Los Cielos Purpuras
De todos los pàjaros, la muerte es el màs extraño,
debe esperar al final de la vida su oportunidad.
De todos los cielos, aquellos purpuras descendieron
en mi corazòn como una nave, ardientes y fugaces,
una manifestaciòn de infamias,
en cada amanecer un velero.
Una noche abri las puertas del infierno, nunca podrè
cerrarlas.
Fuì abrigado por purpuras y demonios. Mostraronme la magia
en los sepulcros de un tallo, en mi infancia
llamada clarvidencia. Yo puedo asumir que fuì un profeta
si ello hubiera servido a mis huesos,
a mis fuselajes, a mis percusiones.
Pero no, anduve de dirigible en dirigible
conocì en cada bicicleta
el musgo que forma la humedad del tiempo.
El papel del espacio en este momento serìa la de
redemir, como elevar nuevamente circulos de acero
para que un dios de carne llamado animal
enseñe a otro sus espinas.
De todos los pàjaros, el ùnico que respira en el aire
es el que no posee pulmones, que dispara cirugìas
y estremecimientos de verbo, lo ruìn
de una musica, la anònima huella
donde el desencanto conviertese en niebla
para ser alimentado por un naipe.
Por ello no fuì un hombre, todo lo que supe
fuè escrito en el cielo. Lo curioso es que tampoco
fuì un dios. Mi vida es sòlo un parentesis
donde el devenir asesina mi lucidez
para encontrarla.
Allì donde la locura y las venas se abren silenciosamente.
Con esa extraña maldiciòn que posee la transparencia
en sus dientes.
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