martes, 24 de abril de 2012

Los Evangelios Verdes

En cada raíz un criminal, un misterio de rojos.
El dios trashumante y el hombre poseido.

Los elementos carnivoros del agua,
los testimonios.

De cara al evangelio un histriónico àngel
busca espacios de mirra clavados por el sueño
en coronas de barro y luces de madera.

El día es sepulcral, despierta ese trono
donde dos mares perseveran dentro del pájaro
y recuerdan que el vuelo sólo
es el ojo del verbo.

Máquinas de espectros y tesoros
el día se hace igual a un purgatorio
sólo que la nada purga condenas
y el dragón es una sien y la mirada indómita
propia de un halo entre verdes demonios.

En cada raíz un terminal, una dinastía de rostros
empujando la corte de inquisidores de arena
succionando biologías entre la existencia y los árboles.

Después un noctambulo
su diurno espejismo,
la espada de un calendario
y el vicio de sus maleficios,
tocando el espíritu de todas
de las cadenas.






Guillermo Isaac Paredes Mattos

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