lunes, 16 de abril de 2012

Maniobras de Arlequìn

Creo en la noche y es una tierra escondida
amarilla de vientos que viajan al sacrificio
y despuès eligen su aurora trashumante.
Cuartos de libèlulas quebrandose en la nave
de un jardìn que liba el amor y el veneno
de un satiro que ruta la gota y las estrellas.
Deseo de un mar en la reminiscencia
de una hora que es brùjula y no retorno
de un manantial sin aguas llegando al sueño.
Tengo un halo en el confìn de mi centella
un vidrio como el sol en la espuma,
un juglar en la inocencia como el miedo.
Hay soplos que quiebran la pureza
hasta idilios de arena en todas las pisadas
huellas de incendios acariciando la rosa.
Hay navegaciones de esferas en todo suplicio
y estela lo amado un brillo de botellas
de naipes que reciben cisnes de plomo.
Hay busquedas que van de la noche a los ojos
reos nocturnos como el hilo del bronce,
extasiando un puñal en lluvias pasajeras.
Creo en carabelas que hunden dimensiones
ilusiones de un cetro que hurga en la entraña
de un exilio que juega con la luz en la arena.
Creo en la ceniza como un dìa de espuma
hasta caer en pupilas de titanes que mienten
su pasiòn de soledad en cada luna.
Es un corcel ese lugar excita los reinados
de un listòn que cae a travès de los sonidos
como un horizonte en su memoria de vacios.





Guillermo Isaac Paredes Mattos

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