Inicio del Sueño Para mì, que sè escribir màs allà de las cosas y sobre todo de todas las cosas -cosa que en el fondo no significa lo mismo- me inmporta el punto. Para este ser, individual como el sueño de las hojas cuando en la noche busca su reflejo en los espejos. Y los espejos lo unico que representan es la imagen defomre de una mirada. Pero miro el mar lo miro porque se acerca a la orilla para sacrificar una marea y yo me rìo de esa poètica, la marea es un muerto que encuentro pretextos en la vida. Yo los abandonè hace tiempo. Dentro de la tradiciòn el mar es un ruido. En la mìa cada cosa es una dimensiòn y ello porqu el universo siempre dicta otras cosas. Sus palabras son sentencias de este ser, de este uno que ha cosido su boca, las agujas con las cuales lo hice, no se llaman figuras. Mis figuras son rojas. No porque desciendan de las venas, no porque tengan alguna relacion con la carne. Existen sensibilidades que no han abiero ni su mundo ni su palabra. Allà si el tiempo de las estelas no puede comprenderlo. Para escribir no se necesita comprender ni hablar de nada. Es sòlo oir una musica atroz -como las que oigo- y replegarse mientras la època habla de morgues de infancias muertas en las arenas. Por ello me siento ante ellas. Mi amor por ellas es porque su muerte es el unico corazòn que conozco y existe en la tierra, despuès de eso mi ignorancia es dedicada con amor a mi esquizofrenia. Sì, habràn concluido que hay dioses que no saben que su espìritu vive en la locura. Pero hay un detalle. No lo saben. Y mucho menos reciben la bendiciòn de ella. Y ahora terminemos, esta paradoja, fuì formado por gnosis que al abrir su corazòn desangran criaturas de seda. Yo las devoro. Esta no es inmortalidad mas que de un pajaro casi hermafrodito androgino por cosas de la gravedad. Y yo -mi nombre es guillermo. Camino por aquello que una señal traza en la niebla, semejante en una inquisiciòn. Ojalà alguna noche, aprendàs a quemarte en ella. Finalmente este es mi mundo. Estoy aqui por palabras que la vida ni la muerte no comprende. Y - por se acaso- debo aclarar- que ese no es mi principio.
Guillermo Isaac Paredes Mattos
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