Caminamos en el aro dormido de los árboles
trepanando el instante
o el aura de un conocimiento
con pliegues de relojes
en sus brújulas.
No hay deseo en el diluvio
ni las máscaras se forman como el pecado.
No hay esta mejilla o el parpado
de un solsticio demacrado,
enfermo como una superficie de colores
o las calles provenzales
de un adios sin dientes
lucubrando las fuentes del pápiro
cuando dios no muerde.
Y la vida nos encuentra.
Guille.
No hay comentarios:
Publicar un comentario