martes, 27 de diciembre de 2011

La Ira del Amor

Tendrá el ala escondida un pasado igual que los minotauros, èsta mañana doràndose en el planeta de los fuegos, donde raudo calibra el pensamiento, mensajes de olvido y ensueño para las hogueras.

Tendrá el cristal el revoloteo de mi enigma disparando sobre multitudes y venganzas, en los hilos donde el sepulcro señala mendrugos de espuma, sobre la supeficie de los mares, aquellos que jamás llegarán a la orilla.

Escribiré en brújulas de señales como el destino o esta música de guitarras, que esconden sólo un secreto, cuando la sangre escribe, está oyendo música.

Divisaré ejercicios de astros más allá de los astros, sabios milicianos, borrachos entre perdiciones y filtros dejados por un oráculo en la memoria, sucederé en un día debajo de los ojos, hacia aquello que ha perdido cristales y desesperado bucea las ciudades de arena, en busca de civilizaciones guardadas por la duna, todo a través de un átomo, de una guarida dentro de mis ojos, de un descender sobre puñales que cortan en el amanecer las galaxias y en la aurora nos muestran su sangre.

Agitaré el corazón dentro de su latido como lo hace la inspiración con el fuego, calzaré de inviernos a esa soledad de inocentes cometas, ensayando ciencias cuando descansa tu cuerpo y en tu piel algo como el deseo se ha rendido al amor, sólo que ningún ser ha de tocarlo.

Percibiré las espinas de tu sensualidad recorrer el misterio que las separa de tus venas, ese misterio que la piel defiende, intuiré el verdugo de una hora amarilla para este silencio, para este brillo disfrazado de metal, para su acero impregando de almanaques y solsticios marchando hacia la guerra.

Tendrá el ala, un presente de homicidas uniendo en el helecho, fragatas y dirigibles que roban presencias, halos de dioses escondidos debajo de la tierra, girando como veletas de ansia una y otra vez...sólo en lo subterraneo.


Guillermo Paredes Mattos

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