jueves, 10 de enero de 2013

La Rosa del Entresueño






 
La noche se apaga a lo lejos
llena de navíos y de hojas.
Ahora sé que la realidad jamás ha de alcanzarla.
Sin embargo me ciego en sus pañuelos
y veo al viento agitar la única palabra,
que entre la arena y la marea brota.
Tengo miedo al confín, al arbol lleno de patriarcas
al espejo dentro de la nieve,
y a ese bosque donde sólo el misterio
puede hallarse.
No tengo sus alas y si ascendí al cielo
aquello lo hice lejos de mi cuerpo.
En los alados arpegios de mi alma.
Pero ese viaje entre dos no se encuentra
dos viajan hacia el sacrificio cuando,
los oprime el amor
y un solo corazón puede inmolarse,
pero su eternidad se quema entre la nada.
Pido perdón orillas si algun amanecer
dijeron mi nombre y no acudí a la cita.
Pido perdón si dios conjuraba cada noche en su
soledad mi vida.
Ahora sé que jamás he de responder a ese llamado.
Y a ti, tú que desnuda en las piedras
sentiste sólo desde la espuma mi caricia,
mi beso como un laberinto que aprendió
a recojer ansias en lo remoto
cuidades de cristal,
y cementerios de agua.
Todavía cada noche,
me atrevo a beber de ellos.
 
 

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