos que llegan de la espuma
por este supuesto que no es forma de sal,
pero es herencia de un dolor que heredè de otros hombres
de aquellos idolatras que algo de heroes sostenìan
camino de la aurora y de los halos.
Pero el conocimiento cree cerrar sus oidos,
no oir entre cicatrices, no encontrar sus siluetas
entre los funerales
en ese albedrìo liturgiaco
tan grande como el gorjeo o el record
de lo que no es pecado,
para èl mis cruces y mis sudarios.
Es sòlo una brùjula.
Miràndola sè que un dìa se convertirà en màstil.
Y mi espìritu estarà en ella.
Guillermo Isaac paredes mattos
martes, 8 de noviembre de 2011
Segùn el Barro
De cada purga una oraciòn es sindrome de un rìo.
La acùstica de ese veneno
doràndose en una espina de acero.
Lejos o cerca de un idioma.
De cada lista, en una escena de lobos.
Poseida por el agua o la mùsica de un encantamiento.
Rondando en los parpados de un dedo.
Para ellos la sepia y el cartilago
una luna de carbòn
para ellos este mal que nunca se encuentra.
Y como corre entre lo literario,
verè arder sus atrios
antes que lleguen jueces y verdugos
lo persigan sonambulos en los collarines,
al lado del estrado o la cùpula
de lo que se siente.
Sì, arqueàndome entre la sensaciòn señalo.
Docil como una fuente de arqueros
disparando dardos a los astros.
Frecuentando salivas de barro
o a esa idea que trama poderes muy semejantes,
concebidos mientras la hoja nos detiene
en un crotalo de tinta.
Sì, desnudo en el incienzo del relàmpago
amparado en trotes que danzan.
Dudas de placeres traicionados por la arena
por un invierno de virtudes
asolando fardos
educaciones de fe en el metal,
ruidos de fondo en las sienes.
De cada espuela en el histriòn del halo
supurando la ultima victoria de los ojos.
La realidad es como un valor que nace entre prisioneros
un coro de percusiones
dotadas de murallas donde grita un niño
perverso como el horror de una silaba amarilla.
Guillermo.
La acùstica de ese veneno
doràndose en una espina de acero.
Lejos o cerca de un idioma.
De cada lista, en una escena de lobos.
Poseida por el agua o la mùsica de un encantamiento.
Rondando en los parpados de un dedo.
Para ellos la sepia y el cartilago
una luna de carbòn
para ellos este mal que nunca se encuentra.
Y como corre entre lo literario,
verè arder sus atrios
antes que lleguen jueces y verdugos
lo persigan sonambulos en los collarines,
al lado del estrado o la cùpula
de lo que se siente.
Sì, arqueàndome entre la sensaciòn señalo.
Docil como una fuente de arqueros
disparando dardos a los astros.
Frecuentando salivas de barro
o a esa idea que trama poderes muy semejantes,
concebidos mientras la hoja nos detiene
en un crotalo de tinta.
Sì, desnudo en el incienzo del relàmpago
amparado en trotes que danzan.
Dudas de placeres traicionados por la arena
por un invierno de virtudes
asolando fardos
educaciones de fe en el metal,
ruidos de fondo en las sienes.
De cada espuela en el histriòn del halo
supurando la ultima victoria de los ojos.
La realidad es como un valor que nace entre prisioneros
un coro de percusiones
dotadas de murallas donde grita un niño
perverso como el horror de una silaba amarilla.
Guillermo.
Jardìn de Fuego
Creo en los ruidos sobre una espada de agua
respirando los elementos de un insomne pétalo
el que aún recorre la trama de mis dedos.
Respiro en esa ventana sin vidrios ni reflejos
asustado entre fanáticas leyendas
ascendiendo por el barro
con su música de aceite.
Estoy en las paredes de una luna
asumiendo candelabros muy cerca del carbón
pero alejado del diamante.
Me persigno en cada botella
aún sin superficies y recito margenes de aros
donde el péndulo trama la intuición del sueño
colorado como un día de luciernagas
en una boca ciega.
Enumero la ceniza de mis uñas
el papel sagrado de mis naipes
este contiguo inhalar mientras mis ojos
de la mirada se separan.
Recorro en mis pasos y aunque debiera caminar
los recorro,
y es paralelo, la estela vuelve a su pasado
el grito va enmudeciendo las campanas
el planeta de un átomo vencido y disecado
en una máscara de lluvia
en un atrio de ciudades entregadas por un hilo
que un oso navega en cicutas de albumina.
Creo en este momento como un verbo muy
lejos de sí mismo
ausente en el respiro de mi mano
o el latido seco de una osamenta
preguntando epiteleos
en la sabiduría del murcielago.
Por ello cuadrados y confines
son mis tremantes.
Vórtices sobre temerarias esperas
dentro de la arena
noticias de que hoy el mundo empieza.
Destruyendo este jardín
de fuego.
Guillermo Isaac Paredes Mattos
respirando los elementos de un insomne pétalo
el que aún recorre la trama de mis dedos.
Respiro en esa ventana sin vidrios ni reflejos
asustado entre fanáticas leyendas
ascendiendo por el barro
con su música de aceite.
Estoy en las paredes de una luna
asumiendo candelabros muy cerca del carbón
pero alejado del diamante.
Me persigno en cada botella
aún sin superficies y recito margenes de aros
donde el péndulo trama la intuición del sueño
colorado como un día de luciernagas
en una boca ciega.
Enumero la ceniza de mis uñas
el papel sagrado de mis naipes
este contiguo inhalar mientras mis ojos
de la mirada se separan.
Recorro en mis pasos y aunque debiera caminar
los recorro,
y es paralelo, la estela vuelve a su pasado
el grito va enmudeciendo las campanas
el planeta de un átomo vencido y disecado
en una máscara de lluvia
en un atrio de ciudades entregadas por un hilo
que un oso navega en cicutas de albumina.
Creo en este momento como un verbo muy
lejos de sí mismo
ausente en el respiro de mi mano
o el latido seco de una osamenta
preguntando epiteleos
en la sabiduría del murcielago.
Por ello cuadrados y confines
son mis tremantes.
Vórtices sobre temerarias esperas
dentro de la arena
noticias de que hoy el mundo empieza.
Destruyendo este jardín
de fuego.
Guillermo Isaac Paredes Mattos
Las Guerras Màgicas
Las Guerras Mágicas
Barcos de un hilo hacia el sol, tripulante de abismos,
en el corazón no encontarás respuestas.
Pétalo de un universo sin amar ideologías,
verso de una tierra denunciada por el barro.
Qué hay detrás de la ceniza que busca el fuego,
ésta huella sigiloza como la práctica del átomo.
Como el color de la extinción, cuando la espuma
toca mi puerta convertida en acuario.
Hace tiempo deje el puñal como una fantasía,
disparando voces sobre el metal y el acero.
Hace tiempo mi percusión es de botines y mitones
y miro el sol en el vicio del aura mas ardiente.
Hoy mundo ya no queda tu adolescencia
delirando en la habitación del heroe y de la idolatría.
Y el enjambre lleva pigmentos y sólo sal
es lo que encontrará quien camina hacia el desierto.
Barcos de un aro sigilozo como las escamas
sin decir su nombre a los peces.
Miedo del que toca y del que presiente
cuantas veces crecerá esta noche en mi cuello.
Seca, lúcida como una dimensión de nieve
o una ciudad conquistada por el granizo.
Camina sed, no vaya a ser que nos alcanze el agua
saciado sólo se llega a un lecho.
Contempla mano, para ti es este enjambre lleno de lunas
mi constelación dorada por el epitafio.
Mira hemisferio, estamos lejos y sólo nos tocamos
dado que el viento es irracional y loco.
Barcos de un limbo hacia el mar, aqui una clepsidra
sigue la ráfaga de los pergaminos.
Y el viento equivoca todo lo que es seguro
antes de mancharse de verdades.
Es asi y asi será, miraré el mercurio de una trinidad
perdida entre mis guerras mágicas.
Guillermo Isaac Paredes Mattos
Barcos de un hilo hacia el sol, tripulante de abismos,
en el corazón no encontarás respuestas.
Pétalo de un universo sin amar ideologías,
verso de una tierra denunciada por el barro.
Qué hay detrás de la ceniza que busca el fuego,
ésta huella sigiloza como la práctica del átomo.
Como el color de la extinción, cuando la espuma
toca mi puerta convertida en acuario.
Hace tiempo deje el puñal como una fantasía,
disparando voces sobre el metal y el acero.
Hace tiempo mi percusión es de botines y mitones
y miro el sol en el vicio del aura mas ardiente.
Hoy mundo ya no queda tu adolescencia
delirando en la habitación del heroe y de la idolatría.
Y el enjambre lleva pigmentos y sólo sal
es lo que encontrará quien camina hacia el desierto.
Barcos de un aro sigilozo como las escamas
sin decir su nombre a los peces.
Miedo del que toca y del que presiente
cuantas veces crecerá esta noche en mi cuello.
Seca, lúcida como una dimensión de nieve
o una ciudad conquistada por el granizo.
Camina sed, no vaya a ser que nos alcanze el agua
saciado sólo se llega a un lecho.
Contempla mano, para ti es este enjambre lleno de lunas
mi constelación dorada por el epitafio.
Mira hemisferio, estamos lejos y sólo nos tocamos
dado que el viento es irracional y loco.
Barcos de un limbo hacia el mar, aqui una clepsidra
sigue la ráfaga de los pergaminos.
Y el viento equivoca todo lo que es seguro
antes de mancharse de verdades.
Es asi y asi será, miraré el mercurio de una trinidad
perdida entre mis guerras mágicas.
Guillermo Isaac Paredes Mattos
El Naipe Rojo
En este universo donde aprendí
del agua y del sueño.
Cuando empezaba en la luz a derramar
una gota de vidrio.
En el instante de la jabalina y de la antorcha.
Tan antiguo como un hermeneuta que cuenta ciudades
a través de su boca.
Yo soy este mástil, mi navío cruza los cielos
e igual que el cielo
para ver mi reflejo tengo que mirarme en el mar.
Elegí, lo mismo que el viento el lugar del hemisferio
para azotar la ráfaga
y entregarla una y otra vez a los cefiros
domada, hecha inocencia
porque la inocencia
es uno de los exhalos de la inspiración.
Soy tan profundo que tengo miedo de rozar superficies
por eso me leo a mí mismo
y si quiero hablar de la creación
miro a mis entrañas.
Mi ironía es lúcida
como una tormenta arrastrando existencias
o intensidades de árboles
en el rito del murcielago.
Soy un nombre
pero más que un nombre soy una experiencia
un fenómeno que desciende de los celajes
para agitarme junto al cuello
de la providencia.
Nunca he sido invitado a mi mundo.
Yo mismo me lo he negado
hay un lugar de mi soledad que no lo merece.
Hay en esa pretensión una mortal sutileza.
De mi ignorancia conozco tanto el mar
como el suplicio
y como la ola o el relámpago
me bato solo contra las piedras
o lo alto.
Por ello a mi lado
hay un icaro que cae a cada instante muere
sin haber tocado el cielo.
Guillermo Paredes Mattos.
del agua y del sueño.
Cuando empezaba en la luz a derramar
una gota de vidrio.
En el instante de la jabalina y de la antorcha.
Tan antiguo como un hermeneuta que cuenta ciudades
a través de su boca.
Yo soy este mástil, mi navío cruza los cielos
e igual que el cielo
para ver mi reflejo tengo que mirarme en el mar.
Elegí, lo mismo que el viento el lugar del hemisferio
para azotar la ráfaga
y entregarla una y otra vez a los cefiros
domada, hecha inocencia
porque la inocencia
es uno de los exhalos de la inspiración.
Soy tan profundo que tengo miedo de rozar superficies
por eso me leo a mí mismo
y si quiero hablar de la creación
miro a mis entrañas.
Mi ironía es lúcida
como una tormenta arrastrando existencias
o intensidades de árboles
en el rito del murcielago.
Soy un nombre
pero más que un nombre soy una experiencia
un fenómeno que desciende de los celajes
para agitarme junto al cuello
de la providencia.
Nunca he sido invitado a mi mundo.
Yo mismo me lo he negado
hay un lugar de mi soledad que no lo merece.
Hay en esa pretensión una mortal sutileza.
De mi ignorancia conozco tanto el mar
como el suplicio
y como la ola o el relámpago
me bato solo contra las piedras
o lo alto.
Por ello a mi lado
hay un icaro que cae a cada instante muere
sin haber tocado el cielo.
Guillermo Paredes Mattos.
La Dimensiòn del Ala
La dimensiòn del Ala
Era como escribir dentro de un pàjaro.
Concebir una luz como lo temerario
descifrando el grial del conocimiento.
Habìa una luna, tenìa el cìrculo del eter
la verdad de esa tentaciòn oyendo extravismos
que dios abandono entre los àngeles.
Habìa una noche porque el rocìo esta alejandose
a cada momento de la muerte
para herir su belleza.
Luces de ensueño
androginas como un àrbol caido.
Cuando llegue al mar contarè de que iris estaba
hecho el universo
y cuando el cielo no tenga ningun astro
para mìs sienes
dirè a la soledad que el tiempo
de los centauros se ha cumplido
y volverè a ciudades destruidas por mis dedos
caminarè entre pasadizos de alambre
aquellos que ofrecen entre la inspiraciòn su espina.
Es como escribir en la nieve
dormir para ver el dìa
desde otro momento
la sutileza donde el ardid es celeste
para compararse a la ceniza
a este candelabro que entrega naves profundas
para acariciar como el dolor las superficies
ese dolor tan lucido a la hora de ser purificado
por la muerte
en una dimensiòn como el ala.
Guillermo Isaac Paredes Mattos
Era como escribir dentro de un pàjaro.
Concebir una luz como lo temerario
descifrando el grial del conocimiento.
Habìa una luna, tenìa el cìrculo del eter
la verdad de esa tentaciòn oyendo extravismos
que dios abandono entre los àngeles.
Habìa una noche porque el rocìo esta alejandose
a cada momento de la muerte
para herir su belleza.
Luces de ensueño
androginas como un àrbol caido.
Cuando llegue al mar contarè de que iris estaba
hecho el universo
y cuando el cielo no tenga ningun astro
para mìs sienes
dirè a la soledad que el tiempo
de los centauros se ha cumplido
y volverè a ciudades destruidas por mis dedos
caminarè entre pasadizos de alambre
aquellos que ofrecen entre la inspiraciòn su espina.
Es como escribir en la nieve
dormir para ver el dìa
desde otro momento
la sutileza donde el ardid es celeste
para compararse a la ceniza
a este candelabro que entrega naves profundas
para acariciar como el dolor las superficies
ese dolor tan lucido a la hora de ser purificado
por la muerte
en una dimensiòn como el ala.
Guillermo Isaac Paredes Mattos
Manantiales de Sangre
Antes que intuir, percibir simboliza un calle.
Despues caminar es ya un mundo seco.
Un lugar que ha perdido la realidad de sus ojos
un corazón que pudo transformarlo en espíritu
un desierto para que lo haga encontrarse con el verbo.
Antes que intuir el pensamiento regresa a una noche
a una mandibula, a una ventana
y es seguro morir y renacer como lo hace un momento.
Cúal será su secreto.
Las luces se abren ahora, sus esqueletos son de fuego.
sus átomos se dividen entre bolidos que buscan infiernos
como lo invisible,
ascenciones como la poética de un hilo en los dedos
de una página vacía en las manos.
Cuéntame herida, que abrías hecho si no te hubiera creado.
Si mi frente no te hubiera tomado del dolor
para transformarte en idea.
Dime barro, cuantos dias recogen la necesidad
de esa generación que muere entre trenes,
segura como un cristal en el vidrio
como un oráculo en el sueño.
Antes que intuir, el universo es un lecho
y aunque haya construido una cama para posar mi cuerpo
se que un un día la eternidad me llevará hacia él.
Fulgores de un rapto donde la nieve es perpetua
mortales solsticios hoy golpean mi cara.
Porqué el olvido no me encontró antes que
este malabarismo.
Este amanecer que semeja siempre fortalezas
de hierba
contando en el filo del celajes de un labio
de una centella cayendo en el pecho.
Porque sólo asi se construyen manantiales
de sangre.
Guillermo Paredes Mattos
Despues caminar es ya un mundo seco.
Un lugar que ha perdido la realidad de sus ojos
un corazón que pudo transformarlo en espíritu
un desierto para que lo haga encontrarse con el verbo.
Antes que intuir el pensamiento regresa a una noche
a una mandibula, a una ventana
y es seguro morir y renacer como lo hace un momento.
Cúal será su secreto.
Las luces se abren ahora, sus esqueletos son de fuego.
sus átomos se dividen entre bolidos que buscan infiernos
como lo invisible,
ascenciones como la poética de un hilo en los dedos
de una página vacía en las manos.
Cuéntame herida, que abrías hecho si no te hubiera creado.
Si mi frente no te hubiera tomado del dolor
para transformarte en idea.
Dime barro, cuantos dias recogen la necesidad
de esa generación que muere entre trenes,
segura como un cristal en el vidrio
como un oráculo en el sueño.
Antes que intuir, el universo es un lecho
y aunque haya construido una cama para posar mi cuerpo
se que un un día la eternidad me llevará hacia él.
Fulgores de un rapto donde la nieve es perpetua
mortales solsticios hoy golpean mi cara.
Porqué el olvido no me encontró antes que
este malabarismo.
Este amanecer que semeja siempre fortalezas
de hierba
contando en el filo del celajes de un labio
de una centella cayendo en el pecho.
Porque sólo asi se construyen manantiales
de sangre.
Guillermo Paredes Mattos
lunes, 7 de noviembre de 2011
Lances de Vidrio
Empezemos.
La barbarie tenìa color y aunque borraba su espìritu
cada noche entre laberintos
aprendìa y aprendìa
como quien sube murallas
o se detiene a contemplar sexualmente
a los vidrios.
Señores de abecedarios y universales lirismos
desprendìan motines y larvas neoliberales.
Yo sòlo buscaba un sentido.
Un universo lleno de recuerdos pero en el futuro.
Mi hoy pertenecìa al presente, es cierto, pero
ese presente era vil y pretencioso
y mi corazòn buscaba la belleza
del misterio
en minotauros atroces.
Ya he escrito de ello. Padezco de imaginaciòn
esta noche, la pureza de mis dados lo sabe.
Los he arrojado al agua mas de una vez y sucede
que al evocar un hilo hay màs de un descenlace,
estoy improvisando para ver que sucede,
el mar es rojo, celeste la locura del sol,
la demencia del brillo pierde lentamente su estatura
y de centigrado a centigrado, jamàs
he de medirla.
Jamàs...
Guillermo Isaac Paredes Mattos.
La barbarie tenìa color y aunque borraba su espìritu
cada noche entre laberintos
aprendìa y aprendìa
como quien sube murallas
o se detiene a contemplar sexualmente
a los vidrios.
Señores de abecedarios y universales lirismos
desprendìan motines y larvas neoliberales.
Yo sòlo buscaba un sentido.
Un universo lleno de recuerdos pero en el futuro.
Mi hoy pertenecìa al presente, es cierto, pero
ese presente era vil y pretencioso
y mi corazòn buscaba la belleza
del misterio
en minotauros atroces.
Ya he escrito de ello. Padezco de imaginaciòn
esta noche, la pureza de mis dados lo sabe.
Los he arrojado al agua mas de una vez y sucede
que al evocar un hilo hay màs de un descenlace,
estoy improvisando para ver que sucede,
el mar es rojo, celeste la locura del sol,
la demencia del brillo pierde lentamente su estatura
y de centigrado a centigrado, jamàs
he de medirla.
Jamàs...
Guillermo Isaac Paredes Mattos.
Poètica del Suicida
Ser simplemente, como el verbo ser lo intenta.
Tener la intenciòn màs allà de la intenciòn y màs aùn recoger un pedazo,
un trozo de nosotros que hable y no pronuncie, que manifieste y olvide elementos,
que sepa de la escencia las cosas mundanas que descubrì entre mis habitos,
despuès de eso el mar, las miles de orillas que pueden hablar màs de mì
que cualquier silencio.
La verdad-quizà la mentira- nunca me podrè comparar a ese silencio.
Despuès de ello, el punto puede decir lo inasible, pues acaba con una oraciòn,
incluso con el verso, es un poco de pànico y desesperaciòn situarse ante ello,
pero pànico y desesperaciòn revelan que la poesia
no està libre de lo atroz, esteticamente hablando.
Ser simplemente, abocarse gramàtico a las cosas de las cosas,
ser inteligente en la medida que la providencia nos deja aquella lucides
que cae de los pàjaros, para quien escribe, los pàjaros son sòlo tòpicos
pero el asunto es que siempre estan diciendo cosas màs allà de ellos.
Por ello, yo busco testigos en la arena, en aquello llamado orilla
ante ella, miles de noches descubrì que la historria verdadera - si es que existe algo verdadero-
nunca se escribe.
Se escribe de la luna, de los movimientos
de un suicida que habla de suicidios, porque en el fondo
no tiene la voluntad para terminar esa palabra.
Y una palabra empieza en la creaciòn, pero termina en la vida.
Mi espiritu no ha llegado a ese momento.
Ni siquiera sè como descubrirlo, tampoco oirlo, he ido nada màs
por la vida, ligado a la existencia, ligado a las superficies,
intentando asesinat lo profundo que supuestamente
hay en ellas.
Ser simplemente, tan simple como una mentira, como una sentencia
en forma de agua.
En realidad yo debì haber nacido en el agua.
Pero alguien quiso que un ser me expulsara de su vientre.
Desdde entonces estoy perdido.
Y estarè perdido, para ello he desarrollado narcicismos
y fetichismos semejantes a la aurra y tambièn a los crepùsculos,
desde entonces, cualquier contorsion del verbo ya no es gramatica
y siento lastima de mi gramaticalidad, de mi semantica
màs aùn cuando busca significados en la ceniza
en el atomo de cualquier tropiezo
y quien habla es artista de tropiezos y antorchas,
a mì me gustaria que los trapecistas hubieran llevado en vez de garrochas antorchas.
Asi se hubieran quemado
y hubiera sido facilmente.
Guillermo Isaac Paredes Mattos.
Tener la intenciòn màs allà de la intenciòn y màs aùn recoger un pedazo,
un trozo de nosotros que hable y no pronuncie, que manifieste y olvide elementos,
que sepa de la escencia las cosas mundanas que descubrì entre mis habitos,
despuès de eso el mar, las miles de orillas que pueden hablar màs de mì
que cualquier silencio.
La verdad-quizà la mentira- nunca me podrè comparar a ese silencio.
Despuès de ello, el punto puede decir lo inasible, pues acaba con una oraciòn,
incluso con el verso, es un poco de pànico y desesperaciòn situarse ante ello,
pero pànico y desesperaciòn revelan que la poesia
no està libre de lo atroz, esteticamente hablando.
Ser simplemente, abocarse gramàtico a las cosas de las cosas,
ser inteligente en la medida que la providencia nos deja aquella lucides
que cae de los pàjaros, para quien escribe, los pàjaros son sòlo tòpicos
pero el asunto es que siempre estan diciendo cosas màs allà de ellos.
Por ello, yo busco testigos en la arena, en aquello llamado orilla
ante ella, miles de noches descubrì que la historria verdadera - si es que existe algo verdadero-
nunca se escribe.
Se escribe de la luna, de los movimientos
de un suicida que habla de suicidios, porque en el fondo
no tiene la voluntad para terminar esa palabra.
Y una palabra empieza en la creaciòn, pero termina en la vida.
Mi espiritu no ha llegado a ese momento.
Ni siquiera sè como descubrirlo, tampoco oirlo, he ido nada màs
por la vida, ligado a la existencia, ligado a las superficies,
intentando asesinat lo profundo que supuestamente
hay en ellas.
Ser simplemente, tan simple como una mentira, como una sentencia
en forma de agua.
En realidad yo debì haber nacido en el agua.
Pero alguien quiso que un ser me expulsara de su vientre.
Desdde entonces estoy perdido.
Y estarè perdido, para ello he desarrollado narcicismos
y fetichismos semejantes a la aurra y tambièn a los crepùsculos,
desde entonces, cualquier contorsion del verbo ya no es gramatica
y siento lastima de mi gramaticalidad, de mi semantica
màs aùn cuando busca significados en la ceniza
en el atomo de cualquier tropiezo
y quien habla es artista de tropiezos y antorchas,
a mì me gustaria que los trapecistas hubieran llevado en vez de garrochas antorchas.
Asi se hubieran quemado
y hubiera sido facilmente.
Guillermo Isaac Paredes Mattos.
miércoles, 2 de noviembre de 2011
Idea del Centauro
En medio del desasimiento.
En esa idea llamada centauro y su sensibilidad
sin ortodoxia, sin hojas
iluminadas por reflejos de trance y destino.
Debo asumirlo, la palabra no es sòlo hipnòtica.
Actuaciones de mar y comentarios en sus venas
de exegesis y anagogìas. Mirar en la interpretaciòn
es definir en imperios de nervios,
una noche comparandose en mi habitaciòn
con el bulto y la pisada,
con la facilidad y la dificultad de una cosa.
Pero ante dios, sabemos que el oceano jamàs serà pràctico
que mi recorrido jamàs tendrà la apariencia
ni la demostraciòn entre apogeos
y primaveras
de que solemnes puñales reinan en mis sueños.
Por ello yerro a la deriva en sus horizontes.
En sonidos y fìsicos ruegos.
En gravitaciones
donde la lògica se olvida de todas las cosas
para poder acariciarse.
Y esto lo contemplo desde el agua.
Y al darle un nombre tengo que regresar al tìtulo de esto.
Decirlo ante luminosa noche -otra vez- idea
del centauro.
Guillermo Isaac paredes Mattos
En esa idea llamada centauro y su sensibilidad
sin ortodoxia, sin hojas
iluminadas por reflejos de trance y destino.
Debo asumirlo, la palabra no es sòlo hipnòtica.
Actuaciones de mar y comentarios en sus venas
de exegesis y anagogìas. Mirar en la interpretaciòn
es definir en imperios de nervios,
una noche comparandose en mi habitaciòn
con el bulto y la pisada,
con la facilidad y la dificultad de una cosa.
Pero ante dios, sabemos que el oceano jamàs serà pràctico
que mi recorrido jamàs tendrà la apariencia
ni la demostraciòn entre apogeos
y primaveras
de que solemnes puñales reinan en mis sueños.
Por ello yerro a la deriva en sus horizontes.
En sonidos y fìsicos ruegos.
En gravitaciones
donde la lògica se olvida de todas las cosas
para poder acariciarse.
Y esto lo contemplo desde el agua.
Y al darle un nombre tengo que regresar al tìtulo de esto.
Decirlo ante luminosa noche -otra vez- idea
del centauro.
Guillermo Isaac paredes Mattos
Rosa Blanca
La rosa blanca
Uno sabe, se pregunta cosas. Es como no saber
y no saber significa que pase lo que pase, estaré siempre
en mis calles, dabajo de mis árboles, lo siento por mí y por aquellos
que pensaron que los versos viven más que un alma.
Bueno, en el fondo no lo siento por nadie, quien ha ido más alla
puede percibirme. Pero ello no importa.
Soy un hombre solitario, un hombre que escribe nada más.
Hoy podía hablar de metáforas, de figuras, de metatextos, en fín
pero eso es snobismo
por ello ya no leo poetas modernos,
sólo veo, sólo miro, si mi destino es cruzar este camino sólo
a mi alma le sobran espíritus para hacerlo.
Cuando escribes un primer poema no sabes si eres niño o estás frente al mar, el mar nos llama
para que cantemos y asi sucede.
Dicen que existen seres cuya epoca no es esta,
seres que no entregan un solo pedazo de su corazón -ni lobos ni corderos-
seres que siguen su camino nada más.
En su camino hay rosas que se cruzan su boca para acariciralo
mi vida convirtio esa caricia en magia,
dudo que alguien al encontrar una rosa, pueda darle el corazón de la magia.
Existen son pocos, sugiero que es mejor olvidar ese academicismo
para explicar el encuentro con la rosa.
A una rosa sólo no hay que oirla desde el lenguaje de sus petalos.
Lo que esperas de una rosa es imposible que puedo darlo....y no hay razón que pueda explicarlo.
La explicación es un prostibulo.
Me río de aquellos que buscan vanguardias, porfavor, los profetas
ya atravesaron el desierto...Allá ellos si no pudieron salir de ese desierto,
pero patetico es seguir y decir lo que esos profetas dijeron.
Esa es sabiduría, pero patetica.
Y quien escribe prefiere su tragicomedia.
Aqui estan mis reglas, este es mi mundo, cuando leo
despierto y elevo cualquier momento
igual que una demagogía elevando palabras sin ningun sentido.
Palabras.
Que jamás serán las de la rosa.
Guillermo IIsaac mattos.
Uno sabe, se pregunta cosas. Es como no saber
y no saber significa que pase lo que pase, estaré siempre
en mis calles, dabajo de mis árboles, lo siento por mí y por aquellos
que pensaron que los versos viven más que un alma.
Bueno, en el fondo no lo siento por nadie, quien ha ido más alla
puede percibirme. Pero ello no importa.
Soy un hombre solitario, un hombre que escribe nada más.
Hoy podía hablar de metáforas, de figuras, de metatextos, en fín
pero eso es snobismo
por ello ya no leo poetas modernos,
sólo veo, sólo miro, si mi destino es cruzar este camino sólo
a mi alma le sobran espíritus para hacerlo.
Cuando escribes un primer poema no sabes si eres niño o estás frente al mar, el mar nos llama
para que cantemos y asi sucede.
Dicen que existen seres cuya epoca no es esta,
seres que no entregan un solo pedazo de su corazón -ni lobos ni corderos-
seres que siguen su camino nada más.
En su camino hay rosas que se cruzan su boca para acariciralo
mi vida convirtio esa caricia en magia,
dudo que alguien al encontrar una rosa, pueda darle el corazón de la magia.
Existen son pocos, sugiero que es mejor olvidar ese academicismo
para explicar el encuentro con la rosa.
A una rosa sólo no hay que oirla desde el lenguaje de sus petalos.
Lo que esperas de una rosa es imposible que puedo darlo....y no hay razón que pueda explicarlo.
La explicación es un prostibulo.
Me río de aquellos que buscan vanguardias, porfavor, los profetas
ya atravesaron el desierto...Allá ellos si no pudieron salir de ese desierto,
pero patetico es seguir y decir lo que esos profetas dijeron.
Esa es sabiduría, pero patetica.
Y quien escribe prefiere su tragicomedia.
Aqui estan mis reglas, este es mi mundo, cuando leo
despierto y elevo cualquier momento
igual que una demagogía elevando palabras sin ningun sentido.
Palabras.
Que jamás serán las de la rosa.
Guillermo IIsaac mattos.
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