La Rosa del Destino
En viejas coreografìas de siniestros desencantos
encierra un mar ajeno, bolidos y expresiones,
cercanas al amor y sus pàginas de odio.
Allì nacen medallas, arcanas sepulturas
con escaleras de jade y apocalipsis de sed
junto a cometas de jardines y hambres.
Allì el papel, la marca del martirio, trenes
de anunciaciòn y desesperaciòn, casi todo,
la linea sobre el mar, el rito de alguna superficie.
Amarillas las flautas dialògan entre vortices
de extraños diagramas llamados misterios
vistiendo ciegas proclamas de locuras.
Me visto en la carne, asumo allì el rostro
despidiendose de àrboles y juramentos sin rumbo.
Yo -ahora lo memorizo- nunca tuve una promesa.
Nombres de rosas derriten mi casa, el cartel
de una mafia en mi castillo de pronombres,
de mafias que una noche escribieron un pino.
Un ficus sideral, la maestrìa del amor en su huerto
el piso del jazmìn, la botella encerrada de naipes.
Mirà, allà sobre la nada sòlo un maravilloso vacìo.
Dioses de brea edifican la espuma, la sal del poema
los adioses y juicios quebrandose en las leyes
hasta un punto silencioso de largas epistemes.
En viejas coreografìas, nace a la noche sin mascara
la turba anunciando ciudades sin pètalos
y mi puño es quebrado por su mentalidad,
por esa pasiòn de no saberse, de encontrarse
en los muelles como un dique perdido,
esperando nada cada amanecer, toda noche.
Recursos literarios para mì son esquemas
cuadraturas tan largas como el ala de esquelas
quemandose en fenix de magos sudorosos.
Aquì la luz, aquì tambièn el paseo entrañable
de un edipicos alquimistas, llevando a sabiendas
que nada como lo elemental es profundo.
Y profundo ante mì, el hallazgo de esta rosa, llena de
cicatrices y heridas como un universo desangrado
estrellando sus venas a cada momento en mi rostro.
Guillermo Isaac Paredes Mattos.
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