He de encontrarte
sumergida en la hoja
de un demonio azul,
de una lluvia posando su estepa entre
los árboles
y aquel laberinto donde recuerda un manantial
el ansia.
Recibirte en el vértigo que de ti más allá
es de la vida,
derrumbar las huellas que sólo convertiste
en palacios
y oirte errante,
entre legionarios de nieve
conduciendo cicatrices que aladas
cefiros son de lo que inasible,
encierra en carceles de espuma
otro soplo.
Pero el mar no alcanza jamás el horizonte
y vuelvo a las columnas
de un sudario celeste,
donde la tempestad me cuenta
que me has negado tres veces.
Estelas que desprendense de tu cuello,
colinas que agonizan sin encontrar la
otra orilla,
en ellas se levantan tus pedazos
y se levantan
porque sólo esta herida puede unirlos.
Pero esta noche elevemos una carcajada
blanquecina como el aura
de un pájaro cuando viste el universo con su vuelo,
y a ese dolor grabemosle en la frente de
la tierra.
Guillermo Paredes Mattos
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