En el andrógino cielo donde se suspenden los barcos
junto al auroral sortilegio de lo que amanece
en su purgatorio de alas vencidas por la nieve.
En amarillas avaricias donde cae un juramento
y la lealtad es de agua y luminoso el sacrificio
abre praderas de enjambres junto al deseo y el polen.
En el trecho de un confín tomado por el ansia
y el hilo del fulgor rozando trementinas
angeles de lluvia y coral junto al deseo.
Como un eco de renuncias que ocultan su sueño
asi en el follaje del nuestro hay uno secreto
esperando el camino de su fervor inasible.
Allí fervientes ebrios son climax de ráfagas
se une el caballo a su herejía de espuma
e idolatran los dedos una estela de pétalo.
Pero la corriente y el corazón son quienes labran
en tierras de astros sin ningun evangelio
adivinando cada noche de donde llegan las pisadas.
En el androgino cielo soy el azul dos veces
por que allí esta hablando el destino
la rosa del destino ardiendo en sus cenizas.
Y es ajeno el horizonte y la silueta de un ídolo
se pierde en fantásticas mañanas con el verbo
irisando hasta el amor o el dolor una palabra.
Invisibles redentores de arenas y piedras
despierta el agua de la savia, temblorosa
en el légado de un pájaro en la fortaleza.
Lenguaje de un himno entre profundas hojas
cada una buscando un nuevo pergamino
una especie de rada y su violenta escollera.
Su resina en la nube, su pulcritud de barro
he reido en la linfa de un claro meridiano
sopesándome como un átomo sin pubertades.
Toma este labio perdido entre la niebla
domador de sonidos, pertrecho sòlo de su alma
mira su forma batiendose entre heraldos.
Y en su cartel de grial que no sea remiscencia
encuentra lo que contemplo en el sueño
y ve más lejos de donde él ha llegado.
Guillermo Paredes Mattos
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