sábado, 29 de octubre de 2011

Angeles

Hay angeles que nos hieren desde luces profundas,
llamaradas que impregnan y suspenden un halo
de bastardas hojas secas.

Son iluminaciones de engaños, rastros inasibles
que fulgen en la arena
con el amor de un navio soñando en los lobos.

Yo tengo un papel para esos seres de seda
para el terciopelo de sus ojos, para sus tañidos de polen
y tengo un sendero de calles que muerden, de presos y ejes
de concilios que no creen que la espuma es una rada
y que el silencio un verbo, una mantis de extravismos,
un cometa abrazando la pira de un cristal
donde sólo el brillo agoniza.

Yo tengo la muerte en un adios de barajas
incendiando mis dedos, alimentado por esas cenizas
viajo constelado dejando las mejillas,
algo como el vidrio ardiente de una escarapela
algo como el fugaz tridende del gorjeo,
ese que vive sólo en el sonido
en ese lugar empujando halos hasta el sueño
igual que el corazón.

Hay ángeles sin rastros ni caballos,
un meridiano de agujas y algo funerario
en el carbón camino del diamante.

Esos ángeles tan posibles como una radiografía
o ese aparejo sin ningun ardid riendo con nosotros
mientras el amor galopa en las tinieblas
convertido en deuteronomio.



Guillermo Isaac paredes mattos

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