Arbol, antes que tù y la imaginaciòn ya habìa precavido que no me seguirìas.
Podemos si quieres hablar de la abstracciòn, del pensamiento y de tus hojas caidas.
Incluso podemos contar las silabas de todas filosofìas, amen de aquellas
que ni siquiera seràn alcanzadas por el hombre.
Pero hay cosas, no te escribo por imaginaciòn o por àrbol,
en el fondo, no sè si te escribo, mi posiciòn aquì no tiene mas significado
que aquel que jamàs corre hacia la poesìa.
Asumamoslo, ante ella siempre vamos en contra.
Y por màs dialectica que juegue en la realidad
tus dimensiones siempre seràn amarillas y no porque ello
sea el fin de tus hojas. Yo, no estoy hablando de ningun otoño.
Es posible que nunca me comprendas y es justo.
Jamàs me comprendì a mì mismo,
eso no tiene ningun nombre, no es poètica pues para
hacer poètica se necesita ser teòrico.
Y sòlo soy alguien que mira por la noche, que no se enriquece con nada,
que mira con sospecha, a veces con desiluciòn, para quien escribe
eso de la llegada a la orilla por los barcos
es una alegorìa, pero nunca lo entendiste,
tomaste la palabra, empero nunca fuiste hasta su sangre,
igual que mi yo.
Arenas de espuma dilatan en mis ojos
el parpado brotado en la iridiscencia,
mercurios de savia, dan al hombre el conocimiento
que usurpa el verbo de un sol
al recorrer sus cabelleras, sean cuales sean..
Ese es el pànico de un portento que atesora reliquias
que se burla misterioso
que se rìe de mi son gnosticismo.
Arbol, sè que cuando me retirè de tu soledad
tu contemplaràs la mìa y no lo siento,
nacì para ver màs alla incluso del allà,
eso es un hecho, un hecho como decir pàjaro o naturaleza
y no nos engañemos, amado mìo.
Nos nos engañemos y sigue cantando entre las sombras
rodeado de grafitis y dinastìas de lobos.
Guillermo Isacc Paredes Mattos.
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