martes, 10 de abril de 2012

El Resplandor del friaje

El pétalo es el confin por donde trepa la noche,
una orilla de nieve, un epitafio en el cual
el universo termina y nacen como el mar los dioses
rodeados de arena. Circula sobre ese corazón
una silueta, hija del arrebato y de la sombra
aún pervierte, hasta el sueño cada ocaso
y cada renacer entre piélagos y espumas,
entre enjambres de nieve que recitan su soplo
en cada soledad, en el aire raido de un dolor
y en el estigma que trepana entre frentes lo sagrado,
la estirpe sobre la corola disecando un aura,
la metafora perdida en el azul y ese himno
roto y desenfundado por la nada.

Y es como un muecin donde persigo otra tierra
el cefiro de un cuerpo atravesado por un mástil
y el amanecer allì, recordando cadenas
eslabones secandose ante el sol,
y ese ruido de una amápola
en el cetrino respirar de un laberinto,
amarillo entre las hojas cuando llega el verano
y la noche es el vastago que cuenta en los labios
los pájaros sedientos, el espíritu en ellos
eternamente anhelando. Sí, estamos condenados
nada saciara esta sed, nada esta hambre
si he despertado hacia la luz no es por la oscuridad,
si he ido hasta el amor, no es por otra vida
si he soñado un cuerpo, no fue por el simbolo
que había en tus labios. Heme aqui debajo de las brujulas
que acarician el infierno, hasta una savia amainandose
en los brazos de la eternidad, convirtiendo en un juguete
el horizonte.




Guillermo Isaac Paredes Mattos

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