Porqué hoy sólo queda una esquina
y en ella èste ser sigue máquinas
de desprecio.
Tanto pájaro a mi alrededor me recuerda
que mi tarea de asesino no acaba,
ellos tuvieron mi corazón una noche
para victimarme,
pero me abandonaron a esta silueta
desasida o sigiloza dada mi circunferencia,
escarbada por un elixir
o un tropo.
Pero la sal enfrenta memorias
y en cada sepulcro la experiencia describe
o mutila,
y caminan los halos
como una generación que examina el mundo
en el acento del músculo
llamado oreja
Hasta la nieve es la única que detiene
el invierno
y una conjunción une sentidos de agua
llevados por mi semántica...
ah mi semántica,
si pudiera recoger la matemàtica que rueda en
su aurora,
finalmente convertido en simbolo
me perdería en su craneo.
Pero artista de trapecios
despierto como el último habitante del sonido
presto a desertar como una pupila
arrojada a la llamarada
del viento o la corriente
dictada por el celo.
Y sobre cada espejismo
doy a mi existencia el jardín del vidrio
para recordar si puedo mirarme lejos
desde otro rostro
y como entonces.
Guillermo Isaac paredes Mattos
martes, 24 de abril de 2012
El Ciclo de los Buhos
Siempre creo en la muerte como una especie
de pàjaro escapando de la vida.
Alerta como un niño en otra
conmociòn.
Creo que es un idealismo juntando su gnosis
con la vida,
intentando que la naturaleza
recuerde en un punto de nieve la existencia
sobre todo cuando cae el rocìo
y el invierno es terciopelo
de aquella sabidurìa domada por el mal
por la belleza en las sienes
al recoger la tierra del dìa y la ceniza
la forma del pulso cuando gime,
de las figuras
cuando son paganas,
y llevan cierta idolatrìa porque
la creaciòn empieza cuando nada es cierto.
Esa es cierta lògica y fìsica que
suelen prevenirme
de mis objetos,
tambièn de mis sujetos
de mi gravedad,
todas ellas intentando dar nacimiento a los àrboles,
a la piedra o el carbòn,
escarbando en un mar de carne su diamante.
Sì, cierto universo,
una comparaciòn de hemisferios que no doraràn
sus pies por miedo,
cuando el temor es sòlo un paso,
una caverna enterrada en el cielo
una gruta en el espacio.
Y los ojos dos dioses edificando la mirada
para verlos.
Guillermo Isaac paredes mattos
de pàjaro escapando de la vida.
Alerta como un niño en otra
conmociòn.
Creo que es un idealismo juntando su gnosis
con la vida,
intentando que la naturaleza
recuerde en un punto de nieve la existencia
sobre todo cuando cae el rocìo
y el invierno es terciopelo
de aquella sabidurìa domada por el mal
por la belleza en las sienes
al recoger la tierra del dìa y la ceniza
la forma del pulso cuando gime,
de las figuras
cuando son paganas,
y llevan cierta idolatrìa porque
la creaciòn empieza cuando nada es cierto.
Esa es cierta lògica y fìsica que
suelen prevenirme
de mis objetos,
tambièn de mis sujetos
de mi gravedad,
todas ellas intentando dar nacimiento a los àrboles,
a la piedra o el carbòn,
escarbando en un mar de carne su diamante.
Sì, cierto universo,
una comparaciòn de hemisferios que no doraràn
sus pies por miedo,
cuando el temor es sòlo un paso,
una caverna enterrada en el cielo
una gruta en el espacio.
Y los ojos dos dioses edificando la mirada
para verlos.
Guillermo Isaac paredes mattos
Los Evangelios Verdes
En cada raíz un criminal, un misterio de rojos.
El dios trashumante y el hombre poseido.
Los elementos carnivoros del agua,
los testimonios.
De cara al evangelio un histriónico àngel
busca espacios de mirra clavados por el sueño
en coronas de barro y luces de madera.
El día es sepulcral, despierta ese trono
donde dos mares perseveran dentro del pájaro
y recuerdan que el vuelo sólo
es el ojo del verbo.
Máquinas de espectros y tesoros
el día se hace igual a un purgatorio
sólo que la nada purga condenas
y el dragón es una sien y la mirada indómita
propia de un halo entre verdes demonios.
En cada raíz un terminal, una dinastía de rostros
empujando la corte de inquisidores de arena
succionando biologías entre la existencia y los árboles.
Después un noctambulo
su diurno espejismo,
la espada de un calendario
y el vicio de sus maleficios,
tocando el espíritu de todas
de las cadenas.
Guillermo Isaac Paredes Mattos
El dios trashumante y el hombre poseido.
Los elementos carnivoros del agua,
los testimonios.
De cara al evangelio un histriónico àngel
busca espacios de mirra clavados por el sueño
en coronas de barro y luces de madera.
El día es sepulcral, despierta ese trono
donde dos mares perseveran dentro del pájaro
y recuerdan que el vuelo sólo
es el ojo del verbo.
Máquinas de espectros y tesoros
el día se hace igual a un purgatorio
sólo que la nada purga condenas
y el dragón es una sien y la mirada indómita
propia de un halo entre verdes demonios.
En cada raíz un terminal, una dinastía de rostros
empujando la corte de inquisidores de arena
succionando biologías entre la existencia y los árboles.
Después un noctambulo
su diurno espejismo,
la espada de un calendario
y el vicio de sus maleficios,
tocando el espíritu de todas
de las cadenas.
Guillermo Isaac Paredes Mattos
lunes, 16 de abril de 2012
Imagenes de Espinas
Arrastra el mar su caballo sumergido
en una palabra arrojándose a una copa.
Es un viento de linces como una batalla,
el tiempo de la arena igual a un misterioso
retrato de duendes antiguos y retinas.
Tendría que inventar otra mirada para ellos
una pupila que no forme en la sangre un hilo,
que teja entre la inmensidad sin agujas.
Empero hay manantiales que soplan
vestes de yescas como cualquier imposible,
mi experiencia es azul y penetra en sus colores.
Hace siglos pinté mi lecho y allí me rodeo
desde el arcano ví una escencia y me delato
con liras de barro iniciandose en mis bosques.
Arrastra el agua su corola de planetas
su tez de desencanto y alguna espoleta
dicha en la escollera de brillantes espadas.
Es un río de acero que recoge sus símbolos
una marea de cuartos en cenizas de ancianas
cadencias de la imaginación con el sueño.
Es un barco sin trechos y ludicas carabelas
el birreme de un eco fugaz como un cinico
que abre distancias antes al lado del viento.
La larva que ciñe un camino y la estela
de babosa y de mimbre recorriendo cortezas
donde antes que el amor cantó el deseo.
Guillermo Paredes
en una palabra arrojándose a una copa.
Es un viento de linces como una batalla,
el tiempo de la arena igual a un misterioso
retrato de duendes antiguos y retinas.
Tendría que inventar otra mirada para ellos
una pupila que no forme en la sangre un hilo,
que teja entre la inmensidad sin agujas.
Empero hay manantiales que soplan
vestes de yescas como cualquier imposible,
mi experiencia es azul y penetra en sus colores.
Hace siglos pinté mi lecho y allí me rodeo
desde el arcano ví una escencia y me delato
con liras de barro iniciandose en mis bosques.
Arrastra el agua su corola de planetas
su tez de desencanto y alguna espoleta
dicha en la escollera de brillantes espadas.
Es un río de acero que recoge sus símbolos
una marea de cuartos en cenizas de ancianas
cadencias de la imaginación con el sueño.
Es un barco sin trechos y ludicas carabelas
el birreme de un eco fugaz como un cinico
que abre distancias antes al lado del viento.
La larva que ciñe un camino y la estela
de babosa y de mimbre recorriendo cortezas
donde antes que el amor cantó el deseo.
Guillermo Paredes
Maniobras de Arlequìn
Creo en la noche y es una tierra escondida
amarilla de vientos que viajan al sacrificio
y despuès eligen su aurora trashumante.
Cuartos de libèlulas quebrandose en la nave
de un jardìn que liba el amor y el veneno
de un satiro que ruta la gota y las estrellas.
Deseo de un mar en la reminiscencia
de una hora que es brùjula y no retorno
de un manantial sin aguas llegando al sueño.
Tengo un halo en el confìn de mi centella
un vidrio como el sol en la espuma,
un juglar en la inocencia como el miedo.
Hay soplos que quiebran la pureza
hasta idilios de arena en todas las pisadas
huellas de incendios acariciando la rosa.
Hay navegaciones de esferas en todo suplicio
y estela lo amado un brillo de botellas
de naipes que reciben cisnes de plomo.
Hay busquedas que van de la noche a los ojos
reos nocturnos como el hilo del bronce,
extasiando un puñal en lluvias pasajeras.
Creo en carabelas que hunden dimensiones
ilusiones de un cetro que hurga en la entraña
de un exilio que juega con la luz en la arena.
Creo en la ceniza como un dìa de espuma
hasta caer en pupilas de titanes que mienten
su pasiòn de soledad en cada luna.
Es un corcel ese lugar excita los reinados
de un listòn que cae a travès de los sonidos
como un horizonte en su memoria de vacios.
Guillermo Isaac Paredes Mattos
amarilla de vientos que viajan al sacrificio
y despuès eligen su aurora trashumante.
Cuartos de libèlulas quebrandose en la nave
de un jardìn que liba el amor y el veneno
de un satiro que ruta la gota y las estrellas.
Deseo de un mar en la reminiscencia
de una hora que es brùjula y no retorno
de un manantial sin aguas llegando al sueño.
Tengo un halo en el confìn de mi centella
un vidrio como el sol en la espuma,
un juglar en la inocencia como el miedo.
Hay soplos que quiebran la pureza
hasta idilios de arena en todas las pisadas
huellas de incendios acariciando la rosa.
Hay navegaciones de esferas en todo suplicio
y estela lo amado un brillo de botellas
de naipes que reciben cisnes de plomo.
Hay busquedas que van de la noche a los ojos
reos nocturnos como el hilo del bronce,
extasiando un puñal en lluvias pasajeras.
Creo en carabelas que hunden dimensiones
ilusiones de un cetro que hurga en la entraña
de un exilio que juega con la luz en la arena.
Creo en la ceniza como un dìa de espuma
hasta caer en pupilas de titanes que mienten
su pasiòn de soledad en cada luna.
Es un corcel ese lugar excita los reinados
de un listòn que cae a travès de los sonidos
como un horizonte en su memoria de vacios.
Guillermo Isaac Paredes Mattos
El Velo del Alcohol
En el velo del alcohol donde danza un aneroide
en la pira cegada de un mago cada noche
y el eco taciturno de un soplo que no duerme, que avista
y presagia emboscadas de fuego, mitines de arrecifes
presencias de niveos palpitares junto al orco.
En esa nave dormida para cada pupila
y el sereno festín de la entraña en sus mástiles
insinuando árboles de ruinas y golpes
de pocas civilizaciones para el pensamiento
e infinitas para la mirada, de calles embriagadas
más no por un alma y ese rito de hastío en los barcos
que emprenden retiradas entre sus cenizas,
que miran horizontes entre visiones
y lo que vuelven a tomar es sólo el verbo.
En la hoja cayendo del arbol para cada sentina
y el aullido del viento al descifrar sus olas,
su mar de espacios como granizo que vibra
apuntando ruletas de espiral en los ojos.
Y es la cadencia de un lirio lo que una voz intuye
la silueta descifrandose a sí misma, el hálito
de una percepción a través de mareas,
cuando bate la luna su último reflejo
su canto de ninfa o de gitano olvidado
su urbe en la tierra encontrando otro corazón
en lo profundo, su destino bajo espadas
que elevan pergaminos y romances,
la heroica yesca alejandose entre murallas
después de haber seducido una brújula.
Guillermo Paredes Mattos
en la pira cegada de un mago cada noche
y el eco taciturno de un soplo que no duerme, que avista
y presagia emboscadas de fuego, mitines de arrecifes
presencias de niveos palpitares junto al orco.
En esa nave dormida para cada pupila
y el sereno festín de la entraña en sus mástiles
insinuando árboles de ruinas y golpes
de pocas civilizaciones para el pensamiento
e infinitas para la mirada, de calles embriagadas
más no por un alma y ese rito de hastío en los barcos
que emprenden retiradas entre sus cenizas,
que miran horizontes entre visiones
y lo que vuelven a tomar es sólo el verbo.
En la hoja cayendo del arbol para cada sentina
y el aullido del viento al descifrar sus olas,
su mar de espacios como granizo que vibra
apuntando ruletas de espiral en los ojos.
Y es la cadencia de un lirio lo que una voz intuye
la silueta descifrandose a sí misma, el hálito
de una percepción a través de mareas,
cuando bate la luna su último reflejo
su canto de ninfa o de gitano olvidado
su urbe en la tierra encontrando otro corazón
en lo profundo, su destino bajo espadas
que elevan pergaminos y romances,
la heroica yesca alejandose entre murallas
después de haber seducido una brújula.
Guillermo Paredes Mattos
Menguante de Lunas
Menguante de Luna
1 destinatariosCC: destinatariosTú Más
CCO: destinatariosTú Mostrar detalles DE:luis delrio PARA:batmanoide@yahoo.es Mensaje marcado Martes 6 de enero de 2009 19:11Menguante de la Luna
Si afrodita no se derramara debajo de la luna.
Si apolo no se uniera a la muerte desde metàlicos estambres
llenos de corolas y silos, empeñados en resurecciònes y puñales.
Si desde el amor mercurio no caminara en mi boca, con ese
estilo de la soledad en la lengua, cuando mi grito
despierta en la madrugada otra vida,
una criatura que no responderà pùes la creaciòn
es sagrada cuando arrastra inteligencia al olvido.
La vida es obra dela naturaleza cuando no responde.
Responder es recrear la obra de una piedra
desde el carbòn, a veces desde algun diamante
y entonces el misterio es travesìa de astro
en un lugar profundo, sobre todo profundo,
quebrado por la apariencia de un ciego por la aurora
incendiando las cupulas del miedo en un cuerpo.
Vano el estilo de toda ceremonia, vana la visiòn
caminando del lecho a la mesa, yo hablo de estrellas
que nunca regresan al lenguaje,
yo canto a la definiciòn porque amenaza ese lenguaje
convertido en oraciòn o liturgia por un hombre.
A mì no me engaña el olor de la metafora.
A mì no puede separarme el vidrio del estilo.
La obra no existe, es una trampa de la cultura para detenernos
para que la poesìa piense que todo ha terminado.
Pero uno mira los àrboles.
Y ves como la muerte devasta los pàjaros.
Y vuelves a la esperanza de que todo no ha
terminado.
Guillermo Paredes Mattos
1 destinatariosCC: destinatariosTú Más
CCO: destinatariosTú Mostrar detalles DE:luis delrio PARA:batmanoide@yahoo.es Mensaje marcado Martes 6 de enero de 2009 19:11Menguante de la Luna
Si afrodita no se derramara debajo de la luna.
Si apolo no se uniera a la muerte desde metàlicos estambres
llenos de corolas y silos, empeñados en resurecciònes y puñales.
Si desde el amor mercurio no caminara en mi boca, con ese
estilo de la soledad en la lengua, cuando mi grito
despierta en la madrugada otra vida,
una criatura que no responderà pùes la creaciòn
es sagrada cuando arrastra inteligencia al olvido.
La vida es obra dela naturaleza cuando no responde.
Responder es recrear la obra de una piedra
desde el carbòn, a veces desde algun diamante
y entonces el misterio es travesìa de astro
en un lugar profundo, sobre todo profundo,
quebrado por la apariencia de un ciego por la aurora
incendiando las cupulas del miedo en un cuerpo.
Vano el estilo de toda ceremonia, vana la visiòn
caminando del lecho a la mesa, yo hablo de estrellas
que nunca regresan al lenguaje,
yo canto a la definiciòn porque amenaza ese lenguaje
convertido en oraciòn o liturgia por un hombre.
A mì no me engaña el olor de la metafora.
A mì no puede separarme el vidrio del estilo.
La obra no existe, es una trampa de la cultura para detenernos
para que la poesìa piense que todo ha terminado.
Pero uno mira los àrboles.
Y ves como la muerte devasta los pàjaros.
Y vuelves a la esperanza de que todo no ha
terminado.
Guillermo Paredes Mattos
viernes, 13 de abril de 2012
Contemplaciòn del Amor
Poesía
No he despertado.
Nombro el mal sobre las ruinas
como un hereje de la noche,
mensajero de luna oscuridad donde mi anhelo
irisa treguas y retiradas.
Apenas sé que en ti vibra la nieve
y lloras cerca del amanecer cuando parten los astros,
convirtiendote en imagen que se borra en el viento
y fermenta lugares de seda,
grutas de terciopelo
donde un heroe une al resplandor la aurora,
el frío de un rito donde aprendes a morir
a sorber heridas,
espinas arrastrandose en este dolor
de gestar la sed,
sobre cristales coronados de espuma.
No caminas hacia los manantiales,
pero cuelgas yelmos sobre la orilla
y te suspendes sobre el ciclo que inclina en la ansiedad
sus pétalos,
y muerde ese confín donde orbita el azul
tu anhelo,
esa vida tomada por una amenaza,
por un partir entre la eternidad y el sueño
donde estas dormida.
No he despertado,
el navio que llega en las alas de un cefiro
puede volver a llamarte,
convertir tu destino en otro secreto
inundar pergaminos que regresan con el exilio
en su pecho.
Llamèmosle corazón esta noche.
Guillermo Paredes Mattos
No he despertado.
Nombro el mal sobre las ruinas
como un hereje de la noche,
mensajero de luna oscuridad donde mi anhelo
irisa treguas y retiradas.
Apenas sé que en ti vibra la nieve
y lloras cerca del amanecer cuando parten los astros,
convirtiendote en imagen que se borra en el viento
y fermenta lugares de seda,
grutas de terciopelo
donde un heroe une al resplandor la aurora,
el frío de un rito donde aprendes a morir
a sorber heridas,
espinas arrastrandose en este dolor
de gestar la sed,
sobre cristales coronados de espuma.
No caminas hacia los manantiales,
pero cuelgas yelmos sobre la orilla
y te suspendes sobre el ciclo que inclina en la ansiedad
sus pétalos,
y muerde ese confín donde orbita el azul
tu anhelo,
esa vida tomada por una amenaza,
por un partir entre la eternidad y el sueño
donde estas dormida.
No he despertado,
el navio que llega en las alas de un cefiro
puede volver a llamarte,
convertir tu destino en otro secreto
inundar pergaminos que regresan con el exilio
en su pecho.
Llamèmosle corazón esta noche.
Guillermo Paredes Mattos
Profanaciòn dela Soledad
Partió una aurora el anhelo y le dejé ir,
el deseo alistó sus mástiles, desplegó sus velas
hacia insondables piélagos fraguó ese sueño
que a veces la criatura no le puede dar,
el ansia al verlos ir hacia la noche
se juntó a ellos y olvidó esta vida,
se despidió de mi cuando el tremante,
era conducido a los mortales labios de la oscuridad.
Aquí partía todo lo amado, aquello
que hundí en santuarios de soledad,
lo que guarde para la divinidad o el viento
que me traía voces de lluvia y follaje,
el canto de un dios que desciende en la penumbra
y se hace complice de dos amantes,
el canto del eter entre la hierba
abrigando la verdecida maldición de lo secreto,
ese aliento que ha visto otra luz, otra morada
y ya no puede regresar.
Partió luego el alma y con ella el espíritu,
me dijo adios en una madrugada donde
la armonìa elevaba celestes racimos al cielo,
y entre los celajes un recuerdo profanaba el exhalo
para inundarlo, como en un principio de misterio.
Sólo quedaba el corazón y este vió el pájaro
en el aire y su pirueta en el cielo,
su amor entregó a esas alas
sus palabras fueron... es hora de partir,
tiempo ya te he dado la vida, quiero otro soplo
busco otra mirada, una voluntad que sepa
reinar sobre imperios de ensueño,
una voluntad que convierta la inspiración
en la noche más furiosa y también en la más amada.
Solo me quedé ante la vida y cantamos himnos extraños
dibujé lo que el hemisferio cuando la creación
se inclina ante el desmayo,
y la despierta de entre las sombras
como en una noche de oscuridad iluminada por las estrellas.
Pero la vida tomó el camino de la nada,
y ahora heme aquí, mis demonios partieron
mis dioses no quieren ya regresar,
algo me dice en la ráfaga
que el camino recien ha empezado.
Guillermo Isaac paredes mattos
el deseo alistó sus mástiles, desplegó sus velas
hacia insondables piélagos fraguó ese sueño
que a veces la criatura no le puede dar,
el ansia al verlos ir hacia la noche
se juntó a ellos y olvidó esta vida,
se despidió de mi cuando el tremante,
era conducido a los mortales labios de la oscuridad.
Aquí partía todo lo amado, aquello
que hundí en santuarios de soledad,
lo que guarde para la divinidad o el viento
que me traía voces de lluvia y follaje,
el canto de un dios que desciende en la penumbra
y se hace complice de dos amantes,
el canto del eter entre la hierba
abrigando la verdecida maldición de lo secreto,
ese aliento que ha visto otra luz, otra morada
y ya no puede regresar.
Partió luego el alma y con ella el espíritu,
me dijo adios en una madrugada donde
la armonìa elevaba celestes racimos al cielo,
y entre los celajes un recuerdo profanaba el exhalo
para inundarlo, como en un principio de misterio.
Sólo quedaba el corazón y este vió el pájaro
en el aire y su pirueta en el cielo,
su amor entregó a esas alas
sus palabras fueron... es hora de partir,
tiempo ya te he dado la vida, quiero otro soplo
busco otra mirada, una voluntad que sepa
reinar sobre imperios de ensueño,
una voluntad que convierta la inspiración
en la noche más furiosa y también en la más amada.
Solo me quedé ante la vida y cantamos himnos extraños
dibujé lo que el hemisferio cuando la creación
se inclina ante el desmayo,
y la despierta de entre las sombras
como en una noche de oscuridad iluminada por las estrellas.
Pero la vida tomó el camino de la nada,
y ahora heme aquí, mis demonios partieron
mis dioses no quieren ya regresar,
algo me dice en la ráfaga
que el camino recien ha empezado.
Guillermo Isaac paredes mattos
El Canto del Verdugo
A la estrella que antes de hundirse en la aurora
diviso la ultima criatura de su estirpe
y con ella atravesó la muerte.
Al pájaro que cruzó el atardecer enfrentado a crines
y venganzas,
a cielos que defienden la eternidad,
ese lugar del cual fuimos abandoné
abandonados por lo divino
para alcanzarnos,
para hundirnos como el celeste en lo alto,
cuando los astros disputan su lugar en el infinito,
y quien debe morir
cruza el umbral abriendo
llamaradas de infierno.
Ee ese despertar donde posó el verdugo
una distancia,
la que el viento puso entre nuestras vidas como
una condena.
La vida sólo fue el camino para desterrarla.
Guillermo Paredes Mattos
Guillermo Paredes Mattos
diviso la ultima criatura de su estirpe
y con ella atravesó la muerte.
Al pájaro que cruzó el atardecer enfrentado a crines
y venganzas,
a cielos que defienden la eternidad,
ese lugar del cual fuimos abandoné
abandonados por lo divino
para alcanzarnos,
para hundirnos como el celeste en lo alto,
cuando los astros disputan su lugar en el infinito,
y quien debe morir
cruza el umbral abriendo
llamaradas de infierno.
Ee ese despertar donde posó el verdugo
una distancia,
la que el viento puso entre nuestras vidas como
una condena.
La vida sólo fue el camino para desterrarla.
Guillermo Paredes Mattos
Guillermo Paredes Mattos
martes, 10 de abril de 2012
El Verso de Una Elegìa
Desde este pètalo como ayer te anuncio
guardando inviernos para el evangelio de la arena,
y el brillo de la luz en la savia
desprendiendo cicutas que sòlo el amor ha profanado.
Angeles que marchaban sobre tu cuerpo,
dorados grabaron el navio de una aurora
cuando la sensualidad seducìa el desierto,
cuando la distancia dividìa leyendas
labradas por un labio en el pergamino de tu piel.
Pero no creas que este es un recuerdo
la silueta de una noche gitana,
el amanecer de un ribera que rìe entre la sudestada
y no creas que es para ti este desvelo,
ni siquiera yo sè llevarlo,
si fuera asi jamàs habrìase convertido en un verso,
juntos dormiremos antes del sol,
y tendrà la vida el corazòn de un sepulcro celeste
para nosotros,
oprimidos por la visiòn y el sìmbolo.
Por este huerto que no abre ya su rosa,
y espina distancias para que el dolor respire
como una llamarada antes de la nieve,
o un conjuro que cimbrea en la rada
de un hemisferio conquistado sòlo por los planetas,
por este manantial donde la escarcha dice otor nombre
antes de morir la ola en la playa
y ante ti
sòlo puedo recordarte su sombra.
Elegìa
En tu beso elevó el enigma
la hoja que giraba en el azul
y descendía entre angeles de niebla y escarcha,
pero ya nada desde entonces aguarda en la silueta,
todo renace como el agua entre la hoja
como la tierra iluminada por el pergamino
y esta vida, es ciertoacariciando en el amanecer los abismos
que traen en sus labios los pájaros.
Caravanas de estirpes en el cielo,
nimbos que hoy avanzan en el tremante,
su brillo ha jurado sobre la espuma y en el desierto,
sus rocíos descansan en el instante
que sólo tú penetras,
en el cual desciendes descubriendo que es la
vida del arpegio y no la tuya
quien elegirá la noche,
quien tomara los cuerpos
y los unirá en un lecho.
Dejame ser aquel que desde un sueño
puede alcanzarlos.
Guillermo Paredes Mattos
guardando inviernos para el evangelio de la arena,
y el brillo de la luz en la savia
desprendiendo cicutas que sòlo el amor ha profanado.
Angeles que marchaban sobre tu cuerpo,
dorados grabaron el navio de una aurora
cuando la sensualidad seducìa el desierto,
cuando la distancia dividìa leyendas
labradas por un labio en el pergamino de tu piel.
Pero no creas que este es un recuerdo
la silueta de una noche gitana,
el amanecer de un ribera que rìe entre la sudestada
y no creas que es para ti este desvelo,
ni siquiera yo sè llevarlo,
si fuera asi jamàs habrìase convertido en un verso,
juntos dormiremos antes del sol,
y tendrà la vida el corazòn de un sepulcro celeste
para nosotros,
oprimidos por la visiòn y el sìmbolo.
Por este huerto que no abre ya su rosa,
y espina distancias para que el dolor respire
como una llamarada antes de la nieve,
o un conjuro que cimbrea en la rada
de un hemisferio conquistado sòlo por los planetas,
por este manantial donde la escarcha dice otor nombre
antes de morir la ola en la playa
y ante ti
sòlo puedo recordarte su sombra.
Elegìa
En tu beso elevó el enigma
la hoja que giraba en el azul
y descendía entre angeles de niebla y escarcha,
pero ya nada desde entonces aguarda en la silueta,
todo renace como el agua entre la hoja
como la tierra iluminada por el pergamino
y esta vida, es ciertoacariciando en el amanecer los abismos
que traen en sus labios los pájaros.
Caravanas de estirpes en el cielo,
nimbos que hoy avanzan en el tremante,
su brillo ha jurado sobre la espuma y en el desierto,
sus rocíos descansan en el instante
que sólo tú penetras,
en el cual desciendes descubriendo que es la
vida del arpegio y no la tuya
quien elegirá la noche,
quien tomara los cuerpos
y los unirá en un lecho.
Dejame ser aquel que desde un sueño
puede alcanzarlos.
Guillermo Paredes Mattos
El Resplandor del friaje
El pétalo es el confin por donde trepa la noche,
una orilla de nieve, un epitafio en el cual
el universo termina y nacen como el mar los dioses
rodeados de arena. Circula sobre ese corazón
una silueta, hija del arrebato y de la sombra
aún pervierte, hasta el sueño cada ocaso
y cada renacer entre piélagos y espumas,
entre enjambres de nieve que recitan su soplo
en cada soledad, en el aire raido de un dolor
y en el estigma que trepana entre frentes lo sagrado,
la estirpe sobre la corola disecando un aura,
la metafora perdida en el azul y ese himno
roto y desenfundado por la nada.
Y es como un muecin donde persigo otra tierra
el cefiro de un cuerpo atravesado por un mástil
y el amanecer allì, recordando cadenas
eslabones secandose ante el sol,
y ese ruido de una amápola
en el cetrino respirar de un laberinto,
amarillo entre las hojas cuando llega el verano
y la noche es el vastago que cuenta en los labios
los pájaros sedientos, el espíritu en ellos
eternamente anhelando. Sí, estamos condenados
nada saciara esta sed, nada esta hambre
si he despertado hacia la luz no es por la oscuridad,
si he ido hasta el amor, no es por otra vida
si he soñado un cuerpo, no fue por el simbolo
que había en tus labios. Heme aqui debajo de las brujulas
que acarician el infierno, hasta una savia amainandose
en los brazos de la eternidad, convirtiendo en un juguete
el horizonte.
Guillermo Isaac Paredes Mattos
una orilla de nieve, un epitafio en el cual
el universo termina y nacen como el mar los dioses
rodeados de arena. Circula sobre ese corazón
una silueta, hija del arrebato y de la sombra
aún pervierte, hasta el sueño cada ocaso
y cada renacer entre piélagos y espumas,
entre enjambres de nieve que recitan su soplo
en cada soledad, en el aire raido de un dolor
y en el estigma que trepana entre frentes lo sagrado,
la estirpe sobre la corola disecando un aura,
la metafora perdida en el azul y ese himno
roto y desenfundado por la nada.
Y es como un muecin donde persigo otra tierra
el cefiro de un cuerpo atravesado por un mástil
y el amanecer allì, recordando cadenas
eslabones secandose ante el sol,
y ese ruido de una amápola
en el cetrino respirar de un laberinto,
amarillo entre las hojas cuando llega el verano
y la noche es el vastago que cuenta en los labios
los pájaros sedientos, el espíritu en ellos
eternamente anhelando. Sí, estamos condenados
nada saciara esta sed, nada esta hambre
si he despertado hacia la luz no es por la oscuridad,
si he ido hasta el amor, no es por otra vida
si he soñado un cuerpo, no fue por el simbolo
que había en tus labios. Heme aqui debajo de las brujulas
que acarician el infierno, hasta una savia amainandose
en los brazos de la eternidad, convirtiendo en un juguete
el horizonte.
Guillermo Isaac Paredes Mattos
La Obra de la Aguja
He terminado esta hoja. Finalmente en ella me convertì en
una aguja.
Una aguja es decir que los huesos son la calle de un extraño disparo
complice de encajes de vidrio y tahures
adheridos a vòrtices de sangre
a espectros que de noche huelen sus heridas.
Sòlo de noche las soledad ofrece el perfume
de su herida.
He terminado esta hoja, en realidad no intentè escribir ningun verso
ni quise que el poema colgara su desidia,
su mendrugo de sal, su pierna gangrenada
junto a la pus de un àrbol
con coronas primigenias.
Aqui en este pàramo de sepia
todo se vuelve sucio, oscuro y una sensibildad
que llega del mal
me dice que jamàs fuimos àngeles.
Los angeles caminan cada noche por los suburbios
son animales que maquinan
marginales cavernas para el horror
y el sueño,
para la lucidez y el insomnio.
Tu y yo lo sabemos.
Errantes como Inmortales cadencias que arrastran pesados unifomes
de acero en el corazòn,
estèticas como el mar y el frìo
azulando de noche entre la oscuridad nuestras pisadas.
Guillermo Isaac paredes Mattos.
una aguja.
Una aguja es decir que los huesos son la calle de un extraño disparo
complice de encajes de vidrio y tahures
adheridos a vòrtices de sangre
a espectros que de noche huelen sus heridas.
Sòlo de noche las soledad ofrece el perfume
de su herida.
He terminado esta hoja, en realidad no intentè escribir ningun verso
ni quise que el poema colgara su desidia,
su mendrugo de sal, su pierna gangrenada
junto a la pus de un àrbol
con coronas primigenias.
Aqui en este pàramo de sepia
todo se vuelve sucio, oscuro y una sensibildad
que llega del mal
me dice que jamàs fuimos àngeles.
Los angeles caminan cada noche por los suburbios
son animales que maquinan
marginales cavernas para el horror
y el sueño,
para la lucidez y el insomnio.
Tu y yo lo sabemos.
Errantes como Inmortales cadencias que arrastran pesados unifomes
de acero en el corazòn,
estèticas como el mar y el frìo
azulando de noche entre la oscuridad nuestras pisadas.
Guillermo Isaac paredes Mattos.
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