Inicio del Sueño Para mì, que sè escribir màs allà de las cosas y sobre todo de todas las cosas -cosa que en el fondo no significa lo mismo- me inmporta el punto. Para este ser, individual como el sueño de las hojas cuando en la noche busca su reflejo en los espejos. Y los espejos lo unico que representan es la imagen defomre de una mirada. Pero miro el mar lo miro porque se acerca a la orilla para sacrificar una marea y yo me rìo de esa poètica, la marea es un muerto que encuentro pretextos en la vida. Yo los abandonè hace tiempo. Dentro de la tradiciòn el mar es un ruido. En la mìa cada cosa es una dimensiòn y ello porqu el universo siempre dicta otras cosas. Sus palabras son sentencias de este ser, de este uno que ha cosido su boca, las agujas con las cuales lo hice, no se llaman figuras. Mis figuras son rojas. No porque desciendan de las venas, no porque tengan alguna relacion con la carne. Existen sensibilidades que no han abiero ni su mundo ni su palabra. Allà si el tiempo de las estelas no puede comprenderlo. Para escribir no se necesita comprender ni hablar de nada. Es sòlo oir una musica atroz -como las que oigo- y replegarse mientras la època habla de morgues de infancias muertas en las arenas. Por ello me siento ante ellas. Mi amor por ellas es porque su muerte es el unico corazòn que conozco y existe en la tierra, despuès de eso mi ignorancia es dedicada con amor a mi esquizofrenia. Sì, habràn concluido que hay dioses que no saben que su espìritu vive en la locura. Pero hay un detalle. No lo saben. Y mucho menos reciben la bendiciòn de ella. Y ahora terminemos, esta paradoja, fuì formado por gnosis que al abrir su corazòn desangran criaturas de seda. Yo las devoro. Esta no es inmortalidad mas que de un pajaro casi hermafrodito androgino por cosas de la gravedad. Y yo -mi nombre es guillermo. Camino por aquello que una señal traza en la niebla, semejante en una inquisiciòn. Ojalà alguna noche, aprendàs a quemarte en ella. Finalmente este es mi mundo. Estoy aqui por palabras que la vida ni la muerte no comprende. Y - por se acaso- debo aclarar- que ese no es mi principio.
Guillermo Isaac Paredes Mattos
sábado, 29 de octubre de 2011
Imagenes del Látigo
Imàgenes del Làtigo
Si en el recuerdo arrastras una sinagoga
negra.
Si las sombras beben efigies de
sus propias sombras.
Cuando la noche es complice de brillo e infamias
a la par de luces desalmadas y purpuras venganzas
llenas de amapolas.
Dentro del mar porque es incoherente
hipnotico y bastardo.
Luciendo lumenes de carne y orfandades estrepitosas.
Si el turno del ensueño
precede a los galeones.
Y ya sòlo oigo maestrìas de sensibilidad
y temperamentos lunàticos.
En hogueras y sobrenombres
donde mediocres estrellas,
alarmadas por la noche
en un fantàstico amanecer
casi piedra, tal vez humor
de hechos calamitosos,
dejan en las calles un sobre
un testamento acuatico.
Si en el color, sì el viento
durante esta ya afirmaciòn o
la conquista de un poema
o un espìritu en èl...
Derrotado.
Guillermo Isaac Paredes Mattos
Si en el recuerdo arrastras una sinagoga
negra.
Si las sombras beben efigies de
sus propias sombras.
Cuando la noche es complice de brillo e infamias
a la par de luces desalmadas y purpuras venganzas
llenas de amapolas.
Dentro del mar porque es incoherente
hipnotico y bastardo.
Luciendo lumenes de carne y orfandades estrepitosas.
Si el turno del ensueño
precede a los galeones.
Y ya sòlo oigo maestrìas de sensibilidad
y temperamentos lunàticos.
En hogueras y sobrenombres
donde mediocres estrellas,
alarmadas por la noche
en un fantàstico amanecer
casi piedra, tal vez humor
de hechos calamitosos,
dejan en las calles un sobre
un testamento acuatico.
Si en el color, sì el viento
durante esta ya afirmaciòn o
la conquista de un poema
o un espìritu en èl...
Derrotado.
Guillermo Isaac Paredes Mattos
Angeles
Hay angeles que nos hieren desde luces profundas,
llamaradas que impregnan y suspenden un halo
de bastardas hojas secas.
Son iluminaciones de engaños, rastros inasibles
que fulgen en la arena
con el amor de un navio soñando en los lobos.
Yo tengo un papel para esos seres de seda
para el terciopelo de sus ojos, para sus tañidos de polen
y tengo un sendero de calles que muerden, de presos y ejes
de concilios que no creen que la espuma es una rada
y que el silencio un verbo, una mantis de extravismos,
un cometa abrazando la pira de un cristal
donde sólo el brillo agoniza.
Yo tengo la muerte en un adios de barajas
incendiando mis dedos, alimentado por esas cenizas
viajo constelado dejando las mejillas,
algo como el vidrio ardiente de una escarapela
algo como el fugaz tridende del gorjeo,
ese que vive sólo en el sonido
en ese lugar empujando halos hasta el sueño
igual que el corazón.
Hay ángeles sin rastros ni caballos,
un meridiano de agujas y algo funerario
en el carbón camino del diamante.
Esos ángeles tan posibles como una radiografía
o ese aparejo sin ningun ardid riendo con nosotros
mientras el amor galopa en las tinieblas
convertido en deuteronomio.
Guillermo Isaac paredes mattos
llamaradas que impregnan y suspenden un halo
de bastardas hojas secas.
Son iluminaciones de engaños, rastros inasibles
que fulgen en la arena
con el amor de un navio soñando en los lobos.
Yo tengo un papel para esos seres de seda
para el terciopelo de sus ojos, para sus tañidos de polen
y tengo un sendero de calles que muerden, de presos y ejes
de concilios que no creen que la espuma es una rada
y que el silencio un verbo, una mantis de extravismos,
un cometa abrazando la pira de un cristal
donde sólo el brillo agoniza.
Yo tengo la muerte en un adios de barajas
incendiando mis dedos, alimentado por esas cenizas
viajo constelado dejando las mejillas,
algo como el vidrio ardiente de una escarapela
algo como el fugaz tridende del gorjeo,
ese que vive sólo en el sonido
en ese lugar empujando halos hasta el sueño
igual que el corazón.
Hay ángeles sin rastros ni caballos,
un meridiano de agujas y algo funerario
en el carbón camino del diamante.
Esos ángeles tan posibles como una radiografía
o ese aparejo sin ningun ardid riendo con nosotros
mientras el amor galopa en las tinieblas
convertido en deuteronomio.
Guillermo Isaac paredes mattos
martes, 25 de octubre de 2011
Jardìn de Fuego
Jardín de Fuego
Creo en los ruidos sobre una espada de agua
respirando los elementos de un insomne pétalo
el que aún recorre la trama de mis dedos.
Respiro en esa ventana sin vidrios ni reflejos
asustado entre fanáticas leyendas
ascendiendo por el barro
con su música de aceite.
Estoy en las paredes de una luna
asumiendo candelabros muy cerca del carbón
pero alejado del diamante.
Me persigno en cada botella
aún sin superficies y recito margenes de aros
donde el péndulo trama la intuición del sueño
colorado como un día de luciernagas
en una boca ciega.
Enumero la ceniza de mis uñas
el papel sagrado de mis naipes
este contiguo inhalar mientras mis ojos
de la mirada se separan.
Recorro en mis pasos y aunque debiera caminar
los recorro,
y es paralelo, la estela vuelve a su pasado
el grito va enmudeciendo las campanas
el planeta de un átomo vencido y disecado
en una máscara de lluvia
en un atrio de ciudades entregadas por un hilo
que un oso navega en cicutas de albumina.
Creo en este momento como un verbo muy
lejos de si mismo
ausente en el respiro de mi mano
o el seco làtido de osamentas
preguntando por un epiteleo
por conocimientos
de murcièlagos.
Por ello cuadrados y confines
son los tremantes.
Vòrtices y temerarias esperas
dentro de la arena
noticias de que hoy el universo empieza.
Destruyendo este jardìn
de fuego.
Guillermo Isaac paredes mattos
Creo en los ruidos sobre una espada de agua
respirando los elementos de un insomne pétalo
el que aún recorre la trama de mis dedos.
Respiro en esa ventana sin vidrios ni reflejos
asustado entre fanáticas leyendas
ascendiendo por el barro
con su música de aceite.
Estoy en las paredes de una luna
asumiendo candelabros muy cerca del carbón
pero alejado del diamante.
Me persigno en cada botella
aún sin superficies y recito margenes de aros
donde el péndulo trama la intuición del sueño
colorado como un día de luciernagas
en una boca ciega.
Enumero la ceniza de mis uñas
el papel sagrado de mis naipes
este contiguo inhalar mientras mis ojos
de la mirada se separan.
Recorro en mis pasos y aunque debiera caminar
los recorro,
y es paralelo, la estela vuelve a su pasado
el grito va enmudeciendo las campanas
el planeta de un átomo vencido y disecado
en una máscara de lluvia
en un atrio de ciudades entregadas por un hilo
que un oso navega en cicutas de albumina.
Creo en este momento como un verbo muy
lejos de si mismo
ausente en el respiro de mi mano
o el seco làtido de osamentas
preguntando por un epiteleo
por conocimientos
de murcièlagos.
Por ello cuadrados y confines
son los tremantes.
Vòrtices y temerarias esperas
dentro de la arena
noticias de que hoy el universo empieza.
Destruyendo este jardìn
de fuego.
Guillermo Isaac paredes mattos
sábado, 22 de octubre de 2011
Trascendencia en Azul II
Algo como la belleza derrotada por sì misma
en un dìa mistico.
Elaborada por ciertas estaciones donde la espuma
describe las hojas de un mundo que inscribiò
en los àrboles
la leyenda de la naturaleza.
Quìmicas de agua y elementos de sueño.
Vortices de algebraicas pasiones
y es que el sentimiento despuès de los astros
es tambièn numerado.
Y entonces pródigo...
el peligro de tocar una linea -nace- con luces divinas,
y hay quienes dicen entre figuras
que la belleza es madre milenaria de ellas,
pero la figura es tambièn un lenguaje secreto
un verbar de telefònos
cuadrados entre torbellinos,
entre postraciones de piras
donde vì un pedaso de sol,
girar al estertor de una ciudad sumergida
asi las prefiero,
asi deslizan en la noche
luciernagas de vidrio,
estuarios de velas y mercurios
mi espiritu bebe de la noche amor
de sus antorchas errantes,
de ese desierto inesperado
y al decir desierto,
medito en la calle donde mis ojos se levantan
al cielo,
pues entre evidencias vivimos
una de ellas
por definiciòn nos dice
que los ojos al buscar en los aires
no son sepultados por los hombres ni el cemento.
Pero mi lenguaje es de bosques
y me pertenece cuando la caida es de halos
comandados por la lluvia,
y si comprendes que no es necesario partir
entonces este momento habra dibujado su humedad
en el universo.
Criaturas de sed
manchas psicologicas en la ventana de un ruido
allì entre el sonido el vuelo recrea
la examinaciòn y el mensaje,
de un testamento que giro como un circulo
sin contemplar la vida.
Y si lees tanto en mì
encontraràs que ese contemplar llega disfrazado
de llamarada y providencia
de divinidad y magos.
De tantas pero de tantas cosas.
Todas se posan en el amanecer en mi mesa.
Todas
son iluminadas por mis candelabros.
Y finalmente devoradas por los lobos.
Guillermo Isaac paredes mattos
en un dìa mistico.
Elaborada por ciertas estaciones donde la espuma
describe las hojas de un mundo que inscribiò
en los àrboles
la leyenda de la naturaleza.
Quìmicas de agua y elementos de sueño.
Vortices de algebraicas pasiones
y es que el sentimiento despuès de los astros
es tambièn numerado.
Y entonces pródigo...
el peligro de tocar una linea -nace- con luces divinas,
y hay quienes dicen entre figuras
que la belleza es madre milenaria de ellas,
pero la figura es tambièn un lenguaje secreto
un verbar de telefònos
cuadrados entre torbellinos,
entre postraciones de piras
donde vì un pedaso de sol,
girar al estertor de una ciudad sumergida
asi las prefiero,
asi deslizan en la noche
luciernagas de vidrio,
estuarios de velas y mercurios
mi espiritu bebe de la noche amor
de sus antorchas errantes,
de ese desierto inesperado
y al decir desierto,
medito en la calle donde mis ojos se levantan
al cielo,
pues entre evidencias vivimos
una de ellas
por definiciòn nos dice
que los ojos al buscar en los aires
no son sepultados por los hombres ni el cemento.
Pero mi lenguaje es de bosques
y me pertenece cuando la caida es de halos
comandados por la lluvia,
y si comprendes que no es necesario partir
entonces este momento habra dibujado su humedad
en el universo.
Criaturas de sed
manchas psicologicas en la ventana de un ruido
allì entre el sonido el vuelo recrea
la examinaciòn y el mensaje,
de un testamento que giro como un circulo
sin contemplar la vida.
Y si lees tanto en mì
encontraràs que ese contemplar llega disfrazado
de llamarada y providencia
de divinidad y magos.
De tantas pero de tantas cosas.
Todas se posan en el amanecer en mi mesa.
Todas
son iluminadas por mis candelabros.
Y finalmente devoradas por los lobos.
Guillermo Isaac paredes mattos
Los Nudos de la Reminiscencia
No es la iniciaciòn lo que hace parto de una avenida
ni la representanciòn donde todo universo- el personal-
se adhiere a frases como la sentencia o los vinilos,
aquì estamos dejando otra incognita.
Digamos que es implicito, como la angustia y lo
tàcito.
Tampoco la sepia de un niño horizontal
cuya oraciòn de aurora se conforma en los grados
de enfermedades continuas. Una libera el devenir
del instinto. La otra, llena de ferias
el sitio culpable de una orden
donde se acumula el aceite por dictado
de la lluvia.
Y ya que hablo de leyes, en alguna recogo los
eventos de pureza, los dañinos
los que elevan marejadas pues existen tridentes,
como un lenguaje que va màs allà de si mismo
buscando desasirse en sus limites.
Lo siento lenguaje, no eres mas ser que aquel que escribe.
Que no sabe porque escribe, pero da a ese don el
talento de algun trance espantoso,
lleno de espinas para beber con ellas
la profunda tuberculosis del destino.
No es la iniciaciòn, aquì hay otra soledad
donde la reliquia vuelve a crear
expresiones de niebla, reminiscencias
como aquellas desnudando el exhalo
de un edificio, de un racimo avanzando solo
entre tò y el canto aproximado
a la articulacion invisible,
esa que une la ola con la orilla.
Allì donde todo nos muestra su estallido.
Luego de eso puedes volver tu mirada
hacia abajo.
No encontrarás una sola célula
en la arena que resista a la religión
de esa subjetividad.
Y lo más extraño es que cuando
lo hayas dejado
atrás.
La reminiscencia volverá a crear
nudos con ello.
Guillermo Paredes Mattos
ni la representanciòn donde todo universo- el personal-
se adhiere a frases como la sentencia o los vinilos,
aquì estamos dejando otra incognita.
Digamos que es implicito, como la angustia y lo
tàcito.
Tampoco la sepia de un niño horizontal
cuya oraciòn de aurora se conforma en los grados
de enfermedades continuas. Una libera el devenir
del instinto. La otra, llena de ferias
el sitio culpable de una orden
donde se acumula el aceite por dictado
de la lluvia.
Y ya que hablo de leyes, en alguna recogo los
eventos de pureza, los dañinos
los que elevan marejadas pues existen tridentes,
como un lenguaje que va màs allà de si mismo
buscando desasirse en sus limites.
Lo siento lenguaje, no eres mas ser que aquel que escribe.
Que no sabe porque escribe, pero da a ese don el
talento de algun trance espantoso,
lleno de espinas para beber con ellas
la profunda tuberculosis del destino.
No es la iniciaciòn, aquì hay otra soledad
donde la reliquia vuelve a crear
expresiones de niebla, reminiscencias
como aquellas desnudando el exhalo
de un edificio, de un racimo avanzando solo
entre tò y el canto aproximado
a la articulacion invisible,
esa que une la ola con la orilla.
Allì donde todo nos muestra su estallido.
Luego de eso puedes volver tu mirada
hacia abajo.
No encontrarás una sola célula
en la arena que resista a la religión
de esa subjetividad.
Y lo más extraño es que cuando
lo hayas dejado
atrás.
La reminiscencia volverá a crear
nudos con ello.
Guillermo Paredes Mattos
Ciudad Roja
Ciudad Roja
A ti destino, una y otra vez a ti.
Aunque haya una calle para la caida del mar, quedará un sepulcro para morder ese momento con los dedos.
Y de cada estigma volveré a beber, con la ironía de un más en el discurso inasible, el que no puede tocarse. Y es que sin ser alados los cometas caen por el universo sin ningún destino y yo convoco a los ojos antes de que ello suceda.
Temo al mar, tengo miedo de esta luz ahora que no puede iluminarme, lo diré con la diestra para que lo sepa mi zurda, mis entrañas se iluminan en el eter.
Y el eter conjura malabarismos de barro, su diálogo es azul como el horizonte de una mano esculpiendo en la araña, porque ella no sólo teje telas. Ay, esos vándalos que apenas pueden rozar la nieve, pero jamás involucrarse en ella. Esos pájaros que tienen miedo del aire porque en él maestría de otra dimensión es sostenerse.
Aunque hayan colores que escriban del metal mi diálogo será siempre una fortuna, el mito de horóscopos en el médano y la escollera del hilo disparando carceles, lunas de metal, un elixir de fuego en mi lecho, ese que puede concebirme sin que la inspiración lo sepa.
Y de cada reliquia tomaré el invierno de la copla, el aceite del viento sobre la cascara del petróleo y ese sonido inconexo en los parpados de un río, donde aún me miran los espejos del sueño.
Por más que un tridente lleve el temple de los bosques y en mi cuello no haga sino la única palabra para la garganta esa que rebota eternamente entre paredes de carne, la verdadera, aquella que no puede decir jamás mi nombre ni el de nadie.
Aunque resista, estaré quieto en el agua para que el devenir sea un roce, mi calabozo es de cera, sólo mi sangre puede derretirlo.
Pasión tu que urdes pasajes como las tinieblas, dime como hace la sombra para conquistar este albur, para tomar mis zapatos y creer que son suyas mis caminatas, hasta ese adagio sin más ni espuma, donde el sol es el candelabro de todas mis historias.
Pero duermo en el árbol de una presencia derramandose entre los árboles, mis noches son en realidad mis días y mis oidos son templos donde leales vigilantes no dejar pasar otros sonidos.
Ambar de montes que se arrastran de la noche a la marea, si hay un equinoccio está hecho en este instante de papeles y el mundo puede terminarse, tomar el signo de la extinción para empezar turbado, en la conmoción de un tren cuando ve llegar un hilo, insomne porque huyo de la linea.
Pero para ti y para mi eso no tiene importancia.
Yo te seguiré voluntad, a cualquier destino.
Guillermo Isaac Paredes Mattos
A ti destino, una y otra vez a ti.
Aunque haya una calle para la caida del mar, quedará un sepulcro para morder ese momento con los dedos.
Y de cada estigma volveré a beber, con la ironía de un más en el discurso inasible, el que no puede tocarse. Y es que sin ser alados los cometas caen por el universo sin ningún destino y yo convoco a los ojos antes de que ello suceda.
Temo al mar, tengo miedo de esta luz ahora que no puede iluminarme, lo diré con la diestra para que lo sepa mi zurda, mis entrañas se iluminan en el eter.
Y el eter conjura malabarismos de barro, su diálogo es azul como el horizonte de una mano esculpiendo en la araña, porque ella no sólo teje telas. Ay, esos vándalos que apenas pueden rozar la nieve, pero jamás involucrarse en ella. Esos pájaros que tienen miedo del aire porque en él maestría de otra dimensión es sostenerse.
Aunque hayan colores que escriban del metal mi diálogo será siempre una fortuna, el mito de horóscopos en el médano y la escollera del hilo disparando carceles, lunas de metal, un elixir de fuego en mi lecho, ese que puede concebirme sin que la inspiración lo sepa.
Y de cada reliquia tomaré el invierno de la copla, el aceite del viento sobre la cascara del petróleo y ese sonido inconexo en los parpados de un río, donde aún me miran los espejos del sueño.
Por más que un tridente lleve el temple de los bosques y en mi cuello no haga sino la única palabra para la garganta esa que rebota eternamente entre paredes de carne, la verdadera, aquella que no puede decir jamás mi nombre ni el de nadie.
Aunque resista, estaré quieto en el agua para que el devenir sea un roce, mi calabozo es de cera, sólo mi sangre puede derretirlo.
Pasión tu que urdes pasajes como las tinieblas, dime como hace la sombra para conquistar este albur, para tomar mis zapatos y creer que son suyas mis caminatas, hasta ese adagio sin más ni espuma, donde el sol es el candelabro de todas mis historias.
Pero duermo en el árbol de una presencia derramandose entre los árboles, mis noches son en realidad mis días y mis oidos son templos donde leales vigilantes no dejar pasar otros sonidos.
Ambar de montes que se arrastran de la noche a la marea, si hay un equinoccio está hecho en este instante de papeles y el mundo puede terminarse, tomar el signo de la extinción para empezar turbado, en la conmoción de un tren cuando ve llegar un hilo, insomne porque huyo de la linea.
Pero para ti y para mi eso no tiene importancia.
Yo te seguiré voluntad, a cualquier destino.
Guillermo Isaac Paredes Mattos
jueves, 20 de octubre de 2011
Los Cielos Purpuras
Los Cielos Purpuras
De todos los pàjaros, la muerte es el màs extraño,
debe esperar al final de la vida su oportunidad.
De todos los cielos, aquellos purpuras descendieron
en mi corazòn como una nave, ardientes y fugaces,
una manifestaciòn de infamias,
en cada amanecer un velero.
Una noche abri las puertas del infierno, nunca podrè
cerrarlas.
Fuì abrigado por purpuras y demonios. Mostraronme la magia
en los sepulcros de un tallo, en mi infancia
llamada clarvidencia. Yo puedo asumir que fuì un profeta
si ello hubiera servido a mis huesos,
a mis fuselajes, a mis percusiones.
Pero no, anduve de dirigible en dirigible
conocì en cada bicicleta
el musgo que forma la humedad del tiempo.
El papel del espacio en este momento serìa la de
redemir, como elevar nuevamente circulos de acero
para que un dios de carne llamado animal
enseñe a otro sus espinas.
De todos los pàjaros, el ùnico que respira en el aire
es el que no posee pulmones, que dispara cirugìas
y estremecimientos de verbo, lo ruìn
de una musica, la anònima huella
donde el desencanto conviertese en niebla
para ser alimentado por un naipe.
Por ello no fuì un hombre, todo lo que supe
fuè escrito en el cielo. Lo curioso es que tampoco
fuì un dios. Mi vida es sòlo un parentesis
donde el devenir asesina mi lucidez
para encontrarla.
Allì donde la locura y las venas se abren silenciosamente.
Con esa extraña maldiciòn que posee la transparencia
en sus dientes.
De todos los pàjaros, la muerte es el màs extraño,
debe esperar al final de la vida su oportunidad.
De todos los cielos, aquellos purpuras descendieron
en mi corazòn como una nave, ardientes y fugaces,
una manifestaciòn de infamias,
en cada amanecer un velero.
Una noche abri las puertas del infierno, nunca podrè
cerrarlas.
Fuì abrigado por purpuras y demonios. Mostraronme la magia
en los sepulcros de un tallo, en mi infancia
llamada clarvidencia. Yo puedo asumir que fuì un profeta
si ello hubiera servido a mis huesos,
a mis fuselajes, a mis percusiones.
Pero no, anduve de dirigible en dirigible
conocì en cada bicicleta
el musgo que forma la humedad del tiempo.
El papel del espacio en este momento serìa la de
redemir, como elevar nuevamente circulos de acero
para que un dios de carne llamado animal
enseñe a otro sus espinas.
De todos los pàjaros, el ùnico que respira en el aire
es el que no posee pulmones, que dispara cirugìas
y estremecimientos de verbo, lo ruìn
de una musica, la anònima huella
donde el desencanto conviertese en niebla
para ser alimentado por un naipe.
Por ello no fuì un hombre, todo lo que supe
fuè escrito en el cielo. Lo curioso es que tampoco
fuì un dios. Mi vida es sòlo un parentesis
donde el devenir asesina mi lucidez
para encontrarla.
Allì donde la locura y las venas se abren silenciosamente.
Con esa extraña maldiciòn que posee la transparencia
en sus dientes.
El Fuego de la Tradiciòn
El Fuego de la tradiciòn
La vida es un lugar perdido en la inocencia.
Una inspiraciòn a medias.
Se culturiza en nociones de yugular y entrañas,
donde suele vibrar una màntica,
con esa mùsica que la soledad diluye en una vena,
recordandome que antes del poema
hay un destino.
No posee inteligencia, recorre aposentos
como lo hàce la locura y la locura no es irracional
es un evento lùcido como la aurora,
despuès de haber abandonado la noche,
eso lo imitò de los hombres.
La vida es una exposiciòn cerebral.
El desafìo de la mente ante la ceremonia
de una neurona en ella, una nebulosa canta allì
su visiòn del rocìo.
Es este viento de agallas irreconocibles.
El paseo en la orilla antes que la demencia del oceano
llegue a nuestras manos.
Es nuestra maldiciòn, sòlo el alma
puede conducirla hacia la tradiciòn
del fuego.
Y entonces contemplamos sus cenizas.
Guillermo Isaac paredes mattos
La vida es un lugar perdido en la inocencia.
Una inspiraciòn a medias.
Se culturiza en nociones de yugular y entrañas,
donde suele vibrar una màntica,
con esa mùsica que la soledad diluye en una vena,
recordandome que antes del poema
hay un destino.
No posee inteligencia, recorre aposentos
como lo hàce la locura y la locura no es irracional
es un evento lùcido como la aurora,
despuès de haber abandonado la noche,
eso lo imitò de los hombres.
La vida es una exposiciòn cerebral.
El desafìo de la mente ante la ceremonia
de una neurona en ella, una nebulosa canta allì
su visiòn del rocìo.
Es este viento de agallas irreconocibles.
El paseo en la orilla antes que la demencia del oceano
llegue a nuestras manos.
Es nuestra maldiciòn, sòlo el alma
puede conducirla hacia la tradiciòn
del fuego.
Y entonces contemplamos sus cenizas.
Guillermo Isaac paredes mattos
Estrella de una Lìnea
La Estrella de una Lìnea
Nunca recogì una estrella de la arena.
Dejè que murieran en su espìritu.
Allì en esos estuarios, lo ùnico que aguarda
a mi corazòn son cementerios amarillos.
Una podredumbre esotèrica para
dejar el lado nictalope
encallado en una trama a lo lejos.
Donde los cristales son llamados a convertirse
en agujas, ese es su mundo.
Y la existencia prueba la existencia del ser
con una muestra llamada hombre.
Antiguas vivencias que la realidad escribe
en estrenos de poses y violencias,
en naves descartando la profundidad
que dobla lo siniestro.
Jamàs acariciè un resplandor,
todo lo dejè a mis ojos
todo lo encerrè en mi alma
y èsta durmiò en los nombres lentamente
abriò la paciencia
dibujo las sectas de los mares.
Allì donde escribì un poema, habìa otro
que detràs esperaba su sonido
ese lamento propio sin persecuciones
amenazando las heridas
que el viento inhala de los polos
y en esos viajes cardinales
amè por ùltima vez
la lìnea poseìa en una estrella
como una criatura
agonizando y renaciendo
en un artificio,
el palido anfitriòn
con la cual llega al fìn esta
noche.
Guillermo paredes mattos
Nunca recogì una estrella de la arena.
Dejè que murieran en su espìritu.
Allì en esos estuarios, lo ùnico que aguarda
a mi corazòn son cementerios amarillos.
Una podredumbre esotèrica para
dejar el lado nictalope
encallado en una trama a lo lejos.
Donde los cristales son llamados a convertirse
en agujas, ese es su mundo.
Y la existencia prueba la existencia del ser
con una muestra llamada hombre.
Antiguas vivencias que la realidad escribe
en estrenos de poses y violencias,
en naves descartando la profundidad
que dobla lo siniestro.
Jamàs acariciè un resplandor,
todo lo dejè a mis ojos
todo lo encerrè en mi alma
y èsta durmiò en los nombres lentamente
abriò la paciencia
dibujo las sectas de los mares.
Allì donde escribì un poema, habìa otro
que detràs esperaba su sonido
ese lamento propio sin persecuciones
amenazando las heridas
que el viento inhala de los polos
y en esos viajes cardinales
amè por ùltima vez
la lìnea poseìa en una estrella
como una criatura
agonizando y renaciendo
en un artificio,
el palido anfitriòn
con la cual llega al fìn esta
noche.
Guillermo paredes mattos
La Criatura del Vellocino II
La Criatura del Vellocino II
Antes de todo interrogemos griales
porque existen manantiales allì
que jamàs suponen respuestas.
Y ese canto hiberbolico, deberìa memorizar
todo silencio, sobre todo en las pàginas donde
recuerdos del destino guardan
el trance de su miseria.
Poque no hay silencio que no sea
derrotado por el sonido.
Antes de todo que la expediciòn
a un grial sea bàsicamente neològismo
astucia del que pìensa en medio
de la abstracciòn o las manos de un hombre,
esas manos cortadas
tranquilamente por los pedazos
de un pàjaro.
Son los pedazos de un pàjaro
quienes esta noche somatizan el cielo
y ese hemisferio que contuvo a los muelles
no es màs hemisferio por llevar horoscopos de
nieve en su interior.
Recordemos que este poema siempre
serà roto por lo objetivo,
que el idealismo que mece la diplomacia
de este otoño
serà siempre inconcluso.
Y que mis jardines y patios
no son màs jardines ni patios por desconocer
mi trastocar, mi liebre que a veces
es desasimiento.
Este emprender en la boca esa superficie
de algo pagano o mortal
de algo con fundamentos de granizo
o el eter, el eter que no inspira
màs que libros
o continuidades doradas.
Y ello porque el vellocino sigue vibrando en el
universo y lo hace acompañado
del mercurio.
Guillermo Paredes Mattos
Antes de todo interrogemos griales
porque existen manantiales allì
que jamàs suponen respuestas.
Y ese canto hiberbolico, deberìa memorizar
todo silencio, sobre todo en las pàginas donde
recuerdos del destino guardan
el trance de su miseria.
Poque no hay silencio que no sea
derrotado por el sonido.
Antes de todo que la expediciòn
a un grial sea bàsicamente neològismo
astucia del que pìensa en medio
de la abstracciòn o las manos de un hombre,
esas manos cortadas
tranquilamente por los pedazos
de un pàjaro.
Son los pedazos de un pàjaro
quienes esta noche somatizan el cielo
y ese hemisferio que contuvo a los muelles
no es màs hemisferio por llevar horoscopos de
nieve en su interior.
Recordemos que este poema siempre
serà roto por lo objetivo,
que el idealismo que mece la diplomacia
de este otoño
serà siempre inconcluso.
Y que mis jardines y patios
no son màs jardines ni patios por desconocer
mi trastocar, mi liebre que a veces
es desasimiento.
Este emprender en la boca esa superficie
de algo pagano o mortal
de algo con fundamentos de granizo
o el eter, el eter que no inspira
màs que libros
o continuidades doradas.
Y ello porque el vellocino sigue vibrando en el
universo y lo hace acompañado
del mercurio.
Guillermo Paredes Mattos
La Belleza del Mal II
La Belleza del Mal
Se potente como la brùjula del rocío.
Inunda y presagia sin que el amor lo sienta.
Envuelve cada expresión sin que la sensualidad
sea armonía, equilibrio de elementos
que descienden cada noche
como un parapeto donde son izadas carnivoras
exploraciones de vinilo.
Da voluntad a cada muerte de la tierra.
Que el universo sea barrido por sí mismo
y la naturaleza, capaz en triturarse en tu espìritu
y tú en el de ella.
Grita y despierta al monólogo que hay en la locura
es el unico que por irracional dirá la verdad
de una noche.
Yo que solo puedo vivir la tempestad puedo decirlo
esa es mi verdad, una pequeña muerte
sumergida por la aurora
masticada por los ríos
ensortijada por papeles y aguas
mientras la creación presiona algo lejano
una plaga distante
una mafia
entre la vida y la muerte.
Escucha al mundo hablar de ello, pero al hacerlo alejate.
Pon distancia entre tù y todas las cosas que oyes
o percibes.
Y finalmente
Se màs artista aùn para que esa distancia no deje
de involucrate en su realidad, es decir
esa belleza - una de tantas- que el mal
ha dejado en nosotros.
Llamemosle esta noche por antonomasia
existencia.
Guillermo Isaac Paredes Mattos.
Se potente como la brùjula del rocío.
Inunda y presagia sin que el amor lo sienta.
Envuelve cada expresión sin que la sensualidad
sea armonía, equilibrio de elementos
que descienden cada noche
como un parapeto donde son izadas carnivoras
exploraciones de vinilo.
Da voluntad a cada muerte de la tierra.
Que el universo sea barrido por sí mismo
y la naturaleza, capaz en triturarse en tu espìritu
y tú en el de ella.
Grita y despierta al monólogo que hay en la locura
es el unico que por irracional dirá la verdad
de una noche.
Yo que solo puedo vivir la tempestad puedo decirlo
esa es mi verdad, una pequeña muerte
sumergida por la aurora
masticada por los ríos
ensortijada por papeles y aguas
mientras la creación presiona algo lejano
una plaga distante
una mafia
entre la vida y la muerte.
Escucha al mundo hablar de ello, pero al hacerlo alejate.
Pon distancia entre tù y todas las cosas que oyes
o percibes.
Y finalmente
Se màs artista aùn para que esa distancia no deje
de involucrate en su realidad, es decir
esa belleza - una de tantas- que el mal
ha dejado en nosotros.
Llamemosle esta noche por antonomasia
existencia.
Guillermo Isaac Paredes Mattos.
Categorias del Sueño
Categorìa del Sueño
Deberìa ser confrontado.
Empezar delante de la lluvia para saber
si todo lo que llevo, puede mirar el mar y mi espìritu
lo cual tendrìa un sentido.
Un significado.
Escribir sueño por ejemplo
y quedarme ante la idea de su categorìa,
sòlo citarè una de sus demencias
llevarme cuando duermo por
donde su voluntad decide.
Ello es una forma de locura.
Es una figura del destino.
De su lenguaje.
De esas porporciones semanticas y filològicas debajo
de una silaba.
Y una sìlaba es el canto mas desgraciado
que forman dos palabras cuando estàn solas.
Deberìa oir el sonido del bosque
los idiomas sin ninguna parte, es cierto
que ellos caminaron alguna vez ante el todo
pero escribir es un encuentro con la divinidad.
Eso es algo que puede llamarse categorìa
esta noche.
Sè que un pedazo de relàmpagos està llena de maniaticos,
pero tambièn se que dentro de esa percepciòn
si mis simbolos toman distancia
podrè sentarme sobre la hierba
mirar, hasta contemplar la muerte
de un pàjaro.
Quisiera que mi alma muriera
con su canto.
Pero no cada alma debe encontrar
el suyo.
Y construir su manantial
llamado sepulcro
en èl.
Guillermo Isaac Paredes Mattos.
Deberìa ser confrontado.
Empezar delante de la lluvia para saber
si todo lo que llevo, puede mirar el mar y mi espìritu
lo cual tendrìa un sentido.
Un significado.
Escribir sueño por ejemplo
y quedarme ante la idea de su categorìa,
sòlo citarè una de sus demencias
llevarme cuando duermo por
donde su voluntad decide.
Ello es una forma de locura.
Es una figura del destino.
De su lenguaje.
De esas porporciones semanticas y filològicas debajo
de una silaba.
Y una sìlaba es el canto mas desgraciado
que forman dos palabras cuando estàn solas.
Deberìa oir el sonido del bosque
los idiomas sin ninguna parte, es cierto
que ellos caminaron alguna vez ante el todo
pero escribir es un encuentro con la divinidad.
Eso es algo que puede llamarse categorìa
esta noche.
Sè que un pedazo de relàmpagos està llena de maniaticos,
pero tambièn se que dentro de esa percepciòn
si mis simbolos toman distancia
podrè sentarme sobre la hierba
mirar, hasta contemplar la muerte
de un pàjaro.
Quisiera que mi alma muriera
con su canto.
Pero no cada alma debe encontrar
el suyo.
Y construir su manantial
llamado sepulcro
en èl.
Guillermo Isaac Paredes Mattos.
Rosa del destino II
La Rosa del Destino
En viejas coreografìas de siniestros desencantos
encierra un mar ajeno, bolidos y expresiones,
cercanas al amor y sus pàginas de odio.
Allì nacen medallas, arcanas sepulturas
con escaleras de jade y apocalipsis de sed
junto a cometas de jardines y hambres.
Allì el papel, la marca del martirio, trenes
de anunciaciòn y desesperaciòn, casi todo,
la linea sobre el mar, el rito de alguna superficie.
Amarillas las flautas dialògan entre vortices
de extraños diagramas llamados misterios
vistiendo ciegas proclamas de locuras.
Me visto en la carne, asumo allì el rostro
despidiendose de àrboles y juramentos sin rumbo.
Yo -ahora lo memorizo- nunca tuve una promesa.
Nombres de rosas derriten mi casa, el cartel
de una mafia en mi castillo de pronombres,
de mafias que una noche escribieron un pino.
Un ficus sideral, la maestrìa del amor en su huerto
el piso del jazmìn, la botella encerrada de naipes.
Mirà, allà sobre la nada sòlo un maravilloso vacìo.
Dioses de brea edifican la espuma, la sal del poema
los adioses y juicios quebrandose en las leyes
hasta un punto silencioso de largas epistemes.
En viejas coreografìas, nace a la noche sin mascara
la turba anunciando ciudades sin pètalos
y mi puño es quebrado por su mentalidad,
por esa pasiòn de no saberse, de encontrarse
en los muelles como un dique perdido,
esperando nada cada amanecer, toda noche.
Recursos literarios para mì son esquemas
cuadraturas tan largas como el ala de esquelas
quemandose en fenix de magos sudorosos.
Aquì la luz, aquì tambièn el paseo entrañable
de un edipicos alquimistas, llevando a sabiendas
que nada como lo elemental es profundo.
Y profundo ante mì, el hallazgo de esta rosa, llena de
cicatrices y heridas como un universo desangrado
estrellando sus venas a cada momento en mi rostro.
Guillermo Isaac Paredes Mattos.
En viejas coreografìas de siniestros desencantos
encierra un mar ajeno, bolidos y expresiones,
cercanas al amor y sus pàginas de odio.
Allì nacen medallas, arcanas sepulturas
con escaleras de jade y apocalipsis de sed
junto a cometas de jardines y hambres.
Allì el papel, la marca del martirio, trenes
de anunciaciòn y desesperaciòn, casi todo,
la linea sobre el mar, el rito de alguna superficie.
Amarillas las flautas dialògan entre vortices
de extraños diagramas llamados misterios
vistiendo ciegas proclamas de locuras.
Me visto en la carne, asumo allì el rostro
despidiendose de àrboles y juramentos sin rumbo.
Yo -ahora lo memorizo- nunca tuve una promesa.
Nombres de rosas derriten mi casa, el cartel
de una mafia en mi castillo de pronombres,
de mafias que una noche escribieron un pino.
Un ficus sideral, la maestrìa del amor en su huerto
el piso del jazmìn, la botella encerrada de naipes.
Mirà, allà sobre la nada sòlo un maravilloso vacìo.
Dioses de brea edifican la espuma, la sal del poema
los adioses y juicios quebrandose en las leyes
hasta un punto silencioso de largas epistemes.
En viejas coreografìas, nace a la noche sin mascara
la turba anunciando ciudades sin pètalos
y mi puño es quebrado por su mentalidad,
por esa pasiòn de no saberse, de encontrarse
en los muelles como un dique perdido,
esperando nada cada amanecer, toda noche.
Recursos literarios para mì son esquemas
cuadraturas tan largas como el ala de esquelas
quemandose en fenix de magos sudorosos.
Aquì la luz, aquì tambièn el paseo entrañable
de un edipicos alquimistas, llevando a sabiendas
que nada como lo elemental es profundo.
Y profundo ante mì, el hallazgo de esta rosa, llena de
cicatrices y heridas como un universo desangrado
estrellando sus venas a cada momento en mi rostro.
Guillermo Isaac Paredes Mattos.
Muerte de un Juguete
La Muerte Fisica de un Juguete
Existen pàjaros sobre la arena, condenados a mirar
eternamente el cielo.
Esperan que nuestras manos les den la muerte.
Sucede a la par que una vida debajo de la tierra
espera el amanecer para hablar con la primera luz,
cansada ya de lo que escenifican las sombras.
Las sombras sòlo escenifican palabras.
Y en esa existencia de recursos y pubis
hay un vientre donde el carbòn como
el pàjaro tambièn sueña mira el cielo.
Pero esta condena es humana.
Es de aquellos que cansados de la lejanìa
y los objetos, hacen lo màs simple
miran en los sueños del vidrio
como mueren os juguetes,
incluso aquellos que pertenecen
al infinito.
Guillermo isaac paredes mattos
Existen pàjaros sobre la arena, condenados a mirar
eternamente el cielo.
Esperan que nuestras manos les den la muerte.
Sucede a la par que una vida debajo de la tierra
espera el amanecer para hablar con la primera luz,
cansada ya de lo que escenifican las sombras.
Las sombras sòlo escenifican palabras.
Y en esa existencia de recursos y pubis
hay un vientre donde el carbòn como
el pàjaro tambièn sueña mira el cielo.
Pero esta condena es humana.
Es de aquellos que cansados de la lejanìa
y los objetos, hacen lo màs simple
miran en los sueños del vidrio
como mueren os juguetes,
incluso aquellos que pertenecen
al infinito.
Guillermo isaac paredes mattos
La ira y el Fuego
La Ira y el Fuego
"El pensamiento es sólo la reflexión de una figura"
En el inicio los árboles caminaban muy lejos de nosotros.
Y eramos dos árboles.
Los objetos aprendìan a sostenernos
pues esa es su naturaleza.
Los objetos, raramente asimilan cualquier desencanto,
todo inútil espejo.
Y la realidad es uno de los nuestros.
Pero antes de pensar, el pensamiento
logra herirse a si mismo, ardiente y luminoso
como el fondo de una piedra
como el encaje de una estación o el bacín
encaramado en anaqueles de húsares
asilados por el miedo.
En el inicio, era la ira y era mi fuego, la ceniza
se recogía como una esperanza lejana
y vana, todo un remordimiento.
Una venganza incluida por el mar en los papeles.
A veces en ese mi momento más personal todo
es reliquia y debiera dejar de escribir
para ser más poeta,
para embriagarme como la marea y los tridentes,
para ser colonial y llenar
de mercenarios la cima donde bebe mi contusión
un invisible cuerpo.
Y ya que alguna noche pronuncié vellocino, lo hice
por experiencia y casi fenómeno.
Lo hice como un hecho, el más subjetivo de mi vida.
Y sólo soy una inteligencia a base de vacíos.
Algo más, migro e higienico resisto en los baños
menguantes de espermas
condiciones muy largas al buscar su pecho, esa cara
que miro de noche atravesar la luna
es sólo un seno.
El resto de algún pubis, la pus del torno,
el ensimismamiento dado que los giros
e inflexiones llegan de violencias
y sólo violencias,
una, la más superficial
escupe su nombre esta madrugada.
Y entonces nosotros los cuervos somos vetereanos y gnosticos
ànte toda filosofìa.
Guillermo Isaac Mattos
"El pensamiento es sólo la reflexión de una figura"
En el inicio los árboles caminaban muy lejos de nosotros.
Y eramos dos árboles.
Los objetos aprendìan a sostenernos
pues esa es su naturaleza.
Los objetos, raramente asimilan cualquier desencanto,
todo inútil espejo.
Y la realidad es uno de los nuestros.
Pero antes de pensar, el pensamiento
logra herirse a si mismo, ardiente y luminoso
como el fondo de una piedra
como el encaje de una estación o el bacín
encaramado en anaqueles de húsares
asilados por el miedo.
En el inicio, era la ira y era mi fuego, la ceniza
se recogía como una esperanza lejana
y vana, todo un remordimiento.
Una venganza incluida por el mar en los papeles.
A veces en ese mi momento más personal todo
es reliquia y debiera dejar de escribir
para ser más poeta,
para embriagarme como la marea y los tridentes,
para ser colonial y llenar
de mercenarios la cima donde bebe mi contusión
un invisible cuerpo.
Y ya que alguna noche pronuncié vellocino, lo hice
por experiencia y casi fenómeno.
Lo hice como un hecho, el más subjetivo de mi vida.
Y sólo soy una inteligencia a base de vacíos.
Algo más, migro e higienico resisto en los baños
menguantes de espermas
condiciones muy largas al buscar su pecho, esa cara
que miro de noche atravesar la luna
es sólo un seno.
El resto de algún pubis, la pus del torno,
el ensimismamiento dado que los giros
e inflexiones llegan de violencias
y sólo violencias,
una, la más superficial
escupe su nombre esta madrugada.
Y entonces nosotros los cuervos somos vetereanos y gnosticos
ànte toda filosofìa.
Guillermo Isaac Mattos
viernes, 7 de octubre de 2011
Superficies Ideales
El fìn es que la idea no deàmbule
entre los cielos.
Y si lo hace, lo haga plagada
de superficies.
Guillermo Paredes Mattos
entre los cielos.
Y si lo hace, lo haga plagada
de superficies.
Guillermo Paredes Mattos
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