Hay algo como una representación de colores
en el día de la escena del mal con las hojas
y el ardiente camino de la tiniebla en los iris.
Hay algo que penetra eslabones como ciencias
donde huyen los mástiles de nuestros ojos
divisando fuentes de iris y papiros alados.
Musica de orfebres que tañen entre las olas
lágrimas de arena disecada por la bruma
de esa inocencia de errante niebla en las dunas.
Mandarines de calles que no fueron penetradas
velocismo de un celo que camina a la lluvia
terciopelo de un día gris en los parpados.
Yo conocía estelas donde moría el astro
y aprendía en ciudades de carbón y diamante
mi cita con el agua, mi amor con este celo.
Y era espina en mis dedos y alba de memorias
agolpando noches de barcos en las sienes
montaraces quimeras de pisadas y caballos.
Yo aprendí de los iris y fuí mi movimiento
la espuma de un pergamino en la escollera
el cenit vesperal de todas las campanas.
El antro de una llamarada envuelta, el hado
de una perfomance de ludicos caballos
en la invención de solsticios en las manos.
Y describí fantamas de luna en tu cuerpo
sabanas como el topacio de un tremante insomne
inspirando divinades de ceniza en tu rabia.
La lluvia era de fuego y en tu boca espacios
de fulgores terminaban la obra de la tarde
encumbrada en distancias de ojeras doradas.
Pergaminos que hoy tejen el olvido más aureo
mis complices se tienden en pensamientos de nieve
y algo como tu amor y mi amor vuelve al agua.
Guillermo Paredes Mattos
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